Isabel de Portugal

(? - Arévalo, 1496) Reina de Castilla (1447-1454). Era hija del infante Juan de Portugal y de su esposa, la princesa Isabel de Barcelos, y nieta del rey Juan I de Portugal. El 22 de julio de 1447 contrajo matrimonio en Madrigal de las Altas Torres (Ávila) con el rey Juan II de Castilla. El matrimonio entre la princesa portuguesa y el rey castellano había sido acordado un año antes por el condestable don Álvaro de Luna, valido de Juan II y verdadero árbitro de la política del reino. El todopoderoso condestable pretendía con esta alianza dinástica reforzar los lazos políticos que unían a Castilla y Portugal contra el enemigo común: la Corona catalano-aragonesa, encabezada entonces por Alfonso V el Magnánimo, jefe de los infantes de Aragón, que disputaban en Castilla el poder a Luna.

Don Álvaro ejercía una casi hipnótica influencia sobre el monarca castellano, hombre, por otra parte, de carácter débil y escasa visión política. El rey se mostraba reticente a contraer de nuevo matrimonio, toda vez que contaba cuarenta y dos años y tenía ya un heredero al trono, el Príncipe de Asturias Enrique, futuro Enrique IV. Sin embargo, se dejó convencer por su favorito de la conveniencia de este enlace, que contribuiría a reforzar a Castilla frente a Aragón y que, fundamentalmente, constituyó un golpe de mano muy eficaz contra los intereses de la oligarquía aristocrática opuesta a la política de don Álvaro.

Al igual que había sucedido con la primera esposa de Juan II, María de Aragón, Isabel de Portugal desarrolló desde su llegada a la corte castellana una invencible animadversión por el condestable. La reina, sin embargo, consiguió romper el cerco que don Álvaro mantenía en torno al rey, y adquirió sobre éste una gran influencia.

Isabel tuvo dos hijos: la princesa Isabel, nacida en Madrigal de las Altas Torres en 1451 (futura Isabel I la Católica), y el infante Alfonso, nacido en Tordesillas (Valladolid) el 15 de noviembre de 1453 (el futuro rey de la Farsa de Ávila, que pretendió suceder a Enrique IV en el trono en 1465). La reina residió preferentemente en la villa de Arévalo, donde crió a sus hijos y, al parecer, comenzó tempranamente a dar muestras de inestabilidad mental.

Su ascendente parece haber sido decisivo en el cambio de actitud del rey hacia don Álvaro de Luna, aunque no de forma inmediata. Desde 1449, Isabel de Portugal apoyó de forma indirecta las maniobras de la Gran Liga Nobiliaria formada contra el condestable. Pero no sería hasta 1453 cuando el monarca, posiblemente cansado de las continuas presiones de la aristocracia, abandonó a su suerte al odiado valido.

Se ha dicho con frecuencia que fue la propia reina quien exigió a su esposo que firmara la orden de prisión contra don Álvaro el 3 de abril de 1453, a través de Juan Pacheco, marqués de Villena. Sin embargo, otros muchos factores políticos influyeron en la decisión del rey, que llevaría finalmente al cadalso al condestable poco después, tras un juicio sin garantías.

Después de la muerte de Juan II en 1454, Isabel de Portugal se retiró al castillo de Arévalo, donde pasó el resto de su vida. Durante sus últimos años sufrió, según las crónicas, un grave deterioro mental, que degeneró en demencia. Murió en agosto de 1496, ya anciana, y fue enterrada en Arévalo. Siendo reina su hija Isabel I, sus restos mortales fueron trasladados a la Cartuja de Miraflores de Burgos, por expreso deseo de la Católica, para ser inhumados junto a los de Juan II.

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