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Garci Rodríguez de Montalvo

(Siglo XV) Escritor español que debe su fama a Amadís de Gaula, la mejor y más célebre novela de caballerías en lengua castellana. Aunque no fue el creador del inmortal caballero, Garci Rodríguez de Montalvo dio forma definitiva a su historia al elaborar una refundición del texto antiguo de los tres primeros libros del Amadís de Gaula, cuyo tono ligero atenuó imbuyéndole un carácter moral; el cuarto libro, que trata de la monarquía universal, ha de considerarse íntegramente o casi íntegramente suyo, al igual que el quinto, que contiene una continuación del Amadís de Gaula protagonizada por el hijo de Amadís y titulada Las sergas de Esplandián.

Las únicas y escasas noticias que se conservan de Garci Rodríguez de Montalvo derivan del prólogo a los tres primeros libros, así como de lo que el autor puso en boca de Urganda en el capítulo XCVIII de Las sergas de Esplandián. Garci Rodríguez de Montalvo hubo de seguir la carrera de las armas desde muy joven y, cuando trabajaba en el Amadís, ejercía el cargo de regidor de Medina del Campo. Por el contrario, cuando escribió Las sergas de Esplandián era ya maduro, y como afirma haber conocido en Castilla a varios reyes y reinas, es de suponer que naciera en tiempos de Juan II y que en el momento de la toma de Granada, en 1492, tuviera por lo menos cincuenta años.

Parece ser que empleó mucho tiempo en la composición de sus obras y que las terminó poco después de la conquista de Granada y de la expulsión de los judíos, porque no se habla en ellas de acontecimientos posteriores. De otras noticias que da de sí mismo se deduce que gustaba mucho de la caza, que en 1482 era noble, que tenía poca afición a la administración doméstica, que estaba poco dotado de sentido práctico y que era muy propenso a la imaginación y a abstraerse de la realidad.

Ni siquiera es del todo seguro su apellido, ya que en la primera edición del Amadís de Gaula (Zaragoza, 1508) se dice que el libro fue corregido y enmendado por "el honrado y virtuoso caballero Garci Rodríguez de Montalvo", mientras que en las ediciones sucesivas se firma Garci Ordóñez de Montalvo y, finalmente, en la edición de Roma (1525) de Las sergas de Esplandián, aparece como García Gutiérrez de Montalvo.

Amadís de Gaula

Amadís de Gaula es sin duda la más famosa novela caballeresca española. Fue publicada por primera vez en Zaragoza en 1508; pero una redacción distinta y mucho más antigua debió de difundirse ampliamente por la península ibérica, pues hay testimonios de su conocimiento en la segunda mitad del siglo XIV. En 1956 se hallaron y publicaron (en el Boletín de la Real Academia Española) algunos fragmentos de la versión de principios del siglo XV. Con ello ha quedado demostrado que la novela fue escrita originariamente en castellano (no en portugués) y se ha visto que la redacción primitiva era más amplia que la refundida por Rodríguez de Montalvo.


Amadís de Gaula (portada de una edición de 1533)

El asunto de la novela se enlaza con el ciclo bretón, y la toponimia se refiere a Inglaterra, a la región de Gales ("Gaula"); sin embargo, no faltan referencias a Francia, debidas probablemente a una contaminación de fuentes literarias. Montalvo, según declara él mismo en el prólogo, no hizo más que refundir los primeros tres libros de la antigua redacción, confeccionando un cuarto libro sobre la idea de la monarquía universal, y a continuación un quinto para narrar las empresas de Esplandián, hijo de Amadís.

La novela, que tuvo en su tiempo gran resonancia, continúa, en forma desnuda y esquelética, la tradición idealista de las artes medievales francesas; pero su asunto revive dentro de la atmósfera de platonismo mundano que respiraba entonces, en los descansos de la guerra, la sociedad aristocrática del Renacimiento español. Amadís es un prototipo de perfección caballeresca que actúa en un mundo misterioso, alejado de la realidad, donde le protegen fuerzas sobrenaturales. La sabiduría de la maga Urganda la Desconocida le guía, le consuela y le protege en la línea de su destino que es la misma línea de la novela.

El argumento de la narración, desviándose continuamente hacia escenas de encantamientos y magia y de fieras batallas con monstruos y gigantes, se centra en los episodios de amor que constituyen su contenido sentimental. Amadís, hijo natural del rey Perión de Gaula y de Elisena, es abandonado, al nacer, en una barca al capricho de las olas del mar. Sólo lleva consigo, como señales de reconocimiento, un anillo y una espada.

