Biografias y Vidas
Inicio
Buscador
Índices
Monografías
Reportajes

Tommaso Campanella

(Giovanni Campanella; Stilo, 1568 - París, 1639) Filósofo italiano que defendió en su obra una sensibilidad universal, el conocimiento de uno mismo como principio de toda certeza y una única religión natural, de la que las religiones concretas no son sino meras formas parciales. De sus obras destaca la célebre utopía política La ciudad del Sol (c. 1602), proyecto social que debía guiarse por las leyes naturales y del que quedaban excluidos la propiedad privada y el individualismo.

Campanella tomó el nombre de Tommaso (Tomás) al ingresar en 1573 en los dominicos. En el convento leyó a Erasmo, Ficino y Telesio; defendió las doctrinas antiaristotélicas de Telesio en Philosophia sensibus demonstrata (1591), lo que, junto al interés que mostró por la magia, despertó sospechas. Huyó por ello a Nápoles, ciudad en la que estudió ocultismo y artes mágicas con Giambattista della Porta y escribió, como resultado de sus estudios, Del sentido de las cosas y de la magia (1604).


Tommaso Campanella

Iniciado un proceso de herejía contra él en 1591, se trasladó a Padua, donde conoció a Galileo. Después de varios procesos en que fueron prohibidos todos sus escritos, fue confinado en un convento dominico en Calabria. Durante su reclusión urdió una conjura contra los españoles. Descubierto y capturado, fue llevado a juicio; logró librarse de la pena de muerte fingiendo locura, pero fue condenado a cadena perpetua.

Durante los 27 años que pasó en la cárcel el pensamiento de Campanella experimentó un giro: abandonó el sensismo y su naturalismo religioso sin dogmas, y se entregó, como escribió él mismo, "a la verdadera religión, después de haberse comportado de forma poco cristiana". De las obras escritas en la cárcel destacan La ciudad del Sol, en la que describe una sociedad que vive según las leyes de la naturaleza y que espera, por la revelación, una vida mejor; la Metafísica, una gran enciclopedia en 18 libros; la Teología, en 30 libros; y las dos obras de teología práctica: El ateísmo vencido y Reminiscentur. De la acción política de las naciones católicas tratan La monarquía de España y Antiveneti. Escribió también en defensa de Galileo la Apología de Galileo, en la que enseña que no es la Biblia la que debe esclarecer la física, sino ésta a aquélla, en los pasajes en que sea necesario.

Liberado de la cárcel en 1629, gozó del favor del Papa Urbano VIII, quien lo tomó como consultor en asuntos de astrología y política. Reclamado de nuevo por los españoles por suponer que formaba parte de una nueva conspiración en Nápoles, se vio obligado a huir a Francia en 1634. Allí fue bien acogido por el rey Luis XIII y respetado tanto por los intelectuales como por los nobles. En Francia publicó la Filosofía epilogística, Cuestiones y Sobre la predestinación. Muerto en el convento de San Honorato, sus cenizas fueron dispersadas durante las turbulencias de la Revolución.

La filosofía de Tommaso Campanella

Para Campanella la filosofía es un conocimiento de las ideas divinas, leídas con la luz natural en el libro de la naturaleza. Comienza su Metafísica proponiéndose el estudio del saber, del ser y del actuar. El agnosticismo queda refutado, siguiendo el razonamiento de San Agustín, con la afirmación de la autoconciencia, en la que el propio ser se manifiesta con una evidencia irrefutable. Ésta es una sapientia innata, a la cual se añade, mediante la experiencia, una sapientia addita. La filosofía tiene, pues, la misión de despertar el primitivo conocimiento de sí, demostrando que ni siquiera el sentir sería posible sin un previo sentir de sentir. "Sentire est scire", concluirá. Tal argumento parece anticipar de alguna forma el cogito ergo sum de Descartes.

Según Campanella, todas las cosas están dotadas de sensibilidad; de ahí el principio de su universalismo mágico. Todo ser tiene tres primalidades: potencia, sapiencia y amor. Toda primalidad sigue el principio de que cada ser se refiere a los demás después de referirse a sí mismo. Tiene saber innato de sí, y después del mundo; se ama a sí mismo y después a los otros seres. Pero estas tres primalidades sólo son perfectas en Dios. En el resto de las criaturas a estas primalidades se unen tres primalidades opuestas: impotencia, ignorancia y odio. Por eso el mundo de las criaturas es una mezcla de orden y desorden, de contingencia y de armonía, de finalismo y azar. El cosmos de Campanella, animado por esta intrincada red de correspondencias, afinidades ocultas y oposiciones, que vinculan entre sí a todos los seres, es una totalidad orgánica en la cual se anuncia, por todas partes, la vital presencia de Dios.

