El fútbol

Aun siendo incontables las personas que ya desde la infancia y en las escuelas se ejercitaron y siguen ejercitándose en este juego, el título de «deporte rey» que el fútbol ostenta desde hace muchas décadas se debe no tanto al número de practicantes como a los cientos de millones de seguidores que acuden a los estadios y siguen las retransmisiones televisivas y la actualidad de las competiciones. Hoy ya nadie se asombra de que una final o un partido decisivo deje desiertas las calles de las ciudades.


Hinchas del Peñarol (Copa Libertadores, 2011)

A causa de tan multitudinario interés, el fútbol ha acabado por convertirse en todo un fenómeno sociocultural y, también, en un negocio sumamente lucrativo. Su condición de deporte-espectáculo no es ajena a su extraordinario éxito: el virtuosismo de las estrellas, la inteligencia de las tácticas o la épica de una lucha incierta pueden cautivar al más refractario. Lamentablemente, una parte excesiva del interés procede de la identificación con uno de los contendientes; la pasión desmedida que algunos hinchas vuelcan sobre su propio equipo o selección puede degenerar entonces en un alienante fanatismo y, en casos extremos, en episodios violentos.

Historia del fútbol

Los antecedentes del fútbol se remontan al tsu chu, un juego popular que los chinos practicaban alrededor del siglo III a. J. C. Consistía básicamente en golpear con el pie una bola de cuero, la cual solía estar rellena de virutas de madera y huesos de animales, y rodeada de crin de caballo para que no hiciese daño al golpearla. Otras civilizaciones, como la griega y la romana, desarrollaron juegos en los que intervenía una pelota, algunos de ellos muy relacionados con nuestro deporte. Entre los soldados romanos se popularizó una modalidad deportiva llamada harpastum, que tenía muchas similitudes con el fútbol.


Partido de calcio en la plaza de la Santa Cruz de Florencia (siglo XVII)

También en México y Japón, país este último en el que se desarrolló el kemari, se encuentran actividades parecidas. En el siglo XVI, en Florencia y Bolonia, se practicaba el giuoco del calcio, que puede considerarse como un antecedente muy próximo al fútbol, aunque en él podían utilizarse tanto las manos como los pies. El calcio enfrentaba dos equipos formados por veintisiete jugadores, distribuidos en cuatro líneas: quince delanteros, cinco jugadores de enlace, cuatro medios y tres defensas; el campo medía 100 metros de largo por 50 de ancho.

El fútbol moderno

El fútbol tal y como se practica en la actualidad tiene su origen en las escuelas públicas británicas, en las que los colegiales practicaban el hurling, juego de pelota con unas reglas bastante confusas y no exento de agresividad. Hacia la década de 1820 empezó a contraponerse el hurling jugado con las manos al jugado con los pies; a partir de entonces, ambas variantes fueron distanciándose hasta originar dos deportes distintos: el football rugby, que pronto se convirtió en rugby, siguió su propio camino; y el llamado football association, embrión del deporte rey, comenzó a configurarse en su forma moderna. Ya en 1846, H. de Winton y J. C. Thring establecieron un conjunto de diez normas básicas (las «reglas de Cambridge»). En 1855 se fundó el Sheffield Football Club, equipo decano del fútbol mundial.

El paso siguiente en esta evolución se dio en Londres, con el nacimiento el 26 de octubre de 1863 de la English Football Association (EFA), el primer organismo que cobijó en su seno a diferentes clubes. En 1872, la federación inglesa organizó la primera Copa de Fútbol Asociación, en la que participaron quince clubes; ese mismo año se disputó el primer partido internacional entre un equipo de Inglaterra y otro de Escocia, que acabó con empate a cero.


El encuentro Inglaterra-Escocia (1872) fue el primer partido internacional

Paralelamente se inició un proceso de fijación del reglamento que continuaría en las décadas siguientes; las «reglas de Cambridge» de 1846 cubrían sólo algunos aspectos básicos del juego, y era preciso refinarlas. En 1872 se estableció la norma del fuera de juego; en los años siguientes fueron implantándose nuevas reglas, como el saque de esquina y la figura del portero (1873), el penalti (1891) y, un poco más tarde, las mallas en las porterías. No fue hasta finales del siglo XIX cuando se completó la reglamentación y quedaron establecidas muchas de las normas que hoy siguen vigentes.

