Alcides Arguedas

(La Paz, 1879 - Chulumani, 1946) Poeta, novelista y ensayista boliviano. Alcides Arguedas es el primero de los grandes representantes de la corriente indigenista que, dentro de la narrativa hispanoamericana, convivió durante las primeras décadas del siglo XX con la novela realista. En sus inicios formó parte del grupo de poetas modernistas con una obra no muy significativa, pero pronto irrumpió con éxito en la escena literaria a través de su prosa, convirtiéndose a partir de su novela Raza de bronce (1919) en una figura fundamental para la comprensión del indigenismo, tendencia en la que se encuadrarían autores tan relevantes como el ecuatoriano Jorge Icaza y el peruano Ciro Alegría.


Alcides Arguedas

Historiador y diplomático, Alcides Arguedas es considerado uno de las más destacados pensadores sociales bolivianos; a través de sus investigaciones y trabajos literarios, analizó de forma exhaustiva las características nacionales de su país. El reconocimiento previo a su obra más emblemática, Raza de bronce (1919), lo obtuvo con la publicación de títulos como Pisagua (1903), Wata-Wara (1904), Vida criolla (1905) y el ensayo Pueblo enfermo (1909), en que ya se preveían los caminos de su obra posterior y que le valió un reconocimiento internacional que tuvo eco a través de Miguel de Unamuno desde España.

De hecho, Pueblo enfermo se publicó en Barcelona con un prólogo del escritor Ramiro de Maeztu que destacaba la relación existente entre la obra de Alcides Argüedas y la de su propio grupo generacional. Pueblo enfermo significó el primer análisis descarnado de su país con el objetivo de buscar las posibles soluciones a los innumerables males existentes. En primer lugar, el autor expone en esta obra las características del medio físico y sus posibilidades o dificultades geográficas, problemas a los que añade la "educación defectuosa e incompleta".

El ensayo deriva después en un inventario de desdichas donde se apunta el llamado "problema étnico", en un acercamiento al carácter y a la psicología nacional, donde no parecen tener cabida la estabilidad y la armonía social necesarias para hablar de progreso, en un escenario dominado por el caudillismo, la inmoralidad y la violencia. Al final del libro, Alcides Arguedas expone una suerte de remedios basados en la educación, la creación de una conciencia solidaria, una "seleccionada inmigración" y determinadas medidas económicas, entre otras posibilidades que le llevaron, para terminar, a la exposición del programa regeneracionista del español Joaquín Costa.

Raza de bronce (1919) fue considerada la novela fundacional de la corriente indigenista de la literatura hispanoamericana y consagró a su autor entre las figuras imprescindibles dentro del conjunto de las letras bolivianas. Sin duda fue su obra maestra, y en ella relató de un modo extraordinariamente brillante el levantamiento de la comunidad indígena de Kohakuyo, al tiempo que desarrollaba las constantes temáticas que caracterizaron la citada corriente, como la explotación y opresión de los indios por parte de los latifundistas blancos, la corrupción de las clases dirigentes y la lucha y el odio entre razas y clases. Todo ello supuso la toma de conciencia de una población e inauguró una nueva y distinta literatura, en la que el narrador, merced a su fuerza imaginativa, enriqueció considerablemente la dureza de la realidad que retrataba con un estilo modernista y ornamentado que se sirvió de la propia exageración de lo descrito para aumentar todavía más el peso de su mensaje.

Raza de bronce se divide en dos partes. En la primera, titulada "El Valle", mediante la presentación de la heroína Wata-Wara y de su amado Agiali, Alcides Arguedas introduce al lector en el paisaje del lugar, a través de una descripción donde lentamente lo bucólico deja paso a las dificultades geográficas del medio. El segundo libro, "El Yermo", acelera la acción y proporciona una base real a la fábula novelesca. Para concluir, Arguedas introduce un final épico cuyo sentido de venganza purifica los hallazgos de toda la obra.

Su singular producción significó el comienzo del fin de la polémica entre modernistas y antimodernistas y dejó una profunda huella que marcó a sus sucesores en las letras bolivianas, sobre todo en lo que respecta a la relación de la escritura con el compromiso y el combate político. Sus títulos posteriores, ensayos históricos y sociales, no llegaron a ser comparables a su obra maestra, pero fueron igualmente significativos: Historia de Bolivia (1922), Los caudillos letrados (1924) y algunos volúmenes de memorias como La danza de las sombras (1934), así como un vasto Epistolario.

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