San Mateo

(Leví o Leví de Alfeo, llamado San Mateo Apóstol o San Mateo Evangelista; Siglo I) Evangelista y uno de los doce apóstoles de Jesucristo. La tradición cristiana le atribuye la autoría del primero de los tres evangelios llamados sinópticos (los de San Mateo, San Marcos y San Lucas).


San Mateo y el ángel (c. 1635), de Guido Reni

Mateo residía en Cafarnaúm, ciudad de una gran importancia comercial por estar situada en la gran ruta recorrida por las caravanas en sus viajes entre Siria y Egipto, y, también, a causa de su proximidad a la frontera que separaba el territorio de Filipo del de Herodes Antipas. Mateo ejercía como recaudador de impuestos en nombre de este último.

De acuerdo con el propio evangelio de San Mateo (9:9) y el de san Marcos (2:14), Mateo se hallaba en su despacho de recaudación de tributos en Cafarnaúm, junto al mar de Galilea, cuando Jesús le dijo: «Sígueme.» San Mateo respondió con admirable prontitud a la exhortación al apostolado del Maestro: se despidió con un suntuoso banquete de sus amigos y de su vida pasada y siguió, pobre, los pasos y la doctrina de Jesús.

Como la ocupación de Mateo, recaudador al servicio de Herodes Antipas, tetrarca de Judea, era mal vista y aun despreciada por el pueblo judío, los fariseos criticaron a Jesús al verlo comer con los publicanos y los pecadores, a lo que Jesús contestó: «... No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (Marcos 2;15-17). Se supone que Jesús le impuso el nombre de Mateo, que significa «don del Señor»; antes de seguirle, Mateo era llamado Leví o Leví de Alfeo, es decir, hijo de Alfeo.

El Nuevo Testamento no aporta más detalles biográficos sobre su persona, si bien la tradición indica que evangelizó Judea y, posteriormente, fue misionero en Etiopía y Persia. Al parecer, vivió largos años en Antioquía, donde escribió su Evangelio, que, por su destacado interés eclesiástico, permite vislumbrar la realidad de una comunidad ferviente y disciplinada, esencialmente judía en cuanto a su origen, pero alentada por un vivo ímpetu misional.

Hay disparidad de criterios acerca de su muerte, y mientras algunas fuentes mencionan que murió martirizado, otras afirman que falleció de muerte natural. Clemente de Alejandría aduce precisamente el ejemplo de San Mateo para demostrar que es posible salvarse sin el martirio. En 1808, la iglesia de la ciudad italiana de Salerno reafirmó que se habían hallado sus restos.

El Evangelio de San Mateo, escrito probablemente hacia el año 80, va dirigido a lectores palestinos o judíos crisitianizados y, por ello, familiarizados con el Antiguo Testamento. También por ello pone especial empeño en demostrar que Jesús es el Mesías anunciado. Desde los primeros tiempos de la Iglesia se concedió gran importancia a su testimonio; no obstante, la crítica moderna rechaza atribuirle, al menos en su totalidad, dicho evangelio. La festividad de San Mateo se celebra el 21 de septiembre.