El fútbol profesional iniciaría su andadura en 1885. Tres años más tarde se creó la Liga de Fútbol inglesa. A partir de entonces, su práctica se expandió por toda Europa y Latinoamérica, implantándose de modo definitivo entre la última década del siglo XIX y la primera del XX. Por esas fechas, la mayoría de los países europeos e hispanoamericanos contaban con numerosos clubes y habían creado ya su correspondiente federación de fútbol.

La FIFA y el Campeonato Mundial

En 1904 se creó en París la FIFA (Federación Internacional de Fútbol), máximo organismo rector de este deporte; corresponde a la FIFA la organización de las competiciones a nivel mundial. El Campeonato Mundial de Fútbol (también denominado Copa del Mundo o Mundial) se celebra cada cuatro años y enfrenta a las selecciones nacionales de los países que logran la clasificación en las fases previas, organizadas por las confederaciones continentales.


Maradona celebra el triunfo de Argentina en el Mundial de México (1986)

La primera edición se celebró en 1930 en Uruguay; la disputaron trece selecciones nacionales, y se proclamó campeona la nación anfitriona, Uruguay. El torneo fue cobrando importancia y, salvo el parón que sufrió debido a la segunda guerra mundial, fue creciendo tanto en el número de participantes como en la atención que despertaba en el público de numerosos países. En la historia de esta competición han destacado las selecciones de Brasil (con cinco títulos mundiales), Italia, Alemania (ambas con cuatro), Argentina y Uruguay (dos).

Otras competiciones

Existen, por supuesto, otras competiciones de importancia además del Mundial. Entre las organizadas por la UEFA (Unión Europea de Fútbol) cabe destacar la Eurocopa (oficialmente, Campeonato Europeo de Naciones) y la Champions League (Liga de campeones). La Eurocopa viene celebrándose cada cuatro años desde 1960; los países que más veces se han hecho con el título son Alemania y España (en tres ocasiones) y Francia (en dos). En el resto del mundo se convocan torneos similares a la Eurocopa: en la Copa América, la Copa Africana de Naciones y la Copa Asiática compiten los combinados nacionales de los respectivos continentes.

A nivel de clubes, el torneo que más relevancia tiene es la Champions League (llamada Copa de Europa hasta 1992). Contra lo que sugiere su nombre (Liga de Campeones), participan no solamente los campeones de los distintos países europeos, sino también los primeros clasificados de las ligas más potentes. Es probablemente el título más ambicionado por los clubes históricos de fútbol europeo; el Real Madrid ostenta en sus vitrinas once trofeos; le siguen el Milán (siete), el Bayern de Múnich, el F.C. Barcelona y el Liverpool (los tres con cinco).


Ceremonia previa a una final de la Champions (Berlín, 2015)

Curiosamente, la creación de la Champions League no fue una iniciativa de clubes y federaciones, sino de un ex jugador y periodista, el francés Gabriel Hanot. Su idea era convocar una competición entre los equipos campeones de las diferentes ligas europeas, que había de jugarse por el sistema de sorteo y de doble eliminatoria hasta la final. La UEFA no apoyó el proyecto, pero el diario francés L'Équipe decidió respaldarlo y organizar, de conformidad con algunos clubes, la primera Copa de Europa en 1956. El éxito alcanzado llevó a la UEFA a apadrinar el torneo, actualmente el más prestigioso de Europa. A partir de la década de los noventa, la fase previa del torneo pasó a organizarse en forma de liguilla, lo que permitió incrementar el número de partidos y, en consecuencia, los ingresos por publicidad y por derechos televisivos.

La Copa Libertadores puede considerarse el equivalente americano de la Champions League. La CONMEBOL, máxima institución futbolística de ámbito sudamericano, organizó en 1960 la primera edición de este torneo, que enfrenta a los campeones y subcampeones de las ligas de cada país afiliado a la organización. El sistema de eliminación difiere del europeo y consiste en un sistema de puntuación organizado en base a series regionales, cuyos vencedores respectivos se enfrentan en una final a dos partidos. Históricamente, los clubes argentinos, uruguayos y brasileños han dominado la competición; ocupan el podio el Independiente (siete títulos), el Boca Juniors (seis) y el Peñarol (cinco).

La FIFA ha promovido competiciones entre los clubes vencedores de estos torneos; la Copa Intercontinental enfrentaba al campeón de la Champions League y de la Copa Libertadores hasta que se convirtió en el Mundial de Clubes (llamado popularmente «Mundialito»), ampliando el número de participantes.

