Marion Cotillard

(París, 1975) Actriz francesa, ganadora en 2008 del Oscar de Hollywood por su interpretación de la legendaria cantante Edith Piaf en La vida en rosa. Considerada la “nueva novia francesa de América”, parece destinada a encarnar el mismo papel público que en otro tiempo representaron sus ilustres compatriotas Simone Signoret y Brigitte Bardot.


Marion Cotillard

Su padre, Jean-Claude Cotillard, era actor y realizador, y su madre, Niseema Theillaud, era también actriz y profesora de arte dramático. Dos años después de Marion nacieron sus hermanos, los mellizos Guillaume y Quentin. No es de extrañar que la pasión por la interpretación le viniera desde su más tierna infancia, más aún teniendo en cuenta que todavía siendo una niña participó en diversas producciones en las que trabajaban sus padres. La actriz declararía, ya en su edad adulta, que Niseema fue su primera influencia artística.

Con sólo diecinueve años y con la única experiencia de algunas teleseries, la joven actriz de ojos grises fue galardonada con el primer premio de arte dramático en el Conservatorio de Orléans. Ese mismo año rodó su primera película, L’histoire du garçon qui voulait qu’on l’embrasse. En aquella época no era extraño verla presentarse con una enorme voluntad a docenas de castings, convencida de que tenía que volcarse en cada uno de los pasos que habían de llevarla a ser una actriz de éxito. Audrey Dana, compañera de profesión y de estudios, la recuerda como una joven extremadamente ambiciosa y segura de sus posibilidades.

A ese filme le sucedieron en 1996 la comedia Comment je me suis disputé… (ma vie sexuelle) y Planeta libre. No fueron éxitos internacionales, pero le sirvieron para que Gérard Pirès se fijara en ella y la llamara para rodar Taxi (1998). Gracias a este filme fue nominada en 1999 al César a la mejor actriz revelación. Para hacerse una idea de la inflexión que Taxi supuso en la carrera de Cotillard, basta reparar en un dato: entre 1998 y 2001 participó en nada menos que 14 producciones distintas entre cine y televisión. El hecho de que el filme hubiera sido producido por Luc Besson, el realizador y productor francés más internacional del momento, ayudó sin duda a potenciar la carrera de Marion. De hecho, el filme tendría dos secuelas (Taxi 2, en el año 2000, y Taxi 3, en 2003), en las que la actriz también participaría.


La actriz en Taxi (1998)

En 2001 apareció en el filme Les jolies choses, un trabajo que le resultaría útil a largo plazo, ya que tuvo que recibir clases de canto aceleradas para aprender en poco más de un mes. En 2003 le llegó la primera oportunidad de trabajar en una producción estadounidense. Se trataba de Big Fish (2003), un filme de Tim Burton protagonizado por Albert Finney en el que daba vida a Josephine, una joven francesa. Aunque no llegó a recibir ningún premio por este rol, le sirvió para introducirse en una industria que, a priori, no le seducía demasiado (“Me interesan mucho más los directores que Hollywood”, declaró).

Aunque siguió trabajando regularmente para el cine, no abandonó las teleseries, una actividad que mantendría hasta 2005 y que alternó con filmes como Innocence (2004), Fair Play (2005) o Un buen año (2006), protagonizado por Russell Crowe. Pero sin duda el filme que le reportaría mayor popularidad sería La vida en rosa, un biopic de Edith Piaf dirigido en 2007 por Olivier Dahan, un realizador sin excesiva proyección internacional, conocido por la secuela de Los ríos de color púrpura. Dahan aseguró que durante el casting se decidió por la parisiense porque sus ojos le recordaban “totalmente” a los de la malograda cantante francesa.

Curiosamente, aunque Cotillard afirmó haber conocido la mayoría de los acontecimientos de la vida de Piaf la primera vez que leyó el guión, lo cierto es que se mimetizó con el personaje de una forma absoluta. Inicialmente analizó las inflexiones de Edith Piaf en varias de las películas que ésta rodó y en gran parte de las entrevistas filmadas. Después, durante el rodaje, aseguró sentirse cada día sobre la cuerda floja, ya que una personalidad tan fuerte como la de Piaf tentaba a exagerar la interpretación. Sin embargo, el rol se apoderó completamente de la parisiense y el resultado fue un clamoroso éxito de público y crítica, inicialmente en festivales (Cannes, premio actriz revelación; Cabourg, mejor actriz; Palm Springs, mejor interpretación; Vancouver, mejor actriz) y luego en las salas comerciales. A ello hay que añadir un Satellite Award, un César, un EFA, el Globo de Oro de la crítica de Estados Unidos, un BAFTA, una ovación de quince minutos en Berlín… y el Oscar a la mejor actriz principal.


Marion Cotillard como Edith Piaf
en La vida en rosa (2007)

Con el reconocimiento de la Academia de Hollywood se convirtió en la primera actriz que lograba este premio por una película francesa. Para comprender la dimensión de este reconocimiento excepcional debe tenerse en cuenta que han sido escasísimos los actores que a lo largo de la historia han logrado un Oscar al mejor actor o actriz trabajando en una película de habla no inglesa: Sofia Loren en 1960, Roberto Benigni en 1999 y, apurando mucho, Robert de Niro en 1975 (su parte en el filme de Francis Ford Coppola El Padrino II era en italiano) fueron los únicos precedentes.

A principios de marzo de 2008, Cotillard volvió a la primera plana de la actualidad por razones no artísticas, al hacerse público un vídeo en el que la actriz, en una entrevista para el programa Paris Première, se declaraba partidaria de la “teoría de la conspiración” para explicar los atentados del 11 de septiembre de 2001 atribuidos al líder de la organización terrorista Al-Qaeda, Osama bin Laden. Sus dudas razonables acerca de la transparencia informativa de los medios estadounidenses (“Tampoco estoy segura de que el hombre haya puesto jamás el pie en la luna”) propiciaron que algunos comentaristas cinematográficos llegaran a plantearse el futuro profesional de Cotillard en Hollywood.

Sin embargo, la opinión pública no parecía demasiado proclive a modificar su imagen de “sirenita francesa”. Marion Cotillard se había convertido en uno de los rostros más populares de la década a pesar de lo que dentro del paradigma ideológico estadounidense podían parecer “veleidades izquierdistas”. De momento, su siguiente paso profesional fue el rodaje del filme de gánsteres Enemigos públicos (2009), dirigido por Michael Mann y con el concurso de Johnny Depp y Christian Bale. Y el futuro inmediato estaba también comprometido con otra producción “made in USA”: se trataba de Nine (2009), un remake de la obra maestra de Federico Fellini Ocho y medio que rodó a las órdenes de Rob Marshall y contó con un reparto repleto de nombres estelares, con actrices de la talla de Sofia Loren, Penélope Cruz, Nicole Kidman y Catherine Zeta-Jones.

Cotillard es miembro de la organización ecologista Greenpeace y una gran fan del cantante canadiense Hawksley Workman; ha aparecido en dos de los videoclips de este artista de pop influido por la música de cabaret. Empadronada aún en la capital francesa, su “aterrizaje” americano no le ha quitado el interés por la vida política de su país, que asegura seguir muy de cerca.

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