Eugène Carrière

(Gournay-sur-Marne, 1849 - París, 1906) Pintor francés. Criado en el seno de una familia de comerciantes de escasos medios económicos, su familia se trasladó a Estrasburgo, donde, a pesar de no manifestar especial interés por el arte, se matriculó en la escuela de dibujo de la ciudad. Aunque durante su formación tampoco mostró entusiasmo por las artes plásticas, Eugène Carrière finalizó sus estudios como alumno aventajado y obtuvo todas las menciones honoríficas de la escuela.

En 1864 comenzó a cultivar la litografía, en la que se inició como aprendiz para luego establecerse en San Quintín. Su viaje a París en 1869 despertó en él su vocación artística, tras su visita al museo del Louvre, que aprovechó para estudiar las obras de los grandes maestros, con especial predilección por Rubens. Ese mismo año se matriculó en la Academia de Bellas Artes. Llamado a filas en 1870, durante la Guerra Franco-Prusiana, al poco tiempo de incorporarse a las luchas fue hecho prisionero en Neuf-Brisach e internado en un campo para prisioneros en Dresde. Con la finalización del conflicto, Carrière regresó a París e ingresó en 1870 en el taller de Cabanel. Posteriormente presentó obra al concurso de Roma, aunque no fue seleccionado.


Maternidad, de Eugène Carrière

En 1877 contrajo matrimonio, y tras una breve y desafortunada estancia en Londres, regresó a París. Hasta el año de 1885, en el que se inició su período de éxito, realizó dibujos de encargo para sobrevivir, pero a partir de este año su reconocimiento público se concretó al adquirir el Estado francés una de sus obras (Enfant malade). En 1889 llegó su consagración, al recibir la Medalla de Honor de la Exposición de 1889. Un cáncer de garganta provocó su fallecimiento en 1906.

En la producción de Eugène Carrière, influida por el Romanticismo, destacan especialmente los retratos. Sus figuras estáticas y pasivas, instaladas sobre fondos nebulosos, y resueltas con una paleta cada vez mas restringida en colorido, evocan un romanticismo fantástico. Su obra fue criticada con el argumento de que se trataba de un pintor más preocupado por el efectismo que por la búsqueda de nuevas soluciones pictóricas.

Carrière redujo progresivamente su gama cromática hasta alcanzar casi el monocromatismo; asimismo, manifestó su predilección por los ocres en sus cuadros y el gris para sus litografías. Los fondos desvaídos de los que surgen sus figuras provocaban en el espectador un agradable efecto de irrealidad que, si bien le garantizó el éxito público de su obra, quedó reducido a una fórmula que explotó hasta el final. Algunos de sus cuadros más característicos son el célebre Retrato de Paul Verlaine (1890), La joven madre y Maternidad.

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