Las grandes figuras

El brasileño Pelé (Edson Arantes do Nascimento) es considerado por muchos el mejor futbolista de todos los tiempos. Su ascenso al trono del fútbol mundial empezó con tan sólo dieciocho años, durante el Mundial de Suecia de 1958; su vida profesional se repartió entre el Santos de Brasil y el Cosmos de Nueva York, y su palmarés incluye tres Copas del Mundo, once campeonatos paulistas, cinco de Río-São Paulo, dos títulos de la Copa Libertadores y otros dos de la Copa Intercontinental. A lo largo de sus veinte años de carrera marcó la inconcebible cifra de 1.284 goles.


Pelé

Otros históricos del fútbol son los húngaros Ladislao Kubala y Ferenc Puskas y el hispanoargentino Alfredo di Stéfano, todos ellos jugadores de la Liga española durante la década de los sesenta; Eusebio, la perla negra portuguesa; Garrincha, el mejor regateador de todos los tiempos; Franz Beckenbauer, el líbero de la gran selección alemana de 1974; Johann Cruyff, la figura del Ajax y de «la naranja mecánica», sobrenombre que recibió el combinado holandés; Diego Armando Maradona, el gran dominador de la década de 1980, cuya genialidad ha llegado a competir con la de Pelé en los foros de especialistas del fútbol; y, ya en el siglo XXI, Lionel Messi, el concentrado, hábil y veloz delantero del Barcelona.

Las reglas del fútbol

Como en otros deportes colectivos de pelota, el objetivo del juego es introducir el balón en la portería que defiende el equipo adversario; resulta vencedor el equipo que, en el transcurso del partido, marca un mayor número de tantos o goles. La principal singularidad del fútbol (frente a, por ejemplo, el rugby, el balonmano o el baloncesto) es que el balón se juega principalmente con los pies; no está permitido coger o tocar voluntariamente el balón con las manos o los brazos, so pena de sanción.

El terreno de juego

La extraordinaria afición al fútbol ha llevado a la construcción de campos de gran aforo; algunos de ellos, como el estadio Maracaná, en Río de Janeiro, o el ya desaparecido Wembley, en Londres, han entrado en la leyenda de este deporte. Sin embargo, al margen de estos «circos» futbolísticos y mediáticos, la tipología de los campos de juego es variada. Los campos de hierba son los más adecuados para la práctica del fútbol, pero también hay campos de tierra y de materiales sintéticos (hierba artificial).


Estadio Maracaná

El terreno de juego es un espacio rectangular, llano y libre de obstáculos. Uno de los aspectos más curiosos y a la vez más desconocidos del reglamento es que el terreno de juego admite dimensiones variables, que oscilan entre los 90 y 120 metros de largo y los 45 y 90 metros de ancho; no obstante, para las competiciones internacionales y de alto nivel, las medidas deben situarse entre los 100 y 110 metros de largo y entre los 64 y 75 metros de ancho. Los límites exteriores están marcados por dos líneas de banda o laterales y dos líneas más cortas, las líneas de meta o de fondo, sobre las que están instaladas las porterías.

Una línea central divide el terreno de juego en dos mitades idénticas y simétricas que corresponden a los campos rivales. Sobre esa línea está señalado el punto central; a su alrededor se traza una circunferencia de 9,15 metros de radio. El partido empieza con un saque en el círculo central, y es también allí donde se reinicia el juego después de un gol.

Delante de cada portería, dos rectángulos unidos a la línea de fondo señalan las áreas. El área grande (o área de penalti) mide 40,3 x 16,5 metros. Solamente dentro de ella puede el portero tocar la pelota con las manos. El punto de penalti se encuentra a once metros y centrado respecto a la portería. Desde este punto se lanza la pena máxima.


Campo de fútbol

Inserta en la grande y cercana a la portería se halla el área pequeña o área de meta (18,3 x 5,5 metros), que delimita la zona donde se puede colocar el balón para el saque de meta. Dentro del área pequeña el portero no puede recibir cargas o contactos que son legales en otras zonas del campo. Unas pequeñas áreas de esquina, delimitadas por un radio de un metro desde el banderín, señalan el córner; en cualquier punto de esta superficie se coloca el balón para realizar el saque de esquina.

