Irene Khan

(Dhaka, 1956) Abogada y activista bangladeshí, elegida secretaria general de Amnistía Internacional en 2001. Irene Zubaida Khan nació el 24 de diciembre de 1956 en Dhaka, la capital de Bangladesh, una ciudad de 8,5 millones de habitantes, en la que conviven una cierta opulencia con la mayor de las pobrezas.

Tuvo la suerte de crecer en una familia privilegiada, en un país pobre e inmerso en una guerra civil, y fue ese entorno, junto con su propia experiencia (vio cómo el padre de una de sus amigas era asesinado por sus ideas, y cómo su propio padre, médico, recibía amenazas por no distinguir razas, religión o militancia política a la hora de asistir a los enfermos), el que despertó su conciencia sobre la necesidad de difundir los derechos humanos.

Adolescente inquieta

También muy pronto nació en ella la inquietud por paliar la situación de las poblaciones desplazadas, pues aunque ella misma no sufrió el drama que viven los refugiados (dejó Bangladesh en la adolescencia para estudiar en Irlanda del Norte con una de sus dos hermanas), pudo ver cómo muchos de sus vecinos se veían obligados a abandonar sus hogares y a marcharse a otros lugares.


Irene Khan

Según sus propias palabras, la razón por la que se interesó por los derechos humanos no fue tanto el racismo como la observación de las desigualdades. «En Bangladesh estaban los ricos y los muy pobres, y eso me revolvía. Yo no veía diferencia entre un niño de la calle y yo misma; ese niño podía hacer las cosas tan bien como yo, pero su padre no tenía dinero para mandarlo a la escuela, y mi padre sí. Creo que esto fue el comienzo.»

Desde muy joven tuvo la vocación de estudiar leyes y, efectivamente, cursó derecho en la Universidad de Manchester y después en la Universidad de Harvard, donde se especializó en derecho público internacional. Su interés por trabajar en contacto con los problemas reales de los más desfavorecidos para intentar mejorar sus condiciones de vida y el respeto a sus derechos cívicos, la llevó a cofundar, en 1977, la organización de ayuda al desarrollo Concern Universal. Dos años después comenzó su labor como activista en favor de los derechos humanos trabajando como asistenta legal en la Comisión Internacional de Juristas en Ginebra.

Activismo pro derechos humanos

En 1980 Irene Khan inició una brillante carrera en el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), donde durante veintiún años ocupó diversos puestos en la oficina central y en operaciones sobre el terreno para promover la protección internacional de los refugiados.

Entre 1991 y 1995 fue una de las principales colaboradoras de la responsable del ACNUR en aquellas fechas, la japonesa Sadako Ogata, tras lo cual fue designada jefa de misión del ACNUR en la India (1995), convirtiéndose en la representante de la agencia de la ONU más joven en aquel momento en un cometido de estas características.

En 1998 se hizo cargo de la dirección del Centro de Investigación y Documentación del ACNUR, y en 1999 encabezó el equipo de la agencia en Macedonia durante la crisis de Kosovo, y fue nombrada directora adjunta de Protección Internacional.

En agosto de 2001 fue elegida secretaria general de Amnistía Internacional (AI), organización que trabaja en pro del respeto de los derechos humanos bajo la premisa de la independencia de todo gobierno, ideología política o credo religioso. Khan reemplazaba en el puesto a Pierre Sané. Se convertía así en la primera mujer -y además de religión musulmana y origen asiático- que en cuarenta años de historia accedía al cargo de secretaria general de una de las organizaciones no gubernamentales más emblemáticas en la defensa de los derechos humanos.

A partir de ese momento se trasladó a vivir a Londres, donde se encuentra la sede de la organización. Era el año en que AI celebraba su 40° aniversario y comenzó un proceso de renovación, con el fin de abordar la compleja naturaleza de las violaciones de derechos humanos contemporáneas. Poco días después, los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington revolucionarían la situación internacional.

Amnistía Internacional en la era global

La guerra contra el terrorismo emprendida por el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, a raíz de los atentados del 11-S motivó que comenzara a llamar la atención sobre el peligro que suponía que muchos países aprovecharan esa circunstancia para realizar un recorte de las libertades públicas y de que, paralelamente, hicieran gala de una gran hipocresía al decidir en qué naciones intervenir para preservar su seguridad.

«Hablan de defender los derechos humanos de las mujeres en Afganistán, pero no en Arabia Saudí. De esta manera, propiciado por Estados Unidos, se ha alimentado el cinismo en el mundo. Estados Unidos no les hace un buen servicio a los derechos humanos», aseguró cuando ese país, apoyado por una coalición internacional, decidió atacar Afganistán para derribar el régimen talibán, protector del instigador de los atentados, Osama bin Laden. Aquellos sucesos reafirmaron su convicción de que la seguridad debe ser global y que su preservación no es una cuestión meramente policial o militar.

Durante su primer año al frente de AI, lejos de ejercer la labor sin salir de su despacho en el barrio londinense de King’s Cross, Irene Khan varió la respuesta de la institución a las situaciones de crisis, encabezando personalmente misiones de alto nivel en Pakistán durante los bombardeos de Afganistán, en Israel y los territorios ocupados, justo después de la ocupación de Jenín por Israel, y en Colombia antes de las elecciones presidenciales de mayo de 2003.

Enteramente volcada en su trabajo y con una profunda preocupación por los problemas de las mujeres en las sociedades poco desarrolladas, solicitó mayor contundencia en la respuesta a la violencia ejercida contra ellas y en la protección de sus derechos. Del mismo modo, emprendió un proceso de consultas con mujeres activistas, para diseñar una campaña mundial de AI contra la violencia de género.

Tampoco dejó pasar ninguna oportunidad para denunciar las violaciones de los derechos humanos allí donde se produjeran. Así, en Australia llamó la atención sobre la difícil situación de los solicitantes de asilo bajo custodia; en Burundi mantuvo encuentros con víctimas de las masacres interétnicas e instó al presidente, Pierre Buyoya, y a las partes en conflicto a que acabasen con el círculo vicioso de las agresiones; y en Bulgaria, por ejemplo, lideró una campaña para poner fin a la discriminación de los discapacitados mentales. En su informe de 2003, Amnistía Internacional denunciaba la cara oscura de la lucha mundial contra el terrorismo, pretexto de algunos países para ignorar el derecho internacional, y llamaba la atención sobre el paso a un segundo plano de otros conflictos existentes en el mundo a raíz de la intervención armada en Iraq.

A pesar de estar curtida en el trato con las causas de la miseria humana, quienes la conocen destacan su aire dulce. Casada y madre de una niña, Irene Khan ha recibido distintos reconocimientos académicos, así como el Premio Pilkington 2002 a la «Mujer del Año». El contacto con los refugiados y las víctimas de la violencia que encontró en sus viajes ha marcado por completo su vida: «Es humillante y a la vez estimulante encontrar a personas que a pesar de haber sufrido tanto siguen conservando el coraje y la esperanza», afirmaba.