Pedro de Inguanzo y Rivero

(Llanes, 1764 - Toledo, 1836) Prelado, teólogo y canonista español. Era hijo de Antonio José de Inguanzo Posada y de María Teresa Rivero y Valdés, de antigua y acomodada familia. Comenzó sus estudios con los benedictinos de Llanes, tras lo cual marchó con un tío suyo, canónigo en Palencia, a estudiar Filosofía y Artes en el convento de San Pablo, donde permaneció durante cinco años, entre 1775 y 1780.

Se trasladó a Sevilla llamado por el arzobispo Alonso Marcos de Llanes, de quien era familiar, el cual le nombró su secretario en 1785. En la universidad hispalense se doctora y gana por oposición la cátedra de Derecho canónico. En 1792 obtiene una canonjía doctoral en Oviedo, y en 1797, debido a una afección gripal, se marcha a Madrid, donde se pone en contacto con las ideas jansenistas.


Pedro de Inguanzo y Rivero

Volvió a su tierra en 1798, para ocupar el puesto de gobernador eclesiástico de la diócesis. La Junta Superior del Principado de Asturias le encarga en 1808 de los asuntos de Gracia y Justicia, y resulta elegido diputado por Asturias para las Cortes de Cádiz, en las que juró el 21 de junio de 1811, donde destaca por su defensa sistemática de las posiciones reaccionarias, defensa de la Inquisición y la cámara alta, así como por su oposición sistemática a cualquier reforma que afectase a la Iglesia.

En 1813 publicó el Discurso sobre la confirmación de los obispos (publicado en Cádiz ese mismo año y con 2ª edición en Madrid, en 1836) y el Discurso sobre la segunda proposición preliminar del proyecto acerca de la Inquisición, en el nº 23 del diario Apéndice al Procurador general de la Nación y del Rey. Al año siguiente se le designó para formar parte de al Comisión de la Universidad de Sevilla que en 1814 pasó a Madrid para felicitar al Rey, momento que aprovecha para pronunciar una alocución que fue publicada como suplemento a El Directorio Eclesiástico y Político de Sevilla, el 13 de julio de 1814. Haciendo gala de sus ideas monárquicas, es uno de los informantes contra los diputados liberales en 1814-1815.

A la vuelta de Fernando VII, obtuvo el obispado de Zamora (el 26 de septiembre de 1814), y se le encargó impugnar la Teoría de las Cortes de Martínez Marina, lo que hizo en dos folletos. Se niega en 1820 a jurar la Constitución y al fin lo hace por intervención del nuncio Giustiniani. Da a la estampa El dominio sagrado de la Iglesia en sus bienes temporales (1820-1823) y otras muchas pastorales. El 3 de agosto de 1824 consigue el arzobispado de Toledo, y el 20 de diciembre es nombrado cardenal por León XII. Casi inmediatamente se le designa académico honorario de la Historia, y obtiene las dignidades de consejero de Estado y la gran cruz de Carlos III.

En 1826 participa en el cónclave que elige a Gregorio XVI, y a su vuelta pide al rey la convocatoria de Cortes, oscura pretensión que le es denegada. Su Carta pastoral con una nota de varios libros, folletos, y papeles (1827), todavía es útil, aunque no en el sentido que pretendía el autor. Se retira temporalmente a Santander, alegando ceguera. A su vuelta a Toledo en diciembre de 1833 empezó a levantar, junto a la parroquia de San Andrés, un magnífico edificio que destinaba para seminario conciliar, y que no llegó a concluirse, siendo luego destruido en gran parte durante la guerra.

Fue entonces cuando se le requirió para que prestase juramento a Isabel II, a lo que inicialmente se negó, bajo el pretexto de que acataba a las jerarquías de la Nación cualesquiera que fuesen, pero que él no entraba en las cuestiones políticas. Después prestó acatamiento, y acudió a Madrid para cumplimentarlo. Murió en Toledo, retirado del mundo a causa de sus opiniones políticas.

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