Las enfermedades de transmisión sexual

También conocidas como enfermedades venéreas (nombre derivado de Venus, la diosa romana del amor), las enfermedades de transmisión sexual (ETS) se incluyen entre las dolencias más frecuentes en todo el mundo. La característica común de estas enfermedades es que se adquieren por contacto sexual; debido precisamente a su vinculación con la sexualidad, las enfermedades de transmisión sexual han sido vistas como estigmas durante siglos, e incluso en la actualidad continúan siendo un tema tabú entre ciertos sectores de la sociedad. En rigor, deberían llamarse infecciones de transmisión sexual (ITS), dado que en muchos casos las personas infectadas no llegan a desarrollar la enfermedad.


El guayacán, árbol de la América tropical, se empleó antiguamente para tratar la sífilis

Se han identificado más de veinte afecciones de este tipo, que abarcan desde enfermedades muy graves hasta procesos banales. Aunque el sida (síndrome de la inmunodeficiencia adquirida) es la que ha recibido más atención por los medios de comunicación, existen otras que son mucho más comunes. La infección por clamidias, la gonorrea y las verrugas genitales han alcanzado casi el estatus de epidemia en muchos países; son también frecuentes el herpes genital, la tricomoniasis y el chancro blando.

Las infecciones de transmisión sexual afectan sobre todo a adolescentes y jóvenes menores de 25 años de todos los niveles socioeconómicos. Las causadas por bacterias habitualmente pueden tratarse y curarse, mientras que las que son de origen vírico suelen tratarse y controlarse, pero no se alcanza la curación, sino que permanecen es estado de latencia. No obstante, el verdadero problema para la salud pública son las que no reciben tratamiento alguno.

Infecciones bacterianas

Las principales enfermedades de transmisión sexual causadas por bacterias son la sífilis y la gonorrea, aunque deben citarse también, al menos, la infección por clamidias y el chancro blando. De las dos últimas, la infección por clamidias es similar a la gonorrea, y si no se trata puede provocar esterilidad en ambos sexos. El chancro blando es una enfermedad bacteriana característica de los varones que se manifiesta por úlceras dolorosas y ganglios linfáticos inflamados en la ingle. Los antibióticos constituyen un tratamiento eficaz para todas las infecciones bacterianas relacionadas con la sexualidad.

La gonorrea

La gonorrea o blenorragia es una enfermedad infecciosa sumamente frecuente que es provocada por una bacteria llamada Neisseria gonorrhoeae, o gonococo, que se transmite casi siempre por vía sexual. A menudo no presenta signos iniciales; en el hombre se manifiesta por dolor en la uretra, que se intensifica al emitir la orina, y por unas secreciones uretrales mucopurulentas, de tonalidad amarillo-verdoso, que son especialmente evidentes por las mañanas. En la mujer no suele manifestarse hasta que se presentan las complicaciones.

Los gonococos también pueden infectar e inflamar en ambos sexos el recto y la faringe, y, en las mujeres, el cuello del útero, el útero y las trompas de Falopio. En todas estas localizaciones, las manifestaciones pueden ser inicialmente bastante leves. Si la enfermedad no se trata, al cabo de unas semanas los tejidos de las zonas afectadas pueden fibrosarse y alterar su anatomía y funcionamiento.


Imagen al microscopio de la bacteria Neisseria gonorrhoeae, causante de la gonorrea

La infección se contrae por contacto directo con las secreciones infectadas de otra persona. El período de incubación suele comprender de dos a ocho días, aunque puede extenderse hasta un mes. El éxito del tratamiento, si no existen complicaciones, reside en el diagnóstico correcto y en la administración de los antibióticos adecuados durante unos cuantos días; si no se sigue ningún tratamiento, puede llegar a provocar esterilidad y ceguera. Por otra parte, la ingestión de abundantes cantidades de agua hace la orina más diluida y puede aliviar el dolor uretral.

No existe una vacuna contra la gonorrea, de manera que la medida profiláctica más importante es la utilización de preservativos. También forma parte de la profilaxis advertir a las personas con las que se ha mantenido relaciones sexuales desde que presumiblemente se contrajo la infección, con el objetivo de que éstas puedan ser diagnosticadas y tratadas de forma adecuada lo antes posible.

