Ibn Sanchul o Sanchuelo

(Abd al-Rahmán Ibn Sanchul o Sanchuelo) Caudillo militar de al-Andalus, hijo de Almanzor, nacido en fecha desconocida y muerto en 1009. Gobernó desde la muerte de su medio hermano Abd al-Malik al-Muzaffar en octubre de 1008 hasta la fecha de su muerte apenas cuatro meses después. Tras su breve reinado se produjo la fragmentación del poder central de al-Andalus, iniciándose el periodo de guerra civil o fitna que terminaría con la desaparición del califato de Córdoba y el nacimiento de los primeros reinos de taifas.

Hijo del caudillo amirí, Muhammad ibn Abi Amim al-Mansur, más conocido con su nombre cristianizado de Almanzor, y de una hija de Sancho II Garcés Abarca de Navarra, fue conocido por los cronistas cristianos como Sanchuelo. Llegó al poder bajo la sospecha de haber envenenado a su hermano, aunque esta teoría no esta demostrada, en un momento en el que la situación del califato de Córdoba era muy delicada. La muerte de Abd al-Malik provocó que salieran a la luz las profundas divisiones que existían entre eslavos, que formaban parte de la guardia califal; árabes, herederos de la tradición; y bereberes, que controlaban el ejército desde que fueron reclutados en el Magreb por Almanzor.

A su llegada al gobierno como hachib, sus poderes eran absolutos, como legítimo heredero de su hermano, pero pronto se demostró su falta de conocimiento sobre los fundamentos que habían mantenido primero a su padre y después a su hermano en el poder. Amigo personal de Hisham II, compartía con él su afición por el vino y las mujeres, comportándose de manera en ocasiones excéntrica y descuidando sus funciones en el gobierno.

Una de sus primeras acciones fue convencer al califa para que le nombrara como su legítimo heredero; esto fue utilizado por sus enemigos como un arma, ya que para árabes y eslavos el cambio de la dinastía omeya por la amirí suponía una afrenta muy grave contra el orden establecido. Sanchuelo pretendía así unificar en su persona el poder espiritual, en manos teóricamente del califa, y el poder temporal, heredado de su hermano.

Su caída se precipitó por los acontecimientos ocurridos en los reinos cristianos a finales de 1008. En León, Alfonso V fue declarado mayor de edad, tras el asesinato de Mendo González, regente hasta este momento; y se preparaba para unirse a Sancho Garcia de Castilla, que había derrotado en el verano de ese mismo año a Abd al-Malik. En Navarra Sancho III el Mayor alcanzaba la mayoría de edad, siendo desde el año 1000 conde de Aragón, rey de Navarra; y a partir del año 1018 también tendría el poder en Sobrarbe y Ribagorza; éste se presentaba como un feroz enemigo ya que contrajo matrimonio con la hija mayor del conde de Castilla y era posible que entrara a formar parte de la coalición anti-musulmana. Ante tan peligroso panorama, Sanchuelo decidió prepararse para realizar una campaña militar en pleno invierno, en contra de todos los consejos que recibió de sus colaboradores.

El 15 de febrero de 1009, aprovechando la marcha de Sanchuelo hacia el norte peninsular, estalló la revuelta en Córdoba, instigada sobre todo por árabes y eslavos, que no habían podido soportar la última decisión, tomada antes de partir, del dirigente amirí que imponía a todos los dignatarios de la administración el uso del atuendo berberisco, eliminando así el tradicional bonete árabe.

Esta decisión, en principio intrascendente, suponía una afrenta muy grave para los dignatarios árabes y eslavos que estaban en la corte, puesto que opinaban que se pretendía eliminarlos del poder y que la presencia de los bereberes fuera todavía mayor. El estallido de la violencia fue conducido por Muhammad ibn Hisham, cuyo padre se había levantado contra Abd al-Malik en 1006; tras hacerse con el control de la ciudad y la toma del alcázar, obligó a Hisham II a abdicar, y se proclamó califa con el nombre de Muhammad II.

Abd al-Rahman ibn Sanchul se encontraba en plena campaña en contra de los cristianos, cuando se enteró de los sucesos acontecidos en Córdoba. Inmediatamente suspendió las acciones militares y emprendió el regreso. Según se acercaba con su ejército a la ciudad, se iban conociendo más detalles; el miedo se extendió entre las tropas, que fueron abandonándole poco a poco, hasta que no tuvo más remedio que refugiarse en un monasterio cristiano a orillas del Guadalmellato. El tres de marzo de 1009, fue encontrado y asesinado por sus enemigos.

Con su muerte se inició un periodo de gran inestabilidad, puesto que el nuevo califa fue incapaz de controlar el malestar social que se venía gestando desde tiempos de Almanzor. Las diferencias entre bereberes, eslavos y árabes eran insalvables, y sus enfrentamientos por hacerse con el poder provocaron la división del poder central y la aparición de los reinos taifas.

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