Filarete [Antonio Averulino]

(Antonio di Pietro Averlino o Averulino; Florencia, c. 1400 - Roma, c. 1469) Arquitecto, escultor y broncista italiano. Trabajó en Florencia, en Roma y en Milán, donde construyó el hospital mayor (1456-1465), obra en la que introdujo la planta de cruz griega inscrita en un cuadrado. Su Tratado de arquitectura (1460-1464) es una apología de los principios renacentistas y uno de los primeros tratados de urbanismo de la época moderna.


Ilustración del Tratado de arquitectura (1464)
de Antonio Averlino

El escultor y arquitecto florentino Antonio Averlino, llamado Filarete, fue considerado por el historiador André Chastel el más romántico y exuberante de los discípulos de Brunelleschi. Conocido particularmente por su Tratado de arquitectura (donde reflexionó sobre la ciudad ideal, tema teórico que preocupó a los grandes arquitectos del quattrocento), se formó en el taller de Lorenzo Ghiberti y pasó a Roma, donde trabajó para el papa Eugenio V en la puerta de bronce de la antigua Basílica de San Pedro (1433-1445).

La puerta de bronce de Filarete se encuentra actualmente en la entrada central de San Pedro, tras atravesar el pórtico de trece metros y medio de profundidad. En tiempos de Paulo V se añadieron los cuerpos superior e inferior para adaptarla a su nueva ubicación, como puede leerse en la misma. Originalmente constaba de los seis recuadros que representan, de izquierda a derecha y de arriba a abajo, Jesucristo, la Virgen María, San Pablo (con los atributos de la espada y el vaso místico), San Pedro entregando las llaves a Eugenio IV, el juicio, decapitación y aparición de San Pablo y el martirio de San Pedro.

En las franjas de la puerta se amontonan numerosas escenas y personajes extraídos de la mitología greco-romana, de la Metamorfosis de Ovidio y de las Fábulas de Esopo. Plantas, faunos, retratos de emperadores y de personajes de la época y escenas mitológicas como la de Leda y el cisne, el rapto de Ganímedes o Teseo y el minotauro aparecen representados entre el follaje, al lado de pájaros, caracoles y soldados, en abigarrado desorden. El trabajo, que le llevó doce penosos años, tuvo aportaciones y consejos de Donatello, quien se hallaba por aquellas fechas en Roma, pero, a diferencia de las obras de éste, Filarete no consigue desprender del fondo sus figuras, que poseen un carácter plano y apelmazado.

Tras esta etapa en Roma está documentado el paso de Antonio Averlino por Florencia, Venecia, Milán y Bérgamo. Reclamado en Milán por Francesco Sforza, trabajó en la capital lombarda casi hasta su muerte, aunque posiblemente su obra más destacada no sea un edificio sino su Tratado de arquitectura (1464), el primero en su género redactado en lengua vulgar.

Los veinticinco libros de que se compone el Tratado de arquitectura, si bien están escritos con bastante torpeza, aportan un sorprendente despliegue de ilustraciones con construcciones de arquitecturas fantásticas y recargadas, que debían formar parte de la ciudad ideal de Sforzinda. Esta urbe imaginaria, concebida como materialización de la utopía humanista que debía inspirar a todo príncipe del Renacimiento, suscitó el interés de importantes gobernantes de la época, y no pasó desapercibida para un artista como Leonardo da Vinci.

Pocas fueron las obras que en verdad llevó a cabo Antonio Averlino en Milán, al parecer debido a las malas relaciones que mantuvo con los maestros locales. Probablemente diseñó la torre central con terrazas de la fachada del castillo Sforzesco en torno a 1455, al tiempo que se levantaban los imponentes bastiones circulares de las esquinas, con almohadillado en forma de diamante. Es seguro que en 1456 inició la construcción del Hospital Mayor, donde pretendía desarrollar un vasto cuadrilátero con dos cuerpos en forma de cruz y nueve patios con galerías apoyadas sobre finas columnas, tipología que tuvo una gran repercusión posteriormente.

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