Paul Bremer

(Hartford, 1941) Político estadounidense que dirigió la Autoridad Provisional de la Coalición en Iraq tras la invasión estadounidense de 2003, que supuso el derrocamiento de Saddam Hussein. Mantuvo tal cargo hasta junio de 2004, momento en que fue devuelta la soberanía al país.


Paul Bremer

Lewis Paul Bremer, también llamado Jerry Bremer, nació el 30 de septiembre de 1941 en Hartford (Connecticut), en el seno de una familia de clase media. Licenciado por la Universidad de Yale en 1963, obtuvo un máster en administración de empresas (MBA) por la Universidad de Harvard en 1966, el mismo año en que ingresó en el cuerpo diplomático (Foreign Service) y fue destinado a Kabul (Afganistán). Completó su formación en el Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de París.

Durante veintitrés años Bremer fue funcionario del Departamento de Estado, estuvo destinado en las embajadas de Afganistán y Malawi y fue encargado de Negocios en Oslo (1976-1979). En 1981 fue designado director de la Oficina de Crisis del Departamento de Estado, que funciona durante las veinticuatro horas del día, hasta que el presidente Ronald Reagan lo nombró en 1983 embajador en los Países Bajos y en 1986 embajador itinerante encargado de las cuestiones de terrorismo. Fue ayudante y consejero de seis secretarios de Estado.

Paul Bremer abandonó la diplomacia en 1989. Durante once años fue jefe del gabinete Kissinger y Asociados, un bufete de consulta y orientación dirigido por el ex secretario de Estado Henry Kissinger para asesorar a las empresas multinacionales, y desde 1993 formó parte del equipo de consejeros del presidente Bill Clinton en cuestiones de seguridad.

Política y globalización

En 1999 volvió al servicio oficial y fue designado presidente de una comisión constituida en la Cámara de Representantes para estudiar todo lo concerniente al fenómeno terrorista. Poco antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, en un informe premonitorio, advirtió de que Estados Unidos, si no mejoraba sus defensas contra las nuevas y sofisticadas formas del terrorismo, corría el riesgo de sufrir dentro de su territorio un atentado de dimensiones catastróficas que podría causar miles de muertos.

Como la política suele ser un trampolín para los negocios, y viceversa, en octubre de 2001 fue nombrado presidente ejecutivo de una filial del gigante de los seguros Marsh and Lennan Co., la Crisis Consulting Practice, que fue diseñada precisamente para «capitalizar la nueva atmósfera del miedo en las salas de juntas de las grandes empresas estadounidenses». También fue director de Air Products and Chemical y perteneció al consejo de control del grupo químico Azko.

En un estudio titulado Nuevos riesgos en los asuntos internacionales, Paul Bremer defendió que la expansión de las políticas de libre comercio relacionadas con la globalización debía ser defendida de los ataques terroristas. La empresa Crisis Consulting Practice se especializó en ayudar a las multinacionales a alcanzar soluciones integradas y globales para sus problemas, desde las amenazas terroristas al fraude contable. Gracias a la estratégica alianza con Vesar, otra firma estadounidense dedicada a la prevención de los riesgos biológicos y químicos, los clientes de ambas compañías reciben servicios globales contraterroristas. Iraq es un campo abonado para esos servicios.

Al frente de la Autoridad Provisional

En junio de 2002, el presidente George W. Bush lo nombró miembro de su equipo de asesores en cuestiones de seguridad del territorio. Defendió una línea de máxima firmeza contra los países acusados por Washington de apoyar el terrorismo internacional, incluyendo la captura o el asesinato de Osama bin Laden y demás dirigentes de Al Qaeda en cualquier lugar del mundo. En su opinión, el terrorismo no tiene sus raíces en el conflicto palestino-israelí, sino en todas las frustraciones que alimentan el integrismo islámico.

