José Luis Garci

(José Luis García Muñoz; Madrid, 1944) Director, guionista y productor de cine español. Nacido en el seno de una familia humilde, desde muy pequeño asistió a los cines de programa doble que había en su barrio, como muchos niños de su época, con el fin de pasar el tiempo de una manera entretenida. Tras finalizar sus estudios de bachillerato y preuniversitario entró como administrativo en una entidad bancaria, actividad que le permitió ampliar sus conocimientos de cine, escribir muchos artículos que no publicó, además de asistir a los principales festivales cinematográficos y dar sus primeros pasos en revistas especializadas como Signo, revista SP, Cinestudio o Reseña, entre otras.

A partir de 1969 se inició en la escritura de guiones, siguiendo el consejo que le dieron José María González Sinde y Antonio Mercero. Firmó El cronicón (1969), de Antonio Giménez Rico, y La casa de las chivas (1971), de León Klimovski. Pronto obtuvo un resonante éxito por el guion escrito con Mercero titulado La cabina (1972), un excelente trabajo para televisión que recibió un Emmy. Su trabajo como guionista fue evolucionando al participar en textos que dirigieron Pedro Olea (No es bueno que el hombre esté solo, 1972) y Eloy de la Iglesia (Una gota de sangre para morir amando, 1973).

Inició una nueva etapa al lado del productor José Luis Dibildos, fructífera en todos los sentidos porque Garci pudo aprender de un maestro del cine, de una persona que conocía al detalle cada uno de los pasos que hay que dar en la planificación y realización de proyectos cinematográficos. En este sentido Vida conyugal sana (1973) y Los nuevos españoles (1974), ambas de Roberto Bodegas, sirvieron para descubrir un cine comercial de gran interés (y que se denominó "Tercera vía") en el que Garci participó activamente como guionista.

Esta experiencia le permitió hacer propio el deseo de su amigo Sinde de asumir una serie de cortos para su productora X Films. Garci dirigió ¡Al fútbol! (1975), su primera decepción; Mi Marilyn (1975), por el que recibió numerosos premios; y Tiempo de gente acobardada (1976), que no tuvo el eco esperado. No obstante, estos pasos le dieron la soltura que necesitaba para dirigir largometrajes, trayectoria que inició también con Sinde en Asignatura pendiente (1977) y Solos en la madrugada (1978), películas interesantes, con argumentos sólidos que resultaron de gran atractivo en el cine de la transición, cuando los jóvenes deseaban recuperar, en un nivel personal, un tiempo no vivido y la experiencia de encuentros frustrados, mientras que en un nivel político ansiaban la libertad de hablar de algunos temas de reciente actualidad (no tenía otro sentido el utilizar como personajes a un abogado laboralista y un director de un programa de radio que es simpatizante de izquierdas).

Tampoco perdió la oportunidad de abordar otros asuntos más vinculados al desarrollo social de la España de la época (Las verdes praderas, 1979), en los que se pretende dibujar el perfil de cierta clase social que encuentra un acomodo en un estilo de vida que, más allá del aparente progreso (una dependencia consumista condicionada por el ambiente de trabajo de un joven ejecutivo) se vuelve rutinario y hace perder los valores que dan vida a la pareja protagonista. Todas estas películas estuvieron muy vinculadas a la progresión temática y comercial de la denominada "Tercera vía", aunque avancen un poco más en temas que, por otro lado, abundan en cuestionamientos y tópicos utilizados demagógicamente.

Tras fundar con José Esteban Alenda la productora Nickel Odeon S.A. en 1980, inició su producción con una excelente película, El crack (1981), con Alfredo Landa en uno de sus mejores papeles, un acercamiento al cine negro cuyo éxito vino a confirmar su pasión por el cine estadounidense, y que intentó consolidar en una continuación de menor calado (El crack II, 1983).

No obstante, su nombre saltó al escenario internacional al obtener el Oscar por su película Volver a empezar (1982), un filme nostálgico que le llevó a mantener una línea muy personal a partir de entonces, continuando con una producción equilibrada (Asignatura aprobada, 1987) y con historias repletas de matices cinematográficos de calidad que, sin embargo, le han situado en un camino sin sobresaltos que debilita la fuerza interior de las mismas, más allá de una forma correcta y una producción bien controlada que se aprecia en la fotografía y la ambientación de sus trabajos (Canción de cuna, 1994, premio del Jurado en el festival de Montreal; El abuelo, 1998; Historia de un beso, 2002).

Garci desarrolló una intensa carrera literaria desde los primeros años de la década de los setenta, recibiendo varios premios (el Nueva Dimensión, el Puerta de Oro de relatos, el González-Ruano de Periodismo, o el del Círculo de Escritores Cinematográficos, entre otros), línea que desarrolló posteriormente con la creación de su propia editorial, Nickel Odeon Dos, desde la que impulsó una revista con el mismo título y una colección de libros. También mantuvo una trayectoria bien consolidada en televisión, medio para el que trabajó como coguionista en la serie Plinio, guionista de La cabina y La Gioconda está triste, además de realizar dos entregas de Historias del otro lado y, desde 1995, dirigir su popular programa ¡Qué grande es el cine! en Televisión Española dedicado al cine internacional y español.

Aunque recibió el premio Nacional de Cinematografía en 1992, Garci arrastró y mantuvo, desde años antes, la incomprensión y una cierta tirantez con la administración del gobierno y con otros profesionales del cine español, situación que se ha prolongado en el tiempo más de lo debido, aunque sus películas fueron nominadas como candidatas de la Academia de las Artes y la Ciencias Cinematográficas de España a los Oscar de Hollywood.

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