Paul Gauguin

(París, 1848 - Atuona, Polinesia francesa, 1903) Pintor francés, uno de los principales representantes del postimpresionismo. Hijo de un periodista francés y con sangre peruana por parte de madre, su familia hubo de huir a Lima tras el golpe de Estado de Napoleón III (1851). Cuando era todavía un adolescente, Paul Gauguin se enroló en la marina mercante; tras regresar en 1871 a París, entró a trabajar en una empresa financiera de la capital, contrajo matrimonio y llevó una vida acomodada.


Autorretrato (1893) de Paul Gauguin

En esta época Paul Gauguin empezó a desarrollar un fuerte interés por el arte, que le llevó a tomar clases de pintura y a reunir una copiosa colección de obras impresionistas que incluía trabajos de Édouard Manet, Paul Cézanne, Claude Monet y Camille Pissarro. En 1875 trabó conocimiento personal con este último y empezó a trabajar con él; resultado de tan fecunda colaboración fue la invitación a participar en la quinta Exhibición Impresionista de 1880, que sería reiterada en los dos años siguientes.

En 1883, su creciente interés por la pintura se unió al desplome de la Bolsa parisina para conducirle a tomar la decisión de dedicarse íntegramente a la actividad artística. Al año siguiente se trasladó a Copenhague, residencia familiar del padre de su esposa, en busca de apoyo económico, pero su empeño fracasó rotundamente y poco después abandonaría a esposa e hijos.

A partir de ese momento Gauguin vivió en la penuria, rechazado por una sociedad que con anterioridad le había abierto los brazos y que en breve iba a aborrecer. Entre 1886 y 1888 su obra experimentó un giro radical, cuyo origen cabe buscar en dos experiencias vitales de gran importancia: su encuentro con Vincent van Gogh y su primer viaje a la Martinica.


Mujeres tahitianas con flores de mango (1899), de Paul Gauguin

Paul Gauguin conoció al pintor holandés en París y quedó fuertemente impresionado por el modo en que éste conseguía plasmar sus inquietudes vitales en unos lienzos rebosantes de expresividad. En 1888 incluso se desplazó a Arlés con la intención de trabajar conjuntamente con Van Gogh, pero las incompatibilidades de carácter dieron espectacularmente al traste con el proyecto al cabo de tan sólo unas pocas semanas.

Poco antes, Gauguin se había trasladado durante un tiempo a la colonia francesa de la Martinica, donde había descubierto un paisaje repleto de sensual colorido y una sociedad, la indígena, en estrecha convivencia con la naturaleza. Ambos factores se unieron para despertar en el artista una aguda nostalgia por lo primitivo, cauce en el que iba a encontrar una vía idónea para expresar una emotividad no contaminada por el naturalismo propio del arte refinado.

Tras su desastrosa experiencia con Van Gogh en Arlés, Gauguin regresó a París, donde su interés por las formas del arte popular se acrecentó por vía de su amistad con el joven artista Émile Bernard. De resultas de sus propias experiencias en la Martinica y del aporte teórico de Bernard iba a surgir el sintetismo, estilo personal caracterizado por la representación no imitativa y la separación de la imagen pictórica en zonas de color fuertemente contrastadas y a menudo delineadas en negro.


Mujeres en la playa (1892), de Paul Gauguin

Dicho estilo, con su rechazo frontal al uso de trucos formales para recrear la percepción visual, significó una ruptura absoluta, desde el punto de vista conceptual, con el impresionismo que había abrazado anteriormente, razón por la cual la moderna historiografía del arte ha situado su producción más significativa en el postimpresionismo, etiqueta que también se aplica a maestros como Vincent van Gogh y Paul Cézanne, aunque apenas comparten otro rasgo que no sea el abandono parcial o total del ideario estético impresionista.

Entre 1891 y 1903 Paul Gauguin efectuó largas estancias en Tahití y las islas Marquesas, donde su primitivismo fue atemperándose al abrirse a la influencia de neoclásicos como Jean Auguste Dominique Ingres o contemporáneos como el nabi Pierre Puvis de Chavannes. Este proceso corrió de la mano de un creciente refinamiento tonal y de la presencia en su producción de una aura onírico-poética que en modo alguno parece reflejar la enfermedad y los conflictos personales (particularmente sus enfrentamientos con las autoridades locales en defensa de las comunidades indígenas) que marcaron los últimos años de su vida.

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