Las porterías, centradas en la línea de fondo, están formadas por dos postes verticales separados por una distancia de 7,32 metros y unidos por un larguero horizontal situado a una altura de 2,44 metros. Por detrás se colocan unas redes unidas a los postes, el larguero y el suelo, que retienen la pelota si entra en la portería. El balón, esférico, está recubierto de cuero u otro material adecuado y rellenado con aire a presión. Su circunferencia oscila entre 68 y 71 centímetros, y su peso, entre 410 y 450 gramos.

Los equipos

Cada equipo consta de once jugadores: un portero, el único con derecho a utilizar las manos, aunque sólo dentro de su propia área, y diez jugadores llamados «de campo», que habitualmente se organizan en tres líneas: una defensiva (la de los defensas), otra situada en el centro del campo (los centrocampistas), y otra ofensiva (los delanteros). La inclusión de más o menos jugadores en cada línea del equipo (o entre las líneas) depende del sistema de juego planteado por el entrenador.

El portero o arquero tiene como función primordial detener los disparos y remates a puerta, para lo cual puede utilizar cualquier parte del cuerpo. Dotados de prodigiosos reflejos y felina agilidad, las paradas espectaculares de los porteros pueden ser tan aplaudidas como los goles. El portero no puede recoger el balón con las manos ante la cesión de un defensa, y si comete falta contra el adversario en situación manifiesta de gol, es expulsado.


Los grandes porteros detienen balones que parecen inalcanzables

Los defensas, cuya primera responsabilidad es obstruir los ataques, deben tener gran fuerza física y envergadura para frenar las arremetidas del contrario. En las líneas formadas por cuatro defensas, suele distinguirse entre los dos laterales, el central y el líbero. Los centrocampistas son jugadores más polivalentes; destacan por su gran forma física y especialmente por su visión de juego, que ha de permitirles crear las situaciones de gol. Corresponde a los delanteros marcar los goles; son rápidos y muy hábiles con el balón en los pies y han de tener buena capacidad para el desmarque.

Los jugadores que no saltan al campo al inicio del encuentro se denominan suplentes. Solamente se pueden realizar tres cambios durante un partido oficial de competición y cinco en un partido amistoso. La vestimenta de los jugadores de un equipo debe ser uniforme, excepto la de los porteros. Los jugadores visten camiseta con un número en el dorso, pantalón corto, calcetines, espinilleras y botas.

Están permitidos los accesorios de protección para el jugador que lo necesite, y prendas de abrigo, como guantes o leotardos. Las botas tienen tacos de cuero, caucho, plástico o aluminio fijados a la suela, que deben ser redondeados y no sobrepasar los 1,27 centímetros. El portero viste colores diferentes para distinguirse del resto de jugadores y del árbitro: camiseta y pantalón corto, o largo, con protecciones y guantes. Cuando la vestimenta de ambos equipos se asemeja y puede llevar a la confusión, uno de ellos (normalmente el equipo visitante) debe utilizar la denominada segunda equipación.

El partido

La duración de un partido de fútbol es de 90 minutos, con dos partes de 45 minutos y un descanso intermedio de 15 minutos. Para compensar las posibles interrupciones ajenas al desarrollo normal del juego, al final de cada parte se añade un tiempo extra, llamado tiempo de descuento o tiempo añadido.

El encuentro se inicia con un sorteo por el que uno de los capitanes elige el campo que corresponde a su equipo, cediendo al adversario la realización del saque inicial desde el círculo central; en el momento del saque inicial, los miembros de cada equipo deben encontrarse en su campo. Desde el punto central se sacará tantas veces como goles se marquen en el partido, correspondiendo el saque al equipo que ha encajado el gol. En el segundo tiempo se intercambian los campos, y saca el equipo que no lo ha hecho en la primera parte.

En los torneos que se juegan por eliminatorias a partido único o doble, debe haber un vencedor. Si al final del encuentro el marcador está igualado (en el partido o en el global de la eliminatoria) existen diversas formas de deshacer el empate. Habitualmente se juega una prórroga de 30 minutos dividida en dos partes de 15 minutos, y si el empate continúa, se procede al lanzamiento de tandas de penaltis. Otra posibilidad es conceder la victoria al equipo que marque primero en la prórroga («gol de oro»).