La sífilis

La sífilis es una enfermedad infecciosa muy difundida causada por una bacteria denominada Treponema pallidum, que se contagia por vía sexual o transplacentaria y que en los adultos, si no se trata, evoluciona a lo largo de varios años, manifestándose en varias fases bastante características. En la actualidad, gracias al uso de los antibióticos adecuados, la sífilis no suele llegar más allá de las dos primeras fases.

La manifestación principal de la primera fase de la sífilis, o sífilis primaria, es el chancro duro o sifilítico, una lesión indolora muy característica de la enfermedad que puede adoptar distintos aspectos. En general, aparece un único chancro redondeado u ovalado que mide de uno a tres centímetros de diámetro, de base ulcerada y tonalidad rosada o rojiza, bordes sobreelevados y consistencia dura. Esta llaga se origina en la puerta de entrada de la infección, es decir, donde se ha producido el primer contacto con los microorganismos. Por esta razón, el chancro sifilítico puede aparecer prácticamente en cualquier parte de la piel o de las mucosas, aunque es más frecuente que lo haga en la piel del pene o de la vulva. En un 30 % de los casos, aproximadamente, el chancro no llega a aparecer.

El chancro desaparece espontáneamente al cabo de entre tres y doce semanas; luego se pasa por un período sin síntomas de entre dos y cinco semanas de duración, tras el cual sobreviene la segunda fase de la sífilis, o sífilis secundaria, que se manifiesta por diversos tipos de lesiones en la piel y mucosas, denominadas sifílides.


La espiroqueta Treponema pallidum

Las más comunes son unas pequeñas manchas (de unos dos a cinco milímetros de diámetro) redondeadas y de tonalidad rosada, que palidecen al presionarlas y se enrojecen con el calor. Estas manchas, denominadas roséola sifilítica, se distribuyen abundantemente y de forma simétrica en el torso, en las palmas de las manos y en las plantas de los pies; raramente se asientan en la cara. También son comunes las sifílides papulosas, unas pequeñas lesiones redondeadas y sobreelevadas, de tonalidad amarronada, que aparecen en la cara y en las extremidades, en particular en las palmas de las manos y en las plantas de los pies, y que suelen presentarse cuando la roséola sifilítica ya ha desaparecido. En conjunto, las lesiones de la sífilis secundaria se manifiestan durante un periodo de entre dos y seis semanas.

Tras estas dos primeras fases sobreviene una larga etapa (que puede extenderse por varios años) durante la cual la persona infectada no presenta síntomas. Las ulteriores fases de la sífilis se manifiestan en síntomas y lesiones severas en órganos internos, pero son muy poco frecuentes, ya que, en la mayor parte de los casos, la enfermedad es detectada y tratada antes de llegar a estas fases.

El contagio de la sífilis se produce por contacto directo con las lesiones antes descritas, que albergan gérmenes. El diagnóstico se establece por examen microscópico de una muestra de estas lesiones y extrayendo sangre del paciente, que se emplea para efectuar una serie de pruebas. El tratamiento consiste en la administración de penicilina, o eventualmente otros tipos de antibióticos, durante unos cuantos días; en ausencia de tratamiento, puede conducir a ceguera, demencia e incluso muerte. La profilaxis es similar a la de la gonorrea.

Infecciones víricas

Las enfermedades de transmisión sexual víricas más extendidas son el herpes genital, las verrugas genitales y el sida. El herpes genital es una infección recurrente, de alta incidencia, causada por uno de los dos tipos del virus del herpes simple. El virus del herpes simple de tipo I es el causante de las típicas lesiones en los labios y la boca, mientras que el de tipo II provoca unas dolorosas ampollas en el área genital. La infección, que se manifiesta por dolor en el área de la lesión, suele durar unas tres semanas y es seguida por varias recidivas (reapariciones) que no superan los diez días, a lo largo del año.


Luc Montagnier logró aislar el VIH, agente patógeno del sida

El agente etiológico de las verrugas genitales es al papilomavirus humano, del cual existen más de sesenta cepas diferentes. Tras el contagio con el virus a través del contacto sexual, las verrugas tardan dos meses en desarrollarse y pueden aparecer en la vulva, el cérvix (o cuello uterino) o en la mucosa vaginal, en el caso de las mujeres, o en la uretra o el prepucio, en el caso de los varones. Aunque existen varias técnicas para eliminar las verrugas, el virus permanece en el organismo. Las verrugas genitales se consideran asociadas al cáncer de cérvix en las mujeres.

