Georges Feydeau

(París, 1862-Rueil, 1921) Dramaturgo francés. En el género de la comedia ligera de vodevil, fue el digno heredero de Labiche. Sus mejores obras son Sastre para señoras (1886), La dama de chez Maxim (1899) y La pulga en la oreja (1907).


Georges Feydeau

Hijo del novelista Ernest Feydeau, Georges Feydeau descuidó sus estudios para consagrarse al teatro. Con posterioridad a su producción inicial, integrada por monólogos y piezas en un acto, empezó a componer "pochades" y "vaudevilles". Se inspiró en Scribe y Labiche y, con su vis cómica, su aguda observación, la pureza de su lenguaje y un innegable dominio de la escena, dio la máxima perfección al género del vodevil. Se hizo pronto célebre incluso fuera de Francia.

Sus primeros intentos fueron alentados por Eugène Labiche; pero las dos primeras comedias, Le Diapason y Amour et Piano, representadas en 1883, pasaron desapercibidas. Su primera gran obra, Sastre para señoras, representada en 1886, fue muy bien acogida. En 1892 se estrenó también con gran éxito Monsieur chasse. Feydeau alcanzó la máxima perfección técnica en el género gracias a la agudeza del lenguaje y al estudio en profundidad de los caracteres, patentes en una serie de obras: Champignol a su pesar (1892), L´Hôtel du libre-échange (1894), La dama de chez Maxim (1899) y Ocúpate de Amelia (1908).

Champignol a su pesar (1892), por ejemplo, es una obra cuya comicidad bufa se eleva a una graciosa sátira de las extravagancias de la vida de cuartel, lo que hace de ella una de las más ingeniosas farsas militares. Representado en París en 1892, este vodevil en tres actos tiene como personajes principales al famoso pintor Champignol, a su esposa y al vizconde de Saint-Florimond, enamorado de la señora Champignol.

Ciertas circunstancias obligan al vizconde a hacerse pasar por el marido, y bajo esta personalidad es hallado en casa de la señora por los gendarmes que van a detener a Champignol para llevarle al regimiento donde tiene que prestar servicio durante trece días. Pero el pintor, que se había olvidado de dicha obligación, vuelve a tiempo para dirigirse presuroso al regimiento, donde, debido a ello, hay dos Champignol, de los cuales el verdadero sufre todos los males que le corresponderían al falso.

También La dama de chez Maxim (1899) es uno de los ejemplos más perfectos de técnica vodevilesca y una muestra eminente del género que tuvo su maestro en Eugène Labiche, y el modelo en el Sombrero de paja de Italia. No faltan expedientes de grosera vistosidad ni situaciones inextricables, reunidas con tal destreza y justificadas con tal agudeza de observaciones que los efectos cómicos más extravagantes resultan naturales. Es la farsa típica, perfecta, en la que la persona humana obra con la desnuda e incongruente rigidez de un polichinela, fuera de las leyes normales de la verosimilitud, con un lenguaje de afilada expresividad, rico en rasgos satíricos, con frecuencia bien dirigidos. De esta obra se hizo una película que lleva el mismo título.

El vodevil en tres actos y cuatro cuadros Ocúpate de Amelia (1908) es considerado la obra maestra de Georges Feydeau. Estrenado en París, en el Théâtre des Nouveautés, el autor hace gala de un rigor y de una precisión implacables en el modo de mover los personajes y en la composición de las situaciones, conduciéndoles de la mano, firmemente, hacia una solución plausible. Se añade a ello un diálogo vivo, chispeante, directo, precipitado, plagado de palabras y recursos del autor a menudo cómicos, que hacen perdonar la psicología, pobre a veces, de los personajes.

En Le Bourgeon (1906) y La main passe (1907), Feydeau abordó la verdadera comedia, pero tuvo más éxito con las farsas conyugales en un acto: Feu la mère de Madame, On purge bébé (1910), Mais n'te promène donc pas toute nue! (1912). Comparado al Molière de El burgués gentilhombre, la originalidad de Feydeau consistió en mostrar, a través de la comicidad y la bufonería, una verdad psicológica; su captación de los convencionalismos burgueses y su sobriedad lingüística han permitido equipararlo a autores como Antón Chejóv o Henrik Ibsen. Muchas de las obras citadas siguen siendo todavía representadas y varias de ellas han inspirado películas de notable éxito.

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