Valentino Rossi

Desde que el campeonato mundial adquirió relevancia a mediados de la década de los setenta, la categoría reina del motociclismo, los 500 centímetros cúbicos, había sido, con pocas excepciones, coto privado de los pilotos australianos y estadounidenses. Por ello y por su juventud (contaba sólo veintidós años), el triunfo del piloto motociclista italiano Valentino Rossi en el Mundial de 2001 adquirió particular relevancia.


Valentino Rossi

Tras haber conquistado el título en las categorías de 125 y 250 centímetros cúbicos, Rossi, en su segunda temporada en la categoría máxima, desbancó a todos los favoritos, y el 14 de octubre de 2001 se proclamó campeón del mundo con una seguridad incuestionable. Desde entonces ha venido cosechando un triunfo tras otro, pulverizando registros históricos de tal modo que, aun sin haber concluido su carrera, ya se le sitúa entre los mejores pilotos de la historia del motociclismo, al lado de figuras míticas como Giacomo Agostini o Ángel Nieto.

Valentino Rossi nació el 16 de febrero de 1979 en la localidad italiana de Urbino, Pesaro. Es hijo único del popular ex piloto Graziano Rossi, que ganó el Gran Premio de Holanda en 1979 con una rudimentaria Mobirelli 250, en una temporada en que fue tercero del Mundial. El padre transmitió a su hijo la pasión por el motociclismo y el alumno no tardó mucho en superar con creces a su maestro.

Aun así, Graziano no lo impulsó a competir, porque no ambicionaba que su hijo fuera el campeón que él no pudo ser. Pero el pequeño Rossi pronto mostró unas cualidades innatas para la conducción de motocicletas. Con sólo once años disputó su primera carrera con una minimoto (pocket bike). No ganó, pero su carrera de piloto comenzó en aquel preciso momento.

Después de competir en 1992 en carreras locales y en el campeonato regional, en 1993 debutó, con una Cagiva, en el Campeonato de Italia Sport Production, en 125 centímetros cúbicos, terminando duodécimo. Al año siguiente se proclamó campeón. Gracias a ello fue fichado por el equipo Sandroni-Aprilia, con el que en 1995 se alzó con el título de campeón de Italia de 125 centímetros cúbicos. Fue, además, tercero del Campeonato de Europa de la misma categoría.

Aquel muchacho tenía un feeling especial para las motos, que conducía con una naturalidad y una temeridad desconcertantes incluso para los consumados profesionales. Es más, llevaba y sigue llevando un ritmo y un estilo de vida impropios de un profesional. Es capaz de salir toda la noche, no dormir, presentarse en la parrilla de salida como si estuviera descansado y ganar.

En el Mundial

El jovencito Rossi debutó en el Mundial el 13 de marzo de 1996 con una Aprilia, en el Gran Premio de Malasia, donde obtuvo la sexta posición. Terminó noveno al final de la temporada, pero ya llamó la atención de expertos y aficionados, pues sólo tenía diecisiete años y apenas pesaba cincuenta kilos. Aun así, aquella temporada fue cuarto en el Gran Premio de España y en el de Italia, y conquistó su primer podio como tercero en el Gran Premio de Austria, el 4 de agosto, para, finalmente, ganar el de la República Checa.

En 1997 se presentó ya como una joven promesa que se hacía respetar. Pero era algo más que una promesa. Era un piloto sin límites. Un joven arrogante que ganó el Mundial de 125 centímetros cúbicos con una autoridad insultante para sus más conspicuos rivales: 11 victorias en otros tantos grandes premios, un segundo puesto y un tercero, con lo que subió trece veces al podio. Tenía dieciocho años.


Una de sus joviales celebraciones

La categoría le quedó pequeña, por lo que en 1998 saltó a la de 250 centímetros cúbicos, en la que su futuro gran rival en 500, Max Biaggi, había conseguido cuatro títulos consecutivos. Aquella temporada Biaggi debutó en 500, mientras que en 250 Rossi mantuvo una enconada lucha con otro compatriota ya consagrado, Loris Capirossi, quien al final se proclamó campeón. Rossi, debutante, fue ya subcampeón, tras haber ganado cinco grandes premios.

