Histieo

(?- c. 493 a.J.C.) Tirano de Mileto que lideró junto a Aristágoras la rebelión de Jonia contra el Imperio persa. El relativo fracaso del rey Darío I el Grande contra los escitas fue interpretado como un signo de debilidad por las ciudades griegas de Jonia. Darío I había respetado hasta entonces la religión de sus vasallos, así como sus santuarios, pero también había impuesto guarniciones y tributos, e instalado en las ciudades griegas de Jonia tiranías, más fáciles de controlar que las asambleas democráticas, lo que chocaba profundamente con el instinto de libertad propio de los helenos. En la desembocadura del río Meandro, Mileto era la más importante de las ciudades de Jonia: centro comercial y exportador que disponía de numerosas colonias, era también un baluarte de la civilización griega. Por esta razón se puso a la cabeza de la rebelión contra los persas.

El tirano de Mileto era Histieo, quien anteriormente había prestado servicios militares y en la corte, y participado en la campaña de Darío I contra los escitas. En el año 499 a.J.C., Histieo y su yerno Aristágoras llamaron a la insurrección general. Por todas partes los tiranos fieles a los persas fueron aplastados, y Aristágoras partió a Grecia, donde esperaba encontrar valiosas ayudas. Sin embargo, el momento no era oportuno, y no obtuvo más que simpatías. En Esparta, la rivalidad entre los dos reyes y la lucha contra Argos y Corinto hicieron imposible apoyar una rebelión que no afectaba directamente a los intereses de la ciudad. En Atenas, las atrayentes promesas produjeron más efecto, y la asamblea acordó el envío de veinte trirremes. Eretria, por su parte, ofreció cinco navíos, con un total de dos mil combatientes. Todo ello resultaba insuficiente para abatir al coloso persa, y ni siquiera los rebeldes estaban de acuerdo entre ellos: no todas las ciudades admitían la preponderancia de Mileto.

Un golpe de mano de los rebeldes contra Sardes provocó el incendio y la destrucción de la ciudad (498 a.J.C.). Pero el corazón del Imperio persa, Susa, a tres meses de marcha desde la costa, era inaccesible, de modo el espacio y el tiempo eran los aliados más seguros de Darío I del Grande. Los atenienses, desilusionados, abandonaron la costa, a pesar de las desesperadas llamadas de Aristágoras. Poco a poco, los persas concentraron sus fuerzas contra Mileto. En Lade, en 494 a. de C., 600 navíos persas, fenicios, chipriotas y egipcios se enfrentaron con 350 barcos griegos. El valor no fue suficiente para compensar la disparidad de fuerzas y en plena batalla se produjeron algunas deserciones. Los griegos fueron aniquilados. Mileto cayó, siendo arrasada la ciudad y exterminados o deportados sus hombres; las mujeres y los niños fueron reducidos a la esclavitud, lejos de su asentamiento, cerca de la desembocadura del Tigris. Aristágoras encontró la muerte en Tracia, mientras que Histieo fue crucificado.