Thomas Hood

(Londres, 1799 - 1845) Poeta británico. Hijo de un impresor escocés que había intentado los caminos de la literatura, pudo muy bien afirmar haber nacido "con la tinta en la sangre". Una propensión hereditaria a la tuberculosis ocasionó la muerte de tres de sus seis hermanos e hizo de su vida "una larga enfermedad". Huérfano de padre a los doce años, fue educado por dos solteras que le llevaron a estudiar a la Clapahm Academy, a la cual dedicaría el poeta una de sus odas. Luego hubo de abandonar por motivos de salud un empleo obtenido en la City y dirigirse a Dundee en busca de su restablecimiento; allí permaneció de 1815 a 1818, y escribió de vez en cuando en los periódicos locales.

Vuelto a Londres, estuvo junto a un tío grabador y descubrió definitivamente su vocación. A los veintidós años fue nombrado subdirector de The London Magazine, envidiable cargo que le valió cierta libertad económica y la amistad y el aprecio de la sociedad literaria, en la cual destacaban William Hazlitt, Thomas de Quincey y, sobre todo, Charles Lamb. Trabó con éste una íntima amistad, que determinó en la producción de Hood una influencia benéfica, sólo inferior a la de Keats. Entre 1821 y 1823 publicó algunas de sus mejores obras en el estilo de este último.


Thomas Hood

Sin embargo, nada de ello le dio el éxito alcanzado un par de años después por una pequeña colección de Odas y discursos a los grandes (1825), reveladora de una nueva inspiración sutilmente humorística y satírica; el librito, anónimo, fue atribuido por Coleridge a Lamb, y contiene una serie de composiciones en metros diversos, en las cuales se propone "captar las rarezas, los caprichos, los absurdos y las mezquindades de la presuntuosa grandeza", lo que en general logra a través del retrato de personajes conocidos o anónimos. Bajo el velo de la ironía y de la burla, en tales retratos se perciben ya las cualidades de fantasía y de comprensión humana que se revelan mejor en las obras siguientes.

Mientras tanto, en 1824, Thomas Hood había contraído matrimonio con la hermana de John Hamilton Reynolds, lo que le forzó a intensificar su labor, con desastrosos resultados en cuanto a su salud. Alentado por el éxito publicó Caprichos y rarezas, colección de poesías sobre los más variados temas que fueron publicadas en dos series (1826 y 1827). Algunos de los poemas son, como los contenidos en Odas y discursos a los grandes, esencialmente satíricos y humorísticos; en otros su humorismo llega a ser tétrico, y su ironía, concretándose en visiones fantásticas, adquiere un vigor dramático; encontramos finalmente una vena más delicada en ciertas composiciones breves.

En 1829 inició la publicación de la revista The Gem, donde apareció El sueño de Eugenio Aram (The Dream of Eugene Aram), pequeño poema de gran intensidad trágica. De 1830 a 1839 dirigió y redactó él solo una revista anual, Comic Annuals. En 1834 la quiebra de un editor lo llevó a la miseria; durante cinco años estuvo en el continente, y al final, en 1840, pudo verse libre de los acreedores gracias a la ayuda de algunos amigos. Durante un bienio dirigió The New Monthly Magazine, y un año antes de su muerte, provocada por la acentuación de su dolencia del corazón y los pulmones, fundó el Hood's Monthly Magazine, su última aventura literaria.

Algunas poesías de Thomas Hood muy celebradas en su época, como por ejemplo El lamento del trabajador (The Lay of the Labourer), El reloj de fábrica (The Workhouse Clock) y, muy especialmente, La canción de la camisa (1843) y El puente de los suspiros (1844), reflejan un interés hacia las clases humildes oprimidas por la miseria durante los años que siguieron a 1840. En la producción poética del siglo XIX, estas dos composiciones representan una forma de transición y expresan en forma poética la misma aspiración de reforma social expuesta también en las novelas de Dickens y Kingsley. No cabe exigir a este género de poesías, de tono deliberadamente popular, refinamientos de estilo o de arte; su valor estriba en el ritmo fácil y en ese acento de comunicativa sinceridad humana que las penetra, infundiéndoles vida.

Publicado en el Hood's Monthly Magazine en 1844, El puente de los suspiros es uno de los mejores poemas de tema serio de Thomas Hood. El cadáver de una joven ha sido hallado en el Támesis, y se describe cómo entre los curiosos que hacen corro a su alrededor no se eleva una palabra de piedad para aquella desgraciada que tan cobardemente se ha sustraído a la lucha por la vida. El poeta, por su parte, pide que le recojan las trenzas húmedas, que le crucen los brazos sobre el pecho y le cierren los ojos: era una mujer sola, pobre y desesperada entre la confusión de Londres, y eso es lo que la llevó a matarse: "Dejad sus pecados para el Salvador".

Más popular todavía llegó a ser La canción de la camisa, publicada en 1843 en el número de Navidad del Punch. Una pobre mujer cansada y harapienta entona, haciendo una camisa, su dolorosa canción: está agotada por el trabajo asiduo y atormentador que la ocupa desde el alba hasta el ocaso y buena parte de la noche, sin darle siquiera el mínimo indispensable para sostenerse; trabaja incesantemente entre la pobreza, el hambre, la suciedad, y le parece algunas veces estar cosiendo no una camisa, sino su propio sudario; trabaja a la tétrica luz de diciembre, en el calor del verano, cuando vuelven las golondrinas.

Nunca tiene una hora de reposo en que poder pasear entre los prados, bajo la bendita luz del cielo, recogiendo flores, como hacía antaño, antes de caer en el implacable ritmo de su mísero trabajo; y ni siquiera puede llorar pensando en el pasado, porque las lágrimas, obscureciéndole la mirada, le impedirían trabajar. Y la mujer continúa cosiendo, poco a poco, con los dedos cansados y consumidos y los ojos pesados y enrojecidos. Fue enorme la resonancia social de esta breve poesía que, ampliando a términos de piedad social el sentimiento romántico del sufrimiento individual, pareció dar voz, con sus acentos conmovedores, a la necesidad de una profunda reforma social que iba afirmándose en aquella época.

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