Saque de esquina

En el transcurso del partido, la salida del balón de los límites del campo es la causa más frecuente de la interrupción del juego, y penaliza al equipo responsable con la pérdida de la posesión del balón. Así, se incurre en fuera de banda cuando la pelota traspasa las líneas laterales; el equipo del jugador que lo ha enviado fuera pierde la posesión del balón, y un miembro del equipo contrario efectúa un saque de banda desde el mismo punto por el que salió, lanzándolo a un compañero con las dos manos por encima de la cabeza.

Cuando el balón sale por la línea de fondo por una acción de los atacantes, el portero el equipo rival efectúa un saque de puerta con el pie. Si el balón es arrojado fuera por los defensas o el portero, corresponde al equipo atacante efectuar un saque de esquina o córner, que se lanza con el pie desde la esquina más próxima al lugar por el que haya salido el balón. Ningún adversario puede encontrarse a menos de 9,15 metros del que realiza el saque de esquina.

El arbitraje

El partido es dirigido por un árbitro principal ayudado por dos asistentes, antes llamados jueces de línea, y un cuarto auxiliar denominado cuarto árbitro. El árbitro principal vigila que el encuentro se desarrolle con arreglo a las normas que rigen este deporte, sancionando las acciones punibles, controlando el tiempo de juego (y sus interrupciones por causas no ordinarias) y dando validez o anulando los tantos marcados.


El ya retirado Pierluigi Collina fue designado el mejor árbitro de todos los tiempos

La función principal de los dos jueces de línea o asistentes es la de señalizar con su banderín si un jugador se halla en fuera de juego; también indican cuándo ha salido del terreno de juego la pelota y qué equipo debe realizar el saque de banda, el saque de esquina o el saque de puerta; además, levantan su banderín para señalar cualquier falta, aunque es el árbitro quien toma la decisión final. El cuarto árbitro, que permanece en la banda, junto a los banquillos, controla la sustitución de jugadores y muestra en un marcador electrónico los minutos de tiempo de descuento que se añaden a cada parte del partido.

Faltas y sanciones

Las faltas o infracciones del reglamento son sancionadas con la cesión del balón al equipo contrario, al que se concede además un lanzamiento a balón parado desde el mismo lugar en que se ha cometido la falta. Según la gravedad, el árbitro puede conceder un tiro libre directo o bien indirecto; sólo en el primer caso el jugador puede tirar directamente a portería. En ambos casos, la defensa puede obstruir el lanzamiento formando una barrera, aunque ésta debe situarse a 9,5 metros del balón. Los tiros directos al borde del área son una oportunidad para conseguir el gol; todos los equipos tienen algún jugador especialista en este tipo de jugadas, dotados de un potente disparo o de muy buena técnica en el lanzamiento.


Tiro libre directo con barrera defensiva

Las faltas graves cometidas por un defensor dentro de su área se sancionan con penalti, es decir, con un tiro directo desde el punto del penalti, a once metros de la portería, con independencia del lugar del área en que se haya producido la infracción. En el penalti se encuentran solos el portero y el tirador; todos los demás jugadores deben permanecen fuera del área, sin posibilidad de interponerse o interferir en el lanzamiento.

Son calificadas de falta una amplio número de conductas antideportivas y acciones agresivas o antirreglamentarias: entradas por detrás, juego violento y peligroso, obstrucción al jugador atacante, agarrones, patadas, zancadillas, agresiones físicas y verbales, protestas, controlar el balón con la mano, etc. Si la comisión de una falta no frena la progresión de un ataque, el árbitro puede aplicar la ley de la ventaja, es decir, abstenerse de pitar la falta para permitir al equipo atacante culminar la jugada.

Además de la sanción contra el equipo, las conductas antideportivas pueden ser castigadas individualmente con tarjeta amarilla o roja, dependiendo de la gravedad de la acción. La amonestación con una tarjeta amarilla a un jugador representa un primer aviso; si el infractor persiste en su comportamiento, puede volver a ser amonestado, mostrándosele, esta vez, una segunda tarjeta amarilla que se traduce en una tarjeta roja, lo que significa que debe abandonar el terreno de juego. Su equipo queda en inferioridad numérica, ya que un jugador expulsado no puede ser sustituido. En casos que el árbitro considere muy graves, un jugador puede ver la tarjeta roja directa.