Pero aquel año ya se convirtió en el ídolo número uno no sólo de los tifosi sino de todos los jóvenes, aficionados o no al motociclismo, gracias a su forma extravagante de vestir, a sus payasadas en el circuito o en el podio y a sus respuestas ocurrentes y fuera de lugar en las entrevistas. En todo ese show siempre ha contado con la complicidad de su padre, quien en cierta ocasión suplantó a su hijo en un entrenamiento libre de un gran premio, saliendo a la pista idénticamente ataviado que su hijo.

En 1999 Rossi arrasó sin contemplaciones, y al final de la temporada se ganó sin discusión su salto a la categoría reina. Ni el emergente piloto japonés Tohru Ukawa, que fue subcampeón, ni el vigente campeón, Capirossi, ambos con Honda, pudieron hacer siquiera sombra a la Aprilia de Rossi, que cerró la temporada como campeón tras ganar ocho grandes premios y ser tercero en uno.

El salto a los 500 centímetros cúbicos

Conquistados los títulos de 125 y 250 centímetros cúbicos, en 2000 debutó en la categoría reina. Muchos fueron los que pensaron que iba demasiado deprisa, que antes debía afianzarse como campeón de 250, pues en 500 se requieren un físico y una preparación técnica que no se alcanzan hasta cierta edad. Pero Rossi no escuchó a nadie, porque Honda, retirado Michael Doohan, le ofreció una moto oficial, y eso para él era un sueño. No desentonó. Al contrario, plantó cara al campeón, un velocísimo Kenny Roberts Jr., y se proclamó subcampeón, con victoria en dos grandes premios. Biaggi, su ya enconado rival dentro y fuera de las pistas, fue tercero.

La consagración definitiva llegaría cuando, en 2001, se hizo por primera vez con el campeonato del mundo de los 500 cc. Biaggi y Capirossi habían empezado el campeonato con gran fuerza, pero poco a poco Rossi demostró que ni en esta categoría tenía rival, hasta el punto que consiguió la victoria en varios grandes premios saliendo a por el líder de la primera vuelta desde posiciones muy retrasadas, lo que minó más si cabe la moral de sus rivales. En 2001, además, ganó las Ocho Horas de Suzuka, una carrera de resistencia en la que no suelen destacar los pilotos que se dedican al Mundial de Velocidad.

Por entonces el piloto vivía junto a sus padres en Tavullia, donde todo respiraba a Rossi, que resultaba un personaje entrañable para los habitantes del lugar. Tenía muchas manías, pero no supersticiones, a pesar de que las estadísticas demostraban que hasta el momento sus años buenos eran los impares (campeón de 125 en 1997, de 250 en 1999 y de 500 en 2001). Él argüía que esto formaba parte de su método: un año para familiarizarse con la categoría y proclamarse campeón al siguiente. Pero ya no le quedaban más categorías.

La temporada 2002 se estrenó con atractivas novedades. La categoría reina (los 500 cc) pasó a denominarse Moto GP y en ella podían participar las tradicionales máquinas de dos tiempos (500 cc) y las nuevas de cuatro tiempos con motores de hasta 990 cc. Con el aliciente de la innovación, el piloto italiano no defraudó las expectativas y debutó con un triunfo incontestable en el Gran Premio de Japón, conduciendo su nueva Honda RC 211V 4T.

En aquella primera cita de la temporada, Rossi dejó buena muestra de lo que iba a ser una constante en el Mundial de aquel año: su absoluta superioridad sobre todos los rivales y la confirmación de su condición como mejor piloto del circuito. Sólo necesitó once carreras más y un inigualable balance de nueve victorias, un segundo puesto y un abandono por fallo de neumáticos para conquistar en Brasil su cuarto título de campeón del mundo, el segundo consecutivo en la máxima cilindrada.

