Juan de la Cierva y Peñafiel

(Murcia, 1864 - Madrid, 1938) Político español. Padre del inventor Juan de la Cierva, ocupó importantes puestos en las administraciones de los presidentes Marcelo Azcárraga, Raimundo Fernández Villaverde y Antonio Maura.


Juan de la Cierva y Peñafiel

Perteneciente a una familia de clase media-alta, Juan de la Cierva y Peñafiel inició sus estudios en su ciudad natal. Terminado el bachillerato, se trasladó a Madrid con el fin de estudiar la carrera de derecho. Tras obtener la licenciatura y doctorarse en el colegio español de San Clemente de Bolonia, regresó a su ciudad natal, donde comenzó a ejercer como abogado, especializándose en derecho criminal.

Muy pronto inició su carrera política. Miembro del Partido Conservador y monárquico convencido, gracias a su prestigio fue elegido diputado provincial. Nombrado concejal en el año 1894, un año después fue elegido alcalde de Murcia. En 1896 obtuvo un escaño en el Congreso de los Diputados, por lo que tuvo que trasladarse una vez más a Madrid, donde en el año 1902 fue nombrado director general de los Registros.

Hombre destacado en las filas de su partido, con fama de honrado, fue nombrado gobernador civil de Madrid en 1903; desde este puesto, Juan de la Cierva llevó a cabo una importante reforma de la policía. Un año después el presidente Marcelo Azcárraga lo nombró ministro de Instrucción Pública, puesto en el que continuó tras la llegada al poder de Raimundo Fernández Villaverde, aunque poco tiempo después tuvo que dimitir tras producirse una importante huelga de estudiantes.

En 1907 se inició el denominado Gobierno largo de Antonio Maura, y Juan de la Cierva y fue nombrado ministro de Gobernación. Durante los años que permaneció en el cargo emprendió importantes reformas con las que pretendía mejorar las costumbres de los españoles. Elaboró una estricta reglamentación para controlar el horario de apertura y cierre de locales públicos, como teatros, cafés y tabernas; reglamentó la prostitución y, tras encargar la redacción de un informe sobre el funcionamiento de la policía en otros países, decidió aplicar algunas reformas, e impuso como condición necesaria para ascender dentro del cuerpo la realización de un examen ante un tribunal.

Decidido a modernizar España, Juan de la Cierva y Peñafiel aumentó los presupuestos de la sanidad pública y potenció la vacunación masiva contra el cólera, que en años anteriores había afectado a muchas provincias españolas; inició además algunas reformas sociales, destinadas a reducir la enorme presión que ejercían las clases trabajadoras en todo el país. Por último hay que destacar que, tras fundar el Instituto Nacional de Previsión, intentó llevar a cabo la modernización del servicio estatal de Correos y Telégrafos.

Los sangrientos acontecimientos de la Semana Trágica de Barcelona, en el año 1909, provocaron las protestas de muchos ciudadanos y congresistas, lo cual tuvo como consecuencia inmediata la caída del gobierno de Maura. Tras la destitución de su jefe político, Juan de la Cierva ejerció un discreto papel en el Congreso, siendo contadas las ocasiones en las que intervino en los debates parlamentarios. En estos años retomó su carrera como abogado y participó en algunos juicios muy populares en la época.

Tras los años de la dictadura de Primo de Rivera, el rey Alfonso XIII intentó dar mayor estabilidad a la monarquía, y Juan de la Cierva ocupó nuevamente cargos de importancia en la administración del país. En el último gobierno configurado por el monarca ocupó el Ministerio de Fomento, puesto que tuvo que abandonar precipitadamente tras la proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931. Debido a su pertenencia al Partido Conservador, se vio obligado a exiliarse en la localidad francesa de Biarritz, donde permaneció hasta noviembre de 1933, fecha en la que regresó para participar en las elecciones celebradas ese mismo año.

El estallido de la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936, lo sorprendió en Madrid, y se vio obligado a refugiarse en la embajada de Noruega, puesto que su vida corría grave peligro. En la embajada, la escasez de medicinas y las privaciones a las que se vio sometido por causa de la guerra empeoraron su salud, y murió a la edad de setenta y cuatro años, el 11 de enero de 1938. Su muerte fue prácticamente ignorada en Madrid, pero en las zonas controladas por el ejército sublevado del general Francisco Franco se sucedieron los homenajes hacia su persona.

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