Dos amonestaciones con tarjeta amarilla conllevan tarjeta roja (expulsión)

El fuera de juego es una infracción que comete el equipo atacante cuando un jugador, en el momento de recibir un pase, está más adelantado que la defensa contraria, o lo que es lo mismo, se encuentra entre la defensa y el portero; por más que intenten evitarlo, a menudo los pasadores carecen de la perspectiva necesaria para ver si su compañero está correctamente situado. La táctica del fuera de juego es un ardid legítimo que explota esta norma: los defensas se adelantan cuando intuyen que va a producirse un pase, dejando a los delanteros rivales en posición antirreglamentaria.

Fundamentos técnicos del fútbol

El dominio del balón con el pie es fundamental en el fútbol, ya que permite realizar regates, pases o disparos a portería. Los jugadores más completos también tienen un buen dominio de la pelota con el pecho y con la cabeza, lo que les permite ser efectivos en el juego aéreo.

Dado el carácter asociativo del fútbol, el pase es el auténtico fundamento del juego. Para transferir la posesión del balón a otro jugador se utilizan todas las superficies del pie e incluso la cabeza. Habitualmente el pase apunta hacia un jugador desmarcado, pero los grandes centrocampistas asombran al público con sus pases «al hueco»: desplazan el balón hacia una zona del terreno en la que no parece haber nadie y a la que llega de pronto un compañero corriendo desde atrás. Se llama centro al tipo de pase en el que se deja el balón cerca de la meta contraria, en perfectas condiciones para que un delantero efectúe un disparo o remate a gol, ya sea con los pies o con la cabeza.

Un ejemplo magistral de conducción y dribling: el gol de Messi ante el Getafe (Copa del Rey, 2007)

Todos los jugadores han de dominar tanto las técnicas de control del balón como las de conducción. El control del balón es fundamental en la recepción del balón tras un pase. Hay dos tipos: control simple, realizado con la sola voluntad de frenar el impulso del balón y apropiárselo, y control orientado, en el que, además de dominar la pelota, se pretende que el esférico quede en una determinada posición para poder jugarlo a conveniencia. El pecho, la cabeza, las piernas y, en especial, la parte interior del pie y los muslos son superficies habituales en los controles.

Los jugadores con buena conducción son capaces de correr con el balón pegado a los pies sin perder la posesión del mismo. A los centrocampistas y especialmente a los delanteros se les exige además ser diestros en el dribling o regate, acción de desborde individual que permite sortear a uno o más defensas rivales y seguir avanzando. Entre las acciones defensivas más características cabe citar el corte o intercepción del balón jugado en ataque por el contrario, y el despeje, que aleja todo lo posible el balón de la propia portería, lanzándolo si es preciso fuera de los límites del terreno de juego.

Bases tácticas del fútbol

Contrariamente a lo que muchos creen, la táctica en fútbol no se reduce a la disposición inicial de los jugadores sobre el terreno de juego (defensas, centrocampistas y delanteros), sino que hace referencia a todos aquellos movimientos colectivos, desde los más simples a los más complejos, que un equipo realiza premeditadamente. Cuando dichos movimientos parten de una situación de balón parado (córners, faltas, saques de banda), se habla no de táctica, sino de «jugadas de estrategia».

Entre los elementos tácticos más destacados cabe citar el marcaje defensivo y el desmarque ofensivo. Mediante el marcaje se intenta evitar que los atacantes avancen hacia la portería o reciban el balón. En el marcaje «al hombre» o individual, cada jugador se encarga de vigilar específicamente a un adversario en concreto; en el marcaje zonal o por zonas cada defensor se encarga de proteger una zona determinada del terreno de juego, con independencia de los contrarios que la ocupen; el marcaje mixto es una combinación de ambos.

El desmarque, por contra, es un movimiento táctico ofensivo que intenta desbaratar el marcaje del rival: uno o más atacantes se separan rápidamente de los defensores para poder recibir el balón; aunque no logren su objetivo, atraen sobre sí a los defensores, creando espacios vacíos que otros atacantes pueden aprovechar para desmarcarse. Todo ello conduce a un constante ciclo de movimientos (desmarque-marcaje) entre atacantes y defensores, aun cuando la pelota esté en el centro del campo. De un desajuste defensivo puede surgir una oportunidad de gol; de ahí la importancia que entrenadores y expertos conceden a saber «jugar sin balón», es decir, a saber marcar y desmarcarse, acciones que requieren visión de juego y conllevan un considerable desgaste físico.

