Eugene Braunwald

(Viena, 1929) Cardiólogo estadounidense. Eugene Braunwald nació en Viena (Austria) en 1929, en el seno de un hogar judío. La ocupación nazi llevó a su familia a huir del país y a establecerse en Nueva York. En la escuela fue un alumno brillante, al tiempo que sus padres le transmitían el amor por el aprendizaje y el ansia de conocimientos.

Completó fácilmente sus estudios de secundaria, aunque siempre echó de menos las diversiones de las que disfrutaban otros adolescentes. De hecho, los conciertos de música clásica de Arturo Toscanini, su músico favorito, fueron una de sus pocas distracciones en un período marcado por el arduo trabajo.

Cuando aún estaba en el instituto consiguió un asiento de primera fila para presenciar uno de los conciertos para radio de la orquesta sinfónica de la NBC, dirigido por el legendario director italiano. A partir de entonces presenció cerca de un centenar de los conciertos dirigidos por Toscanini. Mientras estudiaba en la Facultad de Medicina de Nueva York, su pasión por la música le llevó a participar como extra en algunas producciones de la Ópera Metropolitana, entre ellas Aída.


Eugene Braunwald

En su época de estudiante, Braunwald se esforzó con la energía ilimitada que siempre lo caracterizó. Así, el que fuera el último alumno en ser admitido en la Facultad de Medicina de Nueva York se convertiría en el primero de su promoción. En la facultad tuvo la suerte de recibir clases de dos premios Nobel, el fisiólogo y farmacólogo de origen alemán Otto Loewi y el bioquímico español Severo Ochoa, e impresionó a algunos de sus profesores como Dean Saul J. Farber, con quien Braunwald empleaba su tiempo libre en realizar investigaciones de laboratorio. «Quería identificar problemas importantes, y yo sabía que su curiosidad e imaginación le llevarían lejos», dijo de él en una ocasión este profesor.

Tras graduarse, trabajó como médico residente en el Hospital Johns Hopkins en Nueva York. A los treinta años ya era jefe de cardiología del Instituto Nacional del Corazón, y una década después fue uno de los presidentes fundadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de California en San Diego. También desempeñó un papel destacado en la creación del Partners HealthCare System, una red integral de asistencia sanitaria, y entre 1972 y 1996 dirigió el Departamento de Medicina del Brigham and Women’s Hospital, adscrito a la Facultad de Medicina de Harvard, al tiempo que tutelaba la formación de nuevos especialistas.

Pionero en el campo de la cardiología

Sus primeros trabajos científicos mostraron el papel de los desequilibrios hormonales en el cerebro en relación con la deficiencia cardíaca. Pero fue 1971 el año que marcó un hito en su currículo y en el panorama científico, cuando descubrió que los ataques al corazón eran el resultado de un deterioro progresivo.

Las conclusiones de una investigación financiada por el Instituto Nacional de Salud en la que había empleado cinco años fueron determinantes para fomentar estudios sobre las pautas que minimizan la severidad del fallo cardíaco, a base de identificar las funciones de este órgano vital antes y después del ataque, así como las principales causas que agravaban la enfermedad según los pacientes.

A partir de 1984 dirigió los ensayos clínicos de trombosis en el infarto del miocardio en el centro hospitalario mencionado, una actividad que no abandonó ni después de jubilarse. En 1992 publicó junto al doctor Jeffrey Pfeffer, profesor de la Facultad de Medicina de Harvard, el primer estudio en humanos que indicaba que los inhibidores ACE (medicamentos para el tratamiento de la presión sanguínea) eran eficaces en la mejora de la supervivencia de los pacientes que habían sufrido un infarto. Aquel estudio, conocido como SAVE, fue considerado uno de los más revolucionarios en salud cardiovascular, puesto que presentaba al fármaco captopril como una nueva opción de tratamiento de la enfermedad coronaria capaz de salvar muchas vidas; los datos presentados señalaban que el fármaco reducía el riesgo de padecer infartos en un 25 %.

La amplitud y la profundidad de sus investigaciones quedaron probadas en más de mil artículos publicados en revistas especializadas. Además, fue editor de una serie de textos de medicina interna y de cardiología, y uno de los principales redactores del Harrison. Manual de medicina interna, obra indispensable para los cardiólogos y utilizado en todas las escuelas de medicina del mundo, en la que trabajó desde la sexta edición, en 1966. Asimismo, publicó el célebre Tratado de cardiología (1975).

La importancia de la prevención

Braunwald siempre mantuvo como premisa que la prevención era la asignatura pendiente en cardiología, y por ese motivo se dedicó a investigar sobre «el cuarto anillo» para reducir la enfermedad coronaria. El primer anillo lo formaba la lucha contra las cifras muy elevadas de colesterol en sangre; el segundo demostró que los enfermos coronarios con colesterol elevado tratados con estatinas tenían mucho mejor pronóstico que los que no lo recibían; el tercero probó que los fármacos pueden tener su razón de ser, incluso en personas asintomáticas pero con el colesterol elevado. El que halló Braunwald en la frontera del siglo XXI indicaba la utilidad del tratamiento con estatinas a la hora de prevenir un segundo problema cardíaco, incluso en enfermos con cifras de colesterol que se consideran normales.

Preocupado por corregir las deficiencias de financiación del Sistema Nacional de Salud, Braunwald mantuvo durante toda su vida una férrea lucha contra el tabaco y la obesidad, a su juicio, los mayores peligros para la salud pública. En este sentido, llegó a afirmar que ambos elementos sumaban «la mejor combinación para matar gente en el mundo, hasta más que una guerra». Y calificó la enfermedad coronaria como una patología propia de «personas que tienen demasiado, que tienen en exceso», alentada por «excesos en la alimentación, alto consumo de carbohidratos y sodio, combinados con emociones como el coraje y la hostilidad».

Miembro de la Academia de las Ciencias estadounidense, recibió innumerables premios y honores. La Universidad de Harvard, de cuya Facultad de Medicina fue profesor distinguido, creó en 1996 el galardón Eugene Braunwald Professorship de Medicina, una mención que se otorga con carácter anual. Por su parte, la Asociación Estadounidense de Cardiología inició en 1999 la entrega del premio Eugene Braunwald Academic Mentorship, para reconocer a jóvenes promesas en el ámbito de la investigación coronaria.

Educador exigente y autor prolífico, Braunwald ha dedicado su vida a investigar nuevos campos en el tratamiento de los ataques cardíacos, sin duda la patología más mortífera de las sociedades avanzadas contemporáneas.

El descubrimiento de que un ataque al corazón es una enfermedad progresiva y de que la intervención médica oportuna puede reducir las lesiones en este órgano vital convirtieron a Eugene Braunwald en uno de los expertos que revolucionaron el tratamiento del ataque cardíaco. Autor prolífico, este profesor de la Universidad de Harvard (Boston) supo entretejer la medicina teórica y práctica en sus investigaciones sobre cardiología, la especialidad que le ocupó en una trayectoria profesional marcada por la búsqueda de nuevos tratamientos para reducir el efecto de la enfermedad cardiovascular.