A falta de cuatro carreras para completar el calendario, Rossi había sentenciado el Mundial y dejaba para los amantes de las estadísticas la labor de contabilizar sus extraordinarios triunfos: 50 victorias en 104 Grandes Premios disputados, 10 de ellas en la misma temporada (2002). Rossi estaba ya a dos pasos del récord establecido por el legendario Doohan, que logró 12 primeros puestos en 1997. Aún se acercó más a la marca del australiano tras la victoria en el Gran Premio de Australia, la penúltima prueba del Campeonato, pero sólo pudo ser segundo en el circuito de Cheste (Gran Premio de la Comunidad Valenciana), la carrera con la que se cerraba el Mundial, y no logró igualar la marca de Doohan. Sí que alcanzó, sin embargo, la cifra de 355 puntos, la más alta en la historia del motociclismo.


Rossi pilotando su Honda (2003)

La conquista del quinto título mundial de su carrera, tercero en la categoría reina, comenzó a fraguarse desde la primera cita de la temporada 2003. Rossi subió a lo más alto del podio en el Gran Premio de Japón; fue una jornada trágica, marcada por el fatal accidente del piloto japonés Daijiro Kato. Desde ese momento, el italiano demostró una vez más su incontestable hegemonía. Subió al podio en todas las carreras del calendario, logró la victoria en 9 Grandes Premios y se proclamó campeón en Malasia, a falta de dos pruebas para completar el Mundial. En el circuito valenciano de Cheste, última cita del Campeonato, sumó la victoria número 59 de su carrera y su vigésimo segundo podio consecutivo, registro que le permitió igualar el récord del legendario Giacomo Agostini. Finalizado el Mundial, el flamante campeón anunció su ruptura con el equipo Honda y su fichaje con Yamaha.

Tras este cambio pocos apostaron por el campeón italiano, que iba a iniciar la temporada con una moto inferior a la de sus rivales. Sin embargo, Rossi comenzó la temporada 2004 con una victoria en el Gran Premio de Sudáfrica que dejó perplejos a sus detractores. Dos cuartos puestos en Jerez y Francia parecían colocar las cosas en su sitio, pero tres podios seguidos en Italia, Cataluña y Holanda demostraron que il dottore, como se le conoce cariñosamente en los circuitos, era el mismo de antes pese a las deficiencias técnicas. Su dominio sólo era cuestionado por el español Sete Gibernau, que estaba realizando una excelente temporada.


Rossi con su Yamaha

Tras el abandono en el Gran Premio de Qatar, a tan sólo tres carreras del final de la temporada, la disputa por el título mundial no podía ser más reñida: 229 puntos para Rossi y 215 para Gibernau. Sin embargo, tres incontestables primeros puestos en Malasia, Australia y Valencia dejaron la clasificación en 304 puntos para Rossi y 257 para Sete, con lo que concluía una temporada que, además de suponer para Rossi el cuarto título mundial en Moto GP, sirvió también para proclamarlo como uno de los más grandes pilotos de todos los tiempos.

La temporada 2005, en la que conseguiría su quinto título en la máxima cilindrada, fue un paseo triunfal para Rossi. Cuatro grandes premios antes del final de la temporada Rossi se proclamó campeón matemáticamente: sumaba 281 puntos frente los 159 de Max Biaggi. Con nueve primeros puestos y tres segundos (y tan sólo un abandono), il dottore fue el líder incuestionable durante todo el campeonato. Ni Biaggi, Hayden, Capirossi, Melandri, Barros o Gibernau pudieron hacerle sombra; el de Urbino se adjudicó el campeonato de forma cómoda, e igualó los míticos cinco campeonatos de 500cc logrados por Doohan, tomando así el relevo como gran icono del motociclismo mundial.

Sumando los títulos mundiales conseguidos en 125 y 250 cc, contaba ya siete en toda su carrera, con lo que ingresó en la lista de los mejores pilotos de todos los tiempos, por debajo aún de nombres como Giacomo Agostini (15 títulos), Ángel Nieto (13) y Mike Hailwood y Carlo Ubbiali (9), pero igualando a Phil Read y John Surtees (ambos con 7). Toda una gesta para un piloto tan joven que, a pesar de ser el rey indiscutible del motociclismo, barajaba la posibilidad de probar suerte en la Fórmula 1 la siguiente temporada como una más de sus excentricidades. Renunció a ella cuando probó qué se sentía dentro de un monoplaza, y decidió continuar en el motociclismo.

