Maria Edgeworth

(Black Bourton, Oxfordshire, Inglaterra, 1767 - Edgeworthstown, Irlanda, 1849) Novelista irlandesa de estimables e innovadoras dotes narrativas. Observadora atenta de la sociedad y las costumbres regionales, en El castillo de Rackrent (1800) representó la vida irlandesa del siglo XVIII, y en El absentista (1812) denunció las relaciones entre aldeanos irlandeses y propietarios ingleses. Su producción comprende obras de pedagogía como Educación práctica (1798), escrita en colaboración con su padre y que influyó en la reforma educativa británica, cuentos infantiles (El ayudante del padre o Historias para muchachos, colección aparecida entre 1796 y 1800) y otras novelas como Belinda (1801), La moderna Griselda (1804), Leonora (1806) y Helen (1834).


Maria Edgeworth

Hija de una familia ilustrada, Maria Edgeworth cultivó la compañía mundana, aunque tras formarse en Inglaterra volvió a su hogar irlandés en 1792, para hacerse cargo de sus numerosos hermanos. Lectora de Jean-Jacques Rousseau, publicó junto a su padre, para difundir las ideas de éste sobre la educación, Letters to Literary Ladies (1795), en la que expuso sus puntos de vista sobre la educación femenina, Educación práctica (1798), texto con innovadoras propuestas pedagógicas, y The Parent's Assistent or Stories for Children (1796), colección de narraciones infantiles que fue apareciendo hasta 1800 en seis tomos.

En 1800 apareció su primera novela, Castle Rackrent (El castillo de Rackrent), cuyo subtítulo es Cuento sacado de los hechos y costumbres de los señores irlandeses, antes del año 1782. En sus páginas, quizás por primera vez en la historia de la novela, se despliega la historia de una familia durante un extenso período; fue elogiada por Sir Walter Scott, quien admitió que había seguido su modelo de indagación ficticia del pasado.

Maria Edgeworth rechazó una propuesta de matrimonio del conde de Edelcrantz, vinculado a la corona de Suecia; tal episodio inspiró su novela Leonora (1806). Más tarde publicó dos novelas sobre la realidad social de Irlanda, The Absentee (El absentista, 1812) y Ormond (1817). Tras la muerte de su padre en 1817 menguó el ritmo de su producción; completó y presentó las memorias paternas (Memoirs of Richard Lovell Edgeworth, 1820) y, excepto en los períodos de algunos viajes al extranjero y de sus visitas a Londres, vivió hasta su muerte en Edgeworthstown, dedicada al cuidado de su numerosa familia.

Existe cierta coincidencia en señalar las novelas El castillo de Rackrent (1800) y El absentista (1812) como lo más sobresaliente de su producción. En El castillo de Rackrent (Castle Rackrent), el aldeano Thomas Quirk, cuyo hijo Jason conseguirá posesionarse de las tierras de los amos, cuenta las proezas de los sucesivos señores del castillo, y consigue de este modo dar una representación vivísima de la vida irlandesa del siglo XVIII. Tras la muerte de Tallyhoo Rackrent, le sucedió en la propiedad del castillo y en el nombre sir Patrick O'Shaughlin, hospitalario y divertido amigo de la buena mesa que acabó por morir cantando, después de una de sus solemnes comilonas. Su sucesor, sir Murtagh, después de una vida transcurrida entre causas y pleitos, murió a consecuencia de la excitación causada por un terrible altercado con su mujer: "se le rompió un vaso sanguíneo y toda la ley del país no pudo hacer nada en este caso".

Después vino sir Kit, gran duelista, que murió con una "bala en la parte vital"; a su partida, los más afligidos fueron los que habían hecho apuestas por su victoria. De las gestas de sir Candy, joven oficial y gran jugador, es cómica y patética la escena en que pide respuesta a un medio penique lanzado al aire para decidir si deberá casarse o no con la joven de la cual se siente enamorado, la sobrina de Thomas Quirk; la respuesta de la moneda fue negativa. Las deudas contraídas por la manía del juego le decidieron, para evitarse las probabilidades de ir a la cárcel, a entrar en el Parlamento. Es ingeniosísimo el relato de la campaña electoral, que lleva a la completa ruina las finanzas del candidato. La última acción de su vida fue apostar a que vaciaba de un solo trago un cuerno lleno de ponche hasta los bordes; ganó la apuesta, pero perdió la vida. Walter Scott fue pródigo en alabanzas para la autora, "rebosante de buen humor, de ternura patética y de admirable buen gusto" y afirmó que había logrado "dar a conocer a los ingleses el carácter de sus alegres y cordiales vecinos de Irlanda".

El absentista (The Absentee) tiene en cambio un carácter de panfleto contra los lores latifundistas, que llevaban una vida lujosa y extravagante en Dublín y en Londres mientras los desgraciados arrendatarios eran víctimas de agentes ladrones y abusadores. Lord Clonbrony, uno de estos propietarios absentistas, es jugador y derrochador y vive en Londres, con su frívola mujer, víctima de gorrones y leguleyos. Su vulgar consorte se siente humillada de figurar como irlandesa y se convierte en objeto de burla de las damas inglesas a las que en vano trata de imitar.

Les salva de la ruina su hijo, un perfecto caballero que se casa con una heredera irlandesa y se convierte en lord Colambre. Éste, al visitar de incógnito las posesiones de su mujer y de su padre, conoce a un campesino modelo, Mr. Burke, que, sin embargo, ha sido denunciado al propietario y está a punto de ser despedido, mientras el agente de su padre, Garraghty, deshonesto e inicuo expoliador de los arrendatarios, está a punto de suplantar al propietario en el dominio de sus bienes. Lord Colambre, revelando inesperadamente su identidad, confunde al agente deshonesto y a su cómplice, St. Dennis, precisamente en el momento en que están engañando arrogantemente a los intimidados arrendatarios.

Algunos de los caracteres de los aldeanos, humildes, modestos, llenos de corazón, confiados y al mismo tiempo dignos, son de los más conseguidos por la pluma de Maria Edgeworth. Entre las intrigas secundarias figuran las relaciones del futuro lord Colambre con miss Nugent, con quien se casará después de una historia de amor complicada por obstáculos de carácter social y financiero. Pese a la denuncia, El absentista es sobre todo un cuadro de costumbres y de ambiente, cuya viveza deriva del perfecto conocimiento que la autora tenía del aldeano irlandés y de los propietarios ingleses. La minuciosa observación de Edgeworth ejerció también influencia en Scott.