La decisión de Bush de nombrarlo máximo representante de Estados Unidos en Iraq fue aconsejada por el vicepresidente Dick Cheney, deseoso de pacificar las relaciones en el seno del gobierno, entre los departamentos de Defensa y Estado, y con el Congreso, cuyas comisiones habían expresado su preferencia para que la gestión de la reconstrucción económica y política de Iraq fuera encomendada al secretario de Estado, Colin Powell, y no al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.

Al designar a un diplomático de carrera, aunque ideológicamente próximo a los estrategas del Pentágono y a los especialistas del contraterrorismo, Bush evitó un conflicto entre los responsables civiles y militares de la ocupación y la reconstrucción. Paralelamente, un administrador civil sería un interlocutor más aceptable para los países susceptibles de contribuir con tropas y dinero a la reconstrucción y para el representante del secretario general de las Naciones Unidas, el también diplomático Sérgio Vieira de Mello.

Investido con todos los poderes, Bremer llegó a Bagdad el 12 de mayo de 2003 y tomó posesión como jefe de la Coalition Provisional Authority (CPA) o Autoridad Provisional de la Coalición, cuya gestión es supervisada por el Departamento de Defensa. Aunque Bremer no pertenece a la cadena de mando militar, se encontraba bajo la autoridad del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y éste, a su vez, era responsable ante el presidente Bush.

Su nombramiento satisfizo tanto al Departamento de Estado, que lo consideraba uno de los suyos, como al Pentágono, cuyo jefe máximo era el principal abogado de la doctrina intervencionista y de la teoría que considera el fenómeno del terrorismo como la mayor amenaza para la economía capitalista globalizada y la hegemonía estadounidense.

En sus primeras declaraciones en Bagdad, Bremer aseguró que «la coalición no vino a colonizar Iraq, sino a derrocar a un régimen despótico, y esto es lo que hemos hecho. Ahora nuestro trabajo consiste en ayudar al pueblo iraquí a controlar su propio destino», concluyó. Pero se abstuvo de cualquier pronóstico sobre el calendario de una devolución del poder a un gobierno iraquí elegido democráticamente, de la que dependería, en último extremo, el éxito de su misión.

La Autoridad Provisional de la Coalición actuaba administrativamente a través de la Oficina para la Reconstrucción y la Asistencia Humanitaria (ORAH), que bajo la dirección del general Jay Garner continuaría ocupándose de la logística de la reconstrucción, incluido el mantenimiento del orden público. Zalmay Khalilzad, embajador especial de Bush para organizar la transición política, debía negociar con los dirigentes iraquíes. Garner y Khalilzad estarían bajo la autoridad de Bremer. El país quedó dividido en tres regiones o sectores de ocupación.

Una gestión compleja

Las primeras decisiones de Bremer incluyeron la disolución del ejército iraquí, del partido Baas, de los ministerios de Defensa e Información, de los aparatos de seguridad del antiguo régimen y de todas las instituciones controladas por los hijos de Saddam Hussein, cuyos bienes fueron expropiados.

El 22 de junio ordenó la reanudación de las exportaciones de petróleo. También ofreció una recompensa de 25 millones de dólares por cualquier información que pudiera conducir a la captura del dictador iraquí y de sus hijos o susceptible de confirmar su muerte durante la guerra (los dos hijos de Saddam, Udai y Qusai, fallecieron realmente el 22 de julio en un enfrentamiento con las tropas estadounidenses).

Ante la complicada situación sobre el terreno, Bremer nombró el Consejo Provisional Iraquí, formado por 25 miembros, administración transitoria representativa de todos los sectores políticos, religiosos y étnicos, que tomó posesión el 13 de julio en Bagdad. La tarea que aguardaba al procónsul constituía un reto sin precedentes, pues, lejos de limitarse al mero control militar y económico de Iraq (el plan autorizaba la propiedad extranjera hasta el 100% en todos los sectores económicos iraquíes excepto los recursos naturales [petróleo]), pretendía servir de ejemplo y plataforma desde la que promover cambios sustanciales en el Próximo Oriente.

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