El año 2006 no comenzó especialmente bien para Rossi. En el Gran Premio de Shanghai tuvo problemas técnicos con su Yamaha y no pudo finalizar la carrera, lo que conllevó un bajón en la clasificación general. Además de los problemas técnicos, también sufrió algunas caídas. En la segunda parte de la temporada protagonizó una épica remontada que, sin embargo, no tuvo una feliz culminación: en la última carrera en Valencia acabó cediendo el título a Nicky Hayden.

Ya en la temporada de 2007, Rossi estrenó la nueva Yamaha YZR-M1. En la primera carrera logró acabar en segunda posición tras Casey Stoner, pero éste, a lomos de su Ducati, consiguió en carreras sucesivas ampliar su ventaja en la clasificación general sobre los pilotos más cercanos a él. En el Gran Premio de Turquía, Rossi terminó décimo a causa de un defecto en sus neumáticos Michelín, y aunque logró ascender de nuevo a un segundo lugar en el podio en China, una mala recomendación de los neumáticos Michelín causó su sexto puesto en el Gran Premio de Le Mans. Los pilotos equipados con neumáticos Bridgestone acapararon las tres plazas del podio y Rossi reaccionó diciendo que Michelín debía arreglar urgentemente las debilidades de sus neumáticos.

En el Gran Premio de Italia, Rossi se reencontró con la victoria, superando a Dani Pedrosa. En los campeonatos de Cataluña y Donington, Rossi terminó segundo y cuarto respectivamente (Stoner ganó las carreras), pero en Assen, Rossi se rehizo desde la posición 11 y logró ganar la carrera, batiendo a Stoner. A mitad de la temporada, Rossi se hallaba a 21 puntos de Stoner y podía disputarle el título. Pero todo se torció en Sachsenring, cuando en la sexta vuelta Rossi sufrió una caída que dañó su mano derecha y tuvo que abandonar.

Posteriormente, en el Gran Premio de Estados Unidos en Laguna Seca, Rossi logró la cuarta plaza tras Stoner, Vermeulen y Melandri. En el Gran Premio de Brno, República Checa, Rossi finalizó en séptima posición, lo que le colocaba a 60 puntos de Stoner en la general, nuevamente a causa de problemas con los neumáticos, y en Misano, nuevos problemas con el motor provocaron una nueva diferencia acumulada de 85 puntos. Ya en Motegi, Rossi sólo pudo ver como Stoner alcanzaba la victoria definitiva, en una carrera marcada por la humedad de la pista, y que hizo que tuviera que entrar en boxes. Acabó en decimotercera posición y quedó tercero en la general, tras Stoner y Pedrosa.


Rossi en el Gran Premio de Brno (2008)

De esos mediocres resultados se desquitaría obteniendo de nuevo el título mundial en 2008. Rossi abandonó los neumáticos Michelín en beneficio de los Bridgestone; empezó la temporada con un discreto cuarto puesto en Qatar, pero pronto empezó a encadenar victorias. Stoner se mantenía fuerte y lo relegó en más de una ocasión al segundo puesto, pero Rossi llegó al último gran premio con una cómoda ventaja, y lo ganó. Su carrera está lejos de terminar, y sin embargo su palmarés en la categoría GP ostenta récords históricos y cifras nunca vistas: nadie, ni siquiera Giacomo Agostini, había ganado antes 71 carreras, ni había subido 115 veces al podio. Y puede que pronto le supere, además, en el número de títulos mundiales.

Además de la velocidad, Rossi practica el esquí y el motocross, y desde que tiene carnet conduce a toda velocidad un Porsche de máxima potencia; no en vano su máximo ídolo deportivo es el malogrado Ayrton Senna. Como piloto de motos, aparte de Wayne, ha admirado a Kevin Schwantz, campeón del mundo de la categoría reina en 1993, cuando él hacía sus primeros pinitos en competiciones oficiales. Ahora, con numerosos apodos, como Rossifumi, Valentinik o los más italianos de Il Dottore o Pavarotti del motociclismo, se ha convertido en el referente de otros jóvenes pilotos que aspiran a conquistar el Mundial y en un piloto admirado incluso por quienes ya han sido campeones.