Rex Harrison

(Reginald Carey Harrison; Huyton, 1908 - Nueva York, 1990) Actor de teatro y cine británico. Volcado desde muy joven en el mundo del teatro, interpretó sus primeras obras con el Liverpool Repertory Theatre, tras lo cual probó fortuna en algunas de las primeras películas sonoras que se hicieron en su país.


Rex Harrison

Desde Storm in a Teacup (1937), como compañero de Vivien Leigh y con dirección de Victor Saville, Rex Harrison demostró su dominio de los escenarios y su naturalidad en los decorados más diversos; acreditó asimismo su capacidad para interpretar distintos tipos de papeles, aunque se distinguió especialmente en lo que se ha dado en denominar «alta comedia», con textos de autores como Oscar Wilde, Bernard Shaw y otros. Lo mismo sucedió en el cine: su interpretación de rey asiático en Anna y el rey de Siam (1946) -cuya segunda versión sería protagonizada por Yul Brynner y Deborah Kerr-, hizo que el público reparara en el actor, que inició su escalada hacia la cima en esta película dirigida por John Cromwell, que protagonizó junto a Irene Dunne.

Actor extremadamente culto e ingenioso, Rex Harrison poseía un raro encanto personal que le hacía resultar muy atrayente tanto en el escenario y en las pantallas como en el trato personal. Alto y delgado, la ironía de su mirada y su sonrisa, así como su discreción en el vestir, le convirtieron en uno de los actores de más espontáneo atractivo, sin necesidad de recargar en nada su compostura. Respondía a la imagen típica del caballero británico: sabía mantener las distancias, sin dejar por ello de ser afable en su corrección. En el recuerdo queda su actuación en El fantasma y la señora Muir (1947), un film que hoy permanece injustamente olvidado, en el que compartía protagonismo con la bella Gene Tierney, de la mano del también refinado Joseph L. Mankiewicz.


Con Gene Tierney en El fantasma y la señora Muir (1947)

Hacia mediados de los sesenta realizaría algunas de las interpretaciones más populares de su trayectoria artística. En 1963 encarnó a Julio César en Cleopatra, uno de los rodajes más difíciles y costosos de toda la historia del cine, hasta el punto de que estuvo a punto de llevar al desastre a la productora. Aunque fue Elizabeth Taylor quien asumió el papel más importante del filme (el de la reina Cleopatra), Rex Harrison dio una auténtica lección de interpretación, ajustada a su personalidad como anillo al dedo. Pocas veces el político romano fue mejor representado, con un punto de vista que en esta versión, dirigida también por Mankiewicz, estaba más cerca de la visión de Bernard Shaw que de la de Shakespeare.

Pero fue al año siguiente, cuando Rex Harrison habría de alcanzar uno de los momentos culminantes de su carrera. George Cukor le llamó para que hiciese de profesor Higgins en la comedia musical My Fair Lady (1964), que obtuvo varios premios importantes, entre otros el Oscar a la mejor dirección artística, concedido al famoso fotógrafo y escenógrafo Cecil Beaton. Harrison tenía entonces casi 55 años y se encontraba en la cúspide de su talento interpretativo; su interpretación de un lingüista de fama mundial que se empeña en hacer una señorita refinada de una humilde florista resultó poco menos que antológica. Su oponente femenina era Audrey Hepburn, y lo que comenzaba como una relación pedagógica terminaba en una vinculación sentimental, a la que la diferencia de edad y el sutil manejo de las situaciones del experimentado Cukor dotaba de un subliminal erotismo. Basada en la obra Pygmalion, de Bernard Shaw, My Fair Lady ha quedado como una de las películas emblemáticas de los años sesenta.

En 1965 Rex Harrison asumió nuevamente otro papel memorable, no tanto por su extensión como por su inteligencia para potenciar una actuación secundaria. Esta vez era el Papa patrocinador de Miguel Ángel Buonarroti en El tormento y el éxtasis, de Carol Reed, filme que recreaba el ambiente del Renacimiento con sus intrigas y traiciones, pero también su arte y su filosofía de la vida, que fueron más que aceptablemente reflejadas. Aunque el protagonista principal era el excelente Charlton Heston, Rex Harrison sostuvo un fascinante duelo interpretativo con el estadounidense. Su Papa era refinado, cruel e irónico al mismo tiempo; un personaje que sólo un actor dotado de su capacidad podía mostrar con todo un conjunto de delicados matices. Con el paso del tiempo, las apariciones de Rex Harrison en la gran pantalla fueron espaciándose; su carrera concluyó con la película de Marvin J. Chomsky Anastasia: The mistery of Anna (1986), en que tuvo como compañeras de reparto a Amy Irving y a la veterana Olivia de Havilland.

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