Crecido en casa de Gandales de Escocia, que piadosamente lo salva de las aguas y lo adopta como hijo, Amadís es más tarde conducido por el rey Languines a su propia corte. Allí conoce a la princesa Oriana, hija de Lisuarte, rey de Bretaña; y su encuentro es el de dos almas que se reconocen en un mismo sueño de felicidad y belleza. La escena (I, 4), calcada artísticamente de la del beso que se dan Lanzarote y Ginebra, está vista con fina psicología y narrada con suave delicadeza. Ambos jóvenes se juran recíproca fidelidad, ligándose indisolublemente por toda la vida.

Por intervención de Oriana, Amadís es armado caballero, lanzándose a la aventura con la hermosa imagen de aquélla siempre presente en su corazón. Responde a la posición típica de toda novela medieval de caballería, donde el amor es considerado como plenitud afectiva que lleva al amante fuera de la realidad, a un reino de libertad absoluta, donde podrá obrar sin constricción alguna. Amadís no tiene más norte que Oriana: ella es la estrella luminosa que le guía por los caminos del sacrificio, a lo largo de los cuales conquistará honor y gloria.


Amadís rescata a la princesa Olga
(detalle de un óleo de Delacroix)

Las aventuras brotan de las aventuras, una tras otra, sin solución de continuidad. Entre otras, Amadís vence al gigantesco rey Abies, adversario del rey Perión, en cuya corte es recibido y honrado con agasajos. Afortunadamente, mediante el anillo de reconocimiento, recobra allí a sus padres. Pero el destino le aleja de ellos por los caminos solitarios de un mundo donde los prodigios se multiplican. Sin saberlo, se encuentra luchando contra su hermano Galaor, con quien al fin se pone de acuerdo, actuando juntos desde entonces. Ambos hermanos, tras numerosas pruebas de valor emprendidas por la libertad y la justicia, consiguen salvar al rey Lisuarte y a su hija Oriana, encerrados por Arcaláus en un castillo encantado. A su vez Amadís es encadenado y separado de todos, y lo libera la misma Oriana, que se le entrega inmediatamente por obra del amor (I, 35). Y Amadís recibe, en premio de su fidelidad, la belleza por la cual suspiraba y por la que tanto había sufrido.

El motivo ideal de la novela, que aquí se pone de manifiesto, explica los sucesos posteriores que se perfilan con algún relieve entre un frágil tejido de episodios fragmentarios y dispersos. Amadís, dejando a Oriana, se dirige al reino de Sobradisa, donde la reina Briolanja le recibe con fiestas; pero él sólo piensa en la dama de su corazón y decide volver a su lado. Se pone en camino pero, habiendo llegado a la Ínsula firme, topa con el simbólico castillo de los escudos, donde cuelgan las enseñas de los muchos caballeros andantes que se habían esforzado en explorarlo. Triunfando de toda dificultad, Amadís penetra en él y liberta a innumerables prisioneros.

En lo mejor de la empresa llega una carta de Oriana, que, indignada con él por suponerle enamorado de la reina Briolanja, le llama falso y desleal, prohibiéndole que aparezca en su presencia. Amadís, que no puede excusarse ni mucho menos infringir una orden de su señora, se retira a la Peña Pobre y toma el nombre de Beltenebros. El episodio es conocidísimo por la parodia que hizo Cervantes, cuando describe a Don Quijote voluntariamente loco de amor en Sierra Morena. Pero la bella Oriana es para Amadís una realidad, mediante la cual puede reconocerse en sus aspiraciones profundas y así darse a conocer; es decir, revelarse como un perfecto caballero, siempre sumiso a la criatura a quien se ha entregado por impulso espontáneo de su naturaleza. Y, en efecto, Amadís desespera en su soledad: le negaron la gloria de su fidelidad y es una gloria morir por dicha fidelidad (II, 8: "allí do muere la gloria, - es gloria morir la vida").

