Kon Ichikawa

(Ise, 1915) Director de cine japonés. La infancia de Ichikawa transcurrió en Ise, una hermosa ciudad de la prefectura de Mie. Cuando llegó el momento de iniciar sus estudios, hubo de viajar a Osaka, donde se matriculó en la Escuela Comercial Ichioka. Al joven le agradaban especialmente los espectáculos de marionetas y también le fascinaba el mundo de los dibujos animados.

Guiado por esta vocación, consiguió en 1933 ingresar en el departamento de animación de J.O. Studios, en Kioto. Fue en esta pequeña compañía donde aprendió todo lo relacionado con las técnicas de filmación de muñecos articulados. Se convirtió en ayudante de dirección por la época en que, debido a la compra de la firma por parte de la compañía Toho, hubo de trasladarse a Tokio para continuar allí su trabajo. Conoció a la guionista Natto Wada, que acabó por ser su esposa. La colaboración entre ambos fue muy estrecha y Wada, una brillante escritora, firmó buena parte de los mejores guiones que dirigió Ichikawa.

En 1946 preparó su primer proyecto como director, Musume Dojoji, versión animada de una obra de teatro kabuki. Sin embargo, aunque el rodaje se completó, las autoridades norteamericanas que dominaban la postguerra japonesa impidieron su estreno y la exhibición de la película. Esta imposición tiene dos motivos. Por un lado, el filme tiene un contenido polémico que choca de lleno con las normas de la censura estadounidense en Japón. De otra parte, existe una grave dificultad burocrática, puesto que el guión no ha sido presentado previamente a los censores, lo que impide la autorización del mismo. Pese a este mal comienzo, la trayectoria posterior de Kon Ichikawa creció en intensidad y pronto comenzó a dar muestras de genio.


El arpa birmana (1956)

La primera obra maestra de la carrera del realizador es El arpa birmana (1956), escrita por su esposa Natto Wada a partir de la novela de Michio Takeyama. Se trata de una obra de profunda humanidad, en la que, a través de una postura compasiva que tiene mucho que ver con el budismo, el espectador tiene ocasión de asistir a los horrores de la guerra. Esta película antibélica, aclamada en los festivales internacionales, será objeto de una nueva versión por parte de su realizador en 1985, lo que demuestra la completa vigencia de su mensaje.

En 1959 Ichikawa regresa a este tipo de temas con un filme aún más duro que el anterior. Fuego en la llanura es un relato descarnado de la miseria de la guerra en Filipinas. Los protagonistas, soldados japoneses, se ven reducidos a la más ínfima condición de lo humano, demostrando con su tragedia el sinsentido de las guerras. El mensaje humanista del guión, una vez más obra de Natto Wada, es puesto en imágenes por Ichikawa con extraordinario talento. La acción progresa lentamente, dejando entrever detalles poéticos que revelan la sensibilidad estética del realizador.

Tras el éxito de La venganza de un actor (1963), uno de los grandes momentos en la carrera de Ichikawa es la realización de la película oficial de los Juegos Olímpicos de Tokio. Olimpiada de Tokio (1965) es un filme dinámico en el que se muestra la faceta más comercial de su realizador, que también ama las escenas de acción y se siente encantado con este retrato de los atletas en constante competencia.

Ichikawa probó fortuna con éxito en el mundo de la televisión, donde realizó diversas producciones de interés. Preocupado por acercarse a un público amplio, este medio es indudablemente uno de los que mejor sirve al director para sus propósitos. A partir de esta época, regresó de forma recurrente a la televisión y completó una obra de calidad en este medio.


La venganza de un actor (1963)

En los años 80 la carrera cinematográfica de Ichikawa declinó lentamente. Algunas de sus siguientes producciones se dirigen al público juvenil, caso de Hordas salvajes (1980), una película inspirada en un popular cómic y que el director realiza mezclando imagen real y dibujos animados. Al mismo público se dirige La princesa de la luna (1987), basada en un hermoso cuento tradicional. Este tipo de trabajos, en apariencia livianos, son desarrollados con gran pericia narrativa, como no podría ser de otro modo tratándose de uno de los nombres más importantes de la historia del cine japonés.