Louis Feuillade

(Lunel, 1874 - Niza, 1925) Director de cine francés. Tras estudiar en un seminario católico de Carcassonne, marchó a París, ciudad en la que trabajó en una editorial. Cultivó luego el periodismo, colaborando principalmente en una revista satírica en sus inicios y aportando posteriormente sus textos a diversas publicaciones; este periodo de aprendizaje le serviría para consolidar y acreditar sus buenas dotes como narrador.


Louis Feuillade

En 1905 fue contratado por León Gaumont para escribir guiones cinematográficos. La suerte hizo que Alice Guy, por aquel tiempo una afamada directora de la productora Gaumont, dejara su puesto vacante y recomendara al productor que contara con Feuillade para sustituirla. Así fue como Louis Feuillade comenzó a rodar sin descanso, hasta llegar a convertirse en un prolífico creador: a partir de su primera película firmada, La porteuse de pain (1906), se acumularían tumultuosamente en su historial un largo número de títulos que abordaban todo tipo de temas y géneros: comedias, aventuras, películas históricas y filmes policiacos.

Pero más allá de esta variada actividad, el nombre de Louis Feuillade se asocia al cine de episodios, y ciertamente destacó por encima de sus coetáneos en el formato del serial cinematográfico. Abordó, entre otros, temas infantiles (la serie Bébé, 1910-1913) y temas realistas (La vie telle quelle est, 1911-1913), que tuvieron desigual fortuna en sus estrenos. Sin duda, estos trabajos le dieron la seguridad que necesitó para emprender empeños mayores, como Fantomas (1913), Los vampiros (1915) y Judex (1916).

Las novelas populares de los escritores Pierre Souvestre y Marcel Allain le permitieron tratar con cierto realismo, y en cinco partes, las aventuras de Fantomas (1913); en ellas no sólo destacó el enigmático protagonista, sino también los escenarios en donde se desarrollaron los momentos de cada historia. Mientras la Primera Guerra Mundial alcanzaba su momento más crítico, y tras abandonar el frente por razones de salud, Louis Feuillade desarrolló plenamente la estructura y el concepto de serial en Los vampiros (1915), historia de un grupo de bandidos planteada a lo largo de diez episodios. El rodaje en exteriores le ayudó a conseguir un ambiente más efectista, en el que fueron apareciendo intérpretes desconocidos, pero también otros más importantes en la época; Feuillade aprovechó el retorno del frente de batalla de algunos actores para introducirlos en la trama que estaba rodando en aquellas fechas.


Judex (1916), de Louis Feuillade

Feuillade aprovechó el éxito que la historia de Judex, de Arthur Bernéde, estaba teniendo en las páginas del Le Petit Parisien para promover su adaptación cinematográfica. A lo largo de los doce episodios de Judex (1916), Feuillade planteó una historia desde el punto de vista de los defensores de la ley, algo que sorprendió en parte a sus seguidores, ya que sus películas se habían centrado mucho más en los malhechores. Con varios de sus actores más asiduos, como Marcel Lévesque, el niño René Poyen o la actriz Musidora, recreó una serie de situaciones en las que Judex se enfrenta a su máximo enemigo, el banquero Fravraux, todo ello en un ambiente realista no exento de tonalidad fantástica, con mucha acción y fácil seguimiento.

Es un hecho que Feuillade supo aprovechar el éxito del relato por entregas para sacarle más fruto con su traslación a la pantalla. El público conocía muy bien la historia y la podía seguir sin problemas. En este sentido, cabe señalar que el director supo congeniar muy bien la escasez de recursos con que contaba para el rodaje con el interés mostrado por el público hacia ciertos temas o personajes. En este sentido, lo que quizá llama más la atención es que, tras el éxito de Bébé, aprovechase un episodio de esta serie, el titulado Bébé, Bout-de-Zan et le voleur (1912), para preparar el camino para la producción de una amplia serie sobre ese personaje infantil. Si Bébé alcanzó los 75 títulos, Bout-de-Zan llegó a superar los cincuenta episodios.

Louis Feuillade dio una respuesta inteligente, constructiva y repleta de imaginación al cine de episodios de los años diez. Llama la atención que sus historias se acercaran a los hechos cotidianos con una gran dosis de realismo, descubriendo todo lo mágico, poético y sorprendente que hay en ellos. Supo aunar criterios comerciales y estéticos mientras estuvo al frente de la producción de la Gaumont y fue, quizá, el primer director que demostró que la calidad de una película no dependía de la mayor o menor inversión en recursos; todo lo contrario, con poco también se podía hacer mucho. Por eso, y sin lugar a dudas, su nombre ocupa un lugar destacado en este campo.

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