Desde este momento el interés de la novela gira hacia lo fantástico y maravilloso, y el arte se estampa en modalidades que se repiten con cierta monotonía. Llamado en auxilio de Lisuarte y de Oriana, el caballero Beltenebros se convierte en el caballero de la Verde Espada, combatiente indómito que va de victoria en victoria, de triunfo en triunfo. Garci Rodríguez de Montalvo prepara en el tercer libro la continuación de la antigua novela: las futuras empresas de Esplandián, hijo de Oriana y de Amadís (III, 5). Mientras tanto sigue a su héroe, que paulatinamente domina la escena del mundo: no sólo es victorioso en su patria sino en Alemania, en Bohemia, en Italia y en Grecia. En su última empresa Amadís libera a Oriana del emperador de Occidente, que la tenía prisionera; y ambos amantes, tras tantas luchas y peripecias, se retiran a la Ínsula firme.

El último libro tiene carácter didáctico y es un conjunto de enseñanzas relativas a la vida caballeresca. Acaba en las bodas de Amadís con Oriana y de Galaor con Briolanja, así como las de otros varios caballeros, cada cual con su enamorada. Por último, Urganda la Desconocida surge del mar, pronosticando los gloriosos destinos de Esplandián, a quien han armado caballero.

Prototipo del héroe caballeresco, las cualidades que culminan en Amadís le dan una fisonomía demasiado perfecta para poder ser de carne y hueso y poseer rasgos característicos y diferenciales. Es el más valiente, el más cortés, el más fiel de los vasallos, el más cumplido enamorado, el amigo más leal, el hombre más justo. Su espada, siempre victoriosa, lucha por la patria, por la fe y por el amor; defiende a los necesitados, protege a doncellas, viudas y huérfanos, abate el orgullo de los soberbios y la maldad de los perversos, derrota a gigantes y monstruos fabulosos y combate contra poderes mágicos.

El hombre se convierte así en paradigma. La misma inverosimilitud de algunas de sus aventuras se halla plenamente justificada por lo irreal de su figura. Un hombre tan perfecto no puede vivir y combatir como un hombre normal. El amor de Amadís por la sin par Oriana nace cuando el héroe, que entonces se llama el Doncel del Mar, tiene sólo doce años, e informa toda su vida, justificando sus combates y empresas y procurándole continuas amarguras. Amadís resiste victoriosamente la prueba del Arco de los Leales Amadores, impregnada de magia y de simbolismo, y se convierte así en el emblema del perfecto enamorado. Cuando la maledicencia y las calumnias de un enano hacen creer a Oriana que Amadís le ha sido inflel, los enamorados adquieren trazos más personales y definidos, aunque continúan envueltos en retóricas frondosidades de celos y desesperación. Los llantos, suspiros y desesperación de Amadís en esta ocasión superan todo lo imaginable y van seguidos por su famosa penitencia en la Peña Pobre.

Con su concepción del amor y su sueño de libertad y de justicia, la novela reflejaba los ideales caballerescos de su tiempo. Por esta razón disfrutó de inmensa popularidad. Fue la lectura predilecta de reyes y emperadores (como Francisco I y Carlos V), deliciosa distracción de filósofos y literatos (Montaigne, Bembo y Castiglione), fecundo motivo de inspiración de poetas, tanto en España como en Italia (recuérdese el poema clásico caballeresco, el Amadís de Bernardo Tasso) y en Alemania. Son incontables las traducciones y las adaptaciones o refundiciones hechas según el gusto de la época, como la de Herberay des Essarts (1540-1548), a través de la cual la novela llegó a Alemania y a Inglaterra, manteniéndose viva hasta principios del pasado siglo.

Garci Rodríguez de Montalvo quiso continuar la historia de Amadís en Las sergas de Esplandián (1510), breve novela caballeresca que narra las empresas y proezas de Esplandián, hijo de Amadís y Oriana, desde el momento en que Urganda la desconocida lo arma caballero hasta sus bodas con su amada Leonorina. La novela es muy inferior al modelo, del cual repite con monotonía frases y temas: aventuras, combates, encantos y todo el acompañamiento fantástico del Amadís. Con todo, en algunos episodios sobresale una cierta originalidad de invención. Es famoso el juicio que emitió Cervantes en el escrutinio de la biblioteca de Don Quijote: señalando un volumen, el Barbero declara: "Es Las sergas de Esplandián, hijo legítimo de Amadís de Gaula"; y el Cura sentencia: "Pues en verdad que no le ha de valer al hijo la bondad del padre. Tomad, señora ama; abrid esa ventana y echadle al corral, y dé principio al montón de la hoguera que se ha de hacer".

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