El sida

El sida es causado por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), el cual ataca directamente el sistema inmunológico y deja al organismo indefenso frente a infecciones y cánceres oportunistas, es decir, de naturaleza inofensiva para las personas corrientes, pero peligrosa para los afectados. La vía de contagio del VIH es el intercambio de fluidos corporales, como el semen, el flujo vaginal o la sangre. El VIH no puede sobrevivir fuera de estas células o líquidos corporales infectados, por lo que el contagio a través del aire, el agua o los alimentos es prácticamente imposible.

El VIH tiene una afinidad específica por ciertas células (los linfocitos T cooperadores) del sistema de defensa del organismo, a las que infecta y destruye. A partir de cierto momento, con el avance de la infección, el sistema inmunológico comienza a ser cada vez más ineficaz, hasta llegar a una situación en la que ya no es capaz de defenderse contra microorganismos y otras circunstancias que, en condiciones normales, no representarían ningún peligro para la salud. Es a partir de esta situación cuando se considera que una persona infectada por el VIH ha contraído efectivamente el sida.


Infección y replicación del VIH sobre un linfocito T cooperador

En la actualidad no existe un tratamiento efectivo contra el sida, de manera que las medidas terapéuticas están dirigidas a disminuir la incidencia, intensidad y duración de las distintas enfermedades y procesos oportunistas y a frenar la reproducción del VIH mediante la administración de combinaciones de fármacos antirretrovirales (los «cócteles»), que, en las fases tempranas, logran contener la destrucción del sistema inmunológico y proporcionan una aceptable calidad de vida. Si no se sigue ningún tratamiento, o bien cuando se inicia demasiado tarde, sobreviene la muerte como consecuencia de alguna de las numerosas afecciones oportunistas que pueden contraerse.

Tampoco existe actualmente una vacuna eficaz contra el sida, aunque es probable que a medio plazo se logre desarrollarla. Así, la profilaxis consiste en prevenir el contagio cumpliendo una serie de recomendaciones, entre las que sobresale evitar las prácticas sexuales consideradas de riesgo sin utilizar preservativo. Se han realizado asimismo numerosas campañas de concienciación entre los toxicómanos en un intento de erradicar otra importante vía de transmisión: el empleo de jeringuillas usadas para inyectarse drogas. Actualmente, gracias al control sanitario de las donaciones, apenas se producen contagios a través de las transfusiones de sangre.

Otro tipo de enfermedades de transmisión sexual son las producidas por protozoos parasitarios, como la tricomoniasis, una infección que se manifiesta con inflamación vaginal y una secreción espumosa y maloliente en las mujeres. Asimismo, puede infectar las vías urinarias de ambos sexos. El tratamiento consiste en la administración de medicamentos para combatir los protozoos.

Prevención

La única forma absolutamente segura de prevenir el contagio de las enfermedades de transmisión sexual es la abstinencia sexual; no obstante, existen otros métodos que previenen tanto el contagio como la propagación de dichas enfermedades, como el uso de preservativos, el conocimiento de los signos físicos y de las manifestaciones de estas enfermedades y la práctica de exámenes médicos regulares.


Campaña de prevención en Kingstown (San Vicente)

A los adolescentes y jóvenes, entre quienes la variación de compañeros y compañeras sexuales suele ser mayor, son especialmente aplicables las recomendaciones de «sexo seguro», expresión procedente de la inglesa «safe sex» que intenta resumir la idea de que el empleo de preservativos es el método más seguro para prevenir el sida y otras enfermedades de transmisión sexual cuando se realizan prácticas sexuales consideradas de riesgo, entendiendo por tales todas aquellas situaciones eróticas en las que es probable el contacto entre los líquidos corporales potencialmente infectados de una persona con el organismo de otra persona. Uno de los aspectos más importantes del «sexo seguro» es que, para practicarlo, lo relevante no es con quién o quiénes se tengan relaciones sexuales, sino la asunción de una actitud preventiva como responsabilidad ética propia, pues de su falta puede derivar el contagio a otras personas, sean o no seres queridos.