Otra táctica igualmente defensiva, aunque más activa, es la presión sobre los rivales en una zona más avanzada del campo con el objeto de arrebatarles el balón; si los adversarios logran superar la línea de presión, tiene lugar el repliegue o retroceso del equipo hacia posiciones defensivas. Un ataque que fracasa debido a una inesperada pérdida del balón puede conducir a un contragolpe o contraataque, una acción ofensiva de carácter sorpresivo que se lleva a cabo con escasos efectivos y máxima celeridad, aprovechando los amplios espacios vacíos dejados por la posición adelantada del rival.

Los apoyos y las coberturas, por último, son acciones características de los juegos de equipo. El jugador que posee el balón ha de recibir apoyos, es decir, contar con compañeros que se acercan a su posición y se sitúan en situación óptima para recibir el balón. Cuantos más apoyos reciba el poseedor del balón, más opciones de pase tendrá y, en consecuencia, más posibilidades habrá de que el equipo siga con el control del esférico. La coberturas serían el equivalente defensivo de los apoyos: uno o varios compañeros ayudan a otro en su labor de marcaje para que, en caso de ser superado por el jugador rival, éste se encuentre inmediatamente con un nuevo obstáculo.

Sistemas de juego

El nivel y la calidad de un equipo dependen de la técnica individual de cada jugador, pero también de su idoneidad para desempeñar las funciones propias de la posición que se le asigna y de la coordinación y subordinación de las aptitudes personales a la filosofía del grupo. En función de su plantilla, los entrenadores desarrollan tácticas y sistemas de juego que ayuden a conseguir la máxima eficacia y dificulten las tareas del contrario. Dentro de todos los sistemas de juego se dan múltiples variantes, relacionadas con la vocación ofensiva o defensiva del equipo, con las características individuales de los propios jugadores y también con el sistema de juego del contrincante.

Los cambios que ha experimentado el fútbol en el sistema de juego, desde sus inicios hasta nuestros días, han sido muy importantes. Ya a comienzos del siglo XX existía una estructuración en las posiciones de los jugadores sobre el terreno de juego, con unos que defendían y otros que atacaban. Pronto aparecieron las tres líneas típicas de este deporte: defensa, media y delantera. Al principio, las combinaciones incidían sobre todo en el aspecto ofensivo, colocando en el ataque a muchos jugadores y a muy pocos en las labores defensivas. La estructura en líneas de los jugadores fue adquiriendo progresivamente un mayor equilibrio; aumentó el número de defensores, se pobló más la línea media y se redujo la cantidad de delanteros.


Variantes del esquema 4-4-2

En 1930 el entrenador de un equipo inglés, el Arsenal, desarrolló el primero de los grandes sistemas tácticos existentes: la distribución en W/M. En defensa, los jugadores adoptan la situación en M, mientras que, en ataque, el sistema se convierte en W (3-2-2-3). En los años 50 y 60 predominó la disposición 4-2-4 al estilo de Brasil (cuatro defensas, dos centrocampistas y cuatro delanteros), aunque paralelamente se desarrollaron sistemas fuertemente defensivos (el «cerrojo» o catenaccio), con disposiciones con cinco defensas (5-3-2 o 5-4-1), que fiaban la victoria en los contraataques. Posteriormente se ha dado más importancia a los centrocampistas, aumentando su número hasta cuatro. Las combinaciones más habituales actualmente van del equilibrio del 4-3-3 a la orientación más ofensiva del 3-4-3 o conservadora del 4-4-2.

En realidad, el fútbol que se practica hoy en día valora en especial a los jugadores polivalentes, capaces de defender y atacar; un ejemplo pueden ser los «carrileros», defensas laterales que se incorporan al ataque. De esta forma se pueden acumular muchos jugadores en las acciones de ataque y, cuando el equipo pierde la posesión del balón, un número importante de futbolistas pasa a realizar funciones defensivas. Ciertamente, aunque los métodos varíen, el objetivo siempre es lograr la superioridad numérica en todos los sectores del campo: en la zona defensiva para evitar el peligro en el área propia, en el medio campo para recuperar el balón o avanzar hacia el área contraria, y en la zona ofensiva, para marcar goles.

Los equipos europeos han basado tradicionalmente su juego en el factor físico y el orden táctico, mientras que los americanos basan sus estrategias en la técnica o calidad individual. Equipos de estos dos continentes han dominado tradicionalmente las competiciones internacionales, aunque, en los últimos años, los equipos africanos y asiáticos han irrumpido con fuerza en el fútbol internacional.