Campanella sueña con una gran reforma político-espiritual que recomponga las rupturas del interior del cristianismo y reconstruya el imperio universal de la Iglesia. El instrumento de esta unificación debería haber sido la hegemonía española, o, al decaer ésta, la monarquía francesa. Pero esa unificación debía de ir acompañada de una reforma, por parte de la Iglesia, de los fundamentos de su dogma, corrompido, según él, por el aristotelismo escolástico. La república de Campanella se presenta como "un hallazgo de la filosofía y de la razón humanas para demostrar que la verdad evangélica está de acuerdo con la naturaleza". La idea que Campanella tiene de la política, fundada en una visión ético-religiosa y cósmico-mágica, se opone decididamente a Maquiavelo y a los teóricos de la razón de Estado, manifestando ese singular cruce de lo viejo y de lo nuevo que es un rasgo característico de toda la obra de este pensador.

Campanella esboza algunas ideas que parecen adelantarse a los conceptos de la pedagogía moderna. La educación se basa en dos principios: el primero es el papel de la sabiduría, entendida como parte principal en la perfección general del hombre. Al ser el hombre una participación de la esencia divina, tiende por su naturaleza a imitar la omnisciencia de Dios. El segundo es el carácter experimental en que debe basarse la educación. En efecto: todo el ámbito de la comunidad civil y religiosa, y no sólo una parte de ella, debe ser una perpetua enseñanza para los educandos. Los niños, "jugando y sin fastidio, pueden encontrar figurados en los aspectos de la vida cotidiana todos los órdenes de lo cognoscible".

Campanella cultivó también una amplia producción lírica a lo largo de su vida, especialmente en los años de cárcel. En su conjunto trata de liberar al juicio estético de la sujeción a las reglas establecidas por los aristotélicos. Su formulación de la estética se encuentra en la Poética (obra redactada dos veces). Define la poesía como un "instrumentum magicum, magia vocalis" que favorece la conservación del espíritu. El encanto de la poesía no depende tanto de sus temas cuanto de los modos de transmisión y de recepción de la palabra. La poesía se convierte así, para Campanella, en un medio maravilloso y extraordinario de percepción de la realidad.

La ciudad del Sol

Tommaso Campanella expuso su utopía política en La ciudad del Sol, imagen de una sociedad perfecta organizada en torno a leyes naturales. La república soñada por Campanella estaba regida por un filósofo-mago (el Gran Metafísico) y gobernada por tres magistrados: Pon, Sin y Mor, es decir, potencia, sabiduría y amor, las tres primalidades (esencias necesarias) que el filósofo consideraba, en metafísica, las determinaciones del ser ontológico. Esto significa que la ciudad perfecta debe estar gobernada por las mismas leyes que regulan el universo, de tal modo que se convierta en un verdadero mediocosmos intermedio entre el hombre (microcosmos) y el universo (macrocosmos).

Desde el punto de vista social, la ciudad solar debe ser una comunidad integrada que supere a la familia. En ella, las mujeres están a disposición de todos y es la comunidad, no el individuo, la que decide cuándo y cómo conviene procrear, basándose en criterios eugenéticos (es decir, tendentes al progresivo y continuo mejoramiento biológico de la especie). Campanella retomó estos temas de la República de Platón y de la Utopía de Tomás Moro.

Completamente innovadora es, en cambio, la aproximación de Campanella a los problemas de la educación, que el filósofo quiso exenta de todo lo que fuese libresco o académico. La misma ciudad se convierte en texto: sus muros son ilustrados por los pintores como un manual. "Dentro del primer círculo de piedra se representan todas las figuras matemáticas, más numerosas que las compuestas por Euclides y Arquímedes, con su proposición significante. En la parte de fuera se coloca el mapa de toda la Tierra, y después las tablas de cada provincia con sus ritos, costumbres y leyes. En el segundo círculo están todas las piedras preciosas y no preciosas, los minerales, las hierbas, los árboles", y así sucesivamente. Caminando por las calles con sus padres, los niños, atraídos por esas figuras, preguntarán por su significado: ello dará inicio a un proceso educativo tanto más eficaz cuanto menos académico.

Inicio   Buscador   Índice alfabético   Recomendar sitio   Añadir a favoritos