Jaume Ferrer Bassa

(?, 1285 - Barcelona, 1348) Pintor y miniaturista catalán. Dirigió un activo taller en el que también trabajó su hijo Arnau, y gozó de un prestigio enorme en su tiempo, pero tan sólo se conserva una obra de atribución segura: los frescos de la capilla de San Miguel en el claustro del monasterio de Pedralbes. Esta obra, en la que resulta evidente la influencia de Giotto, hace que se le considere el principal representante del estilo italianizante en la Corona de Aragón y que se especule con un posible viaje a Italia antes de su realización, fechada entre 1345 y 1346. Trabajó esencialmente al servicio de los reyes de la Corona de Aragón, para los que se cree que realizó numerosas obras no conservadas, en particular retablos. Cultivó con igual maestría la pintura sobre tabla y al fresco y la miniatura, campo este último en el que destaca la decoración de los Usatges y del Libro de horas de la reina María de Navarra. Se cree que falleció durante la epidemia de peste de 1348.


Pinturas de Jaume Ferrer Bassa en la capilla de
San Miguel (Monasterio de Pedralbes, Barcelona)

Padre del también pintor Arnau Bassa, Jaume Ferrer Bassa estableció su taller en Barcelona, a poca distancia del Palacio Real y de la catedral. Su primera referencia documental data de 1324, año en que le fue encargada la decoración mural de dos capillas de la iglesia antigua de Sitges (Barcelona), aunque no vuelve a aparecer en las fuentes hasta 1333, fecha en la que comienza a recibir encargos de Alfonso IV el Benigno y de su hijo Pedro IV el Ceremonioso. En ese lapso de tiempo pudo efectuar algún viaje a centros sieneses y florentinos, hecho que parecen corroborar algunos rasgos de su estilo. De modesta posición social durante toda su vida, falleció como consecuencia de la epidemia de peste de 1348.

De entre las obras conservadas y atribuidas a Jaume Ferrer Bassa, la única que es indudablemente de su autoría es la decoración mural al óleo de la capilla de San Miguel en el monasterio de Pedralbes (Barcelona), estancia que fue celda-oratorio de la abadesa Francesca de Saportella i de Pinós, sobrina de la reina Elisenda. Consta de veintidós composiciones que representan ocho escenas de la Pasión de Jesucristo, los siete gozos de la Virgen María e imágenes de santos. Las pinturas le fueron encargadas en 1343 y trabajó en ellas hasta 1346.

Tomando como base esta obra, se atribuyen a Ferrer Bassa el retablo de la Coronación de la Virgen en Bellpuig de les Avellanes (Lérida), que desapareció en 1936, y el cuerpo lateral de un retablo con dos escenas referentes a la vida de San Bernardo de Claraval, de procedencia desconocida, que se conserva en el Museo Episcopal de Vic. Entre sus obras desaparecidas están los dos retablos encargados por Pedro IV para la Capilla Real del palacio de la Aljafería de Zaragoza, el del castillo de Perpiñán (Francia) y el cuadro principal de la capilla del Palacio Real de Barcelona (1344).

La técnica de Ferrer Bassa es la de un pintor formado como muralista; en sus pinturas destacan como rasgos principales la espontaneidad, la difusión cromática carente de durezas y contrastes, la vida interior y el sentimiento contenido que emanan sus personajes y, sobre todo, la individualización y expresividad de los rostros, características en las que es patente la influencia de Simone Martini y Pietro Lorenzetti. Está considerado, junto con su hijo, el introductor en la escuela de Barcelona del estilo italo-gótico, que difundió gracias a su intervención como pintor áulico en las iglesias palatinas del reino de Aragón.

Jaume Ferrer Bassa destacó también como iluminador de códices, pues contribuyó de forma importante a la formación del gran scriptorium de Barcelona. De sus trabajos únicamente se han conservado el libro Usatges de Barcelona i Costums de Catalunya (1335), escrito por Ramón Vinader para Alfonso IV, y un Libro de Horas conservado en la Biblioteca Marciana de Venecia que perteneció a María de Navarra, esposa de Pedro IV, y que probablemente es el mismo que el rey pidió en una carta fechada en 1342. Se le atribuye también la iluminación de la Crónica de Jaime I (Biblioteca de la Universidad de Barcelona), datada en 1343. Sus miniaturas se asemejan, estilísticamente, a las atribuidas al llamado maestro de San Marcos, aunque esta identificación parece contradictoria al comparar estas obras con las del monasterio de Pedralbes.

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