Ingo Kober

(Liegnitz, 1942) Jurista alemán, tercer presidente de la Oficina Europea de Patentes (EPO). Ingo Kober nació en Liegnitz, Alemania, el 22 de julio de 1942, en el seno de una familia humilde formada por un funcionario del Estado alemán y un ama de casa. El mayor de seis hermanos, terminó sus estudios de enseñanza secundaria en 1962 en el Bischiflich-Stadtisches de su ciudad natal, y nada más acabar esta primera etapa de su formación cumplió con el servicio militar entre 1962 y 1964. En este ámbito llegó a alcanzar el rango de teniente, aunque se mantuvo en la reserva y no participó en ninguna acción militar.

A partir de entonces abandonó lo que podría haber sido un prometedor camino en el ejército por la carrera de derecho, que cursó en la Universidad de Heildelberg, donde se licenció en 1969. Apenas imaginaba Kober que a partir de entonces le esperaba una dilatada experiencia en los más diferentes campos vinculados al mundo judicial, lo que acabaría convirtiéndole en una destacada figura política, cuya repercusión le permitiría traspasar las fronteras de su propio país y le llevaría a presidir uno de los organismos administrativos de mayor peso en el seno de la Unión Europea.


Ingo Kober

Al poco tiempo de dejar las aulas, Kober contrajo matrimonio y, entre 1972 y 1975, desempeñó el primer trabajo para el que había sido preparado. Tuvo en sus manos las funciones de juez y fiscal en los tribunales alemanes de Mannheim y Tauberbischofsheim.

A este período siguió una larga y fructífera labor de dos décadas dentro del Ministerio de Justicia alemán, primero como experto y asesor en asuntos organizativos relacionados con la práctica habitual de los juzgados (1975-1982), y más tarde como responsable de numerosos departamentos: entre 1982 y 1985 fue el jefe de Asuntos Parlamentarios y Gabinete; a continuación pasó a encargarse del apartado de Organización y Personal, y un año más tarde se le confió la jefatura de la Administración de Justicia, en la que permaneció hasta 1991.

Durante el transcurso de esos mismos años Kober compartió estas funciones con su condición de principal representante de la delegación alemana en el Consejo de Administración de la Oficina Europea de Patentes (EPO), un primer escalón de lo que en breve sería su ascenso posterior a la cúpula de este organismo.

En ese momento también fue asesor de varios equipos de investigación vinculados a cuestiones jurídicas y legales para el gobierno alemán y para un gran grupo de comunicación de ese país. Su probada eficiencia en tan múltiples tareas desembocó en su nombramiento como secretario de Estado del Ministerio de Justicia alemán (con sede en Bonn) en enero de 1991, un cargo público que sólo dejaría en diciembre de 1995 para relevar a Paul Braendli al frente de la presidencia de la EPO, cargo en el que este último había pasado una década.

Presidente de la Oficina Europea de Patentes

Entre las razones que influyeron en su elección para ostentar este cargo de relevancia estuvieron sus amplios y profundos conocimientos de lenguas extranjeras, imprescindibles para sus necesarias relaciones con los países del ámbito europeo. Además de su idioma original (el alemán), domina a la perfección otras cuatro lenguas: el francés, el inglés, el sueco y el español.

Sin duda, su productivo y variado currículo también le procuró muchas bazas a favor, además de sus contactos previos con la entidad que concede las patentes en su preludio como intermediario alemán con la institución.

En enero de 1996 se convirtió en el tercer presidente de la Oficina Europea de Patentes (EPO), una institución centralizada en Munich que recibe más de ciento sesenta mil solicitudes de patentes al año y emplea a más de cinco mil funcionarios nacionales de los quince Estados miembros de la Unión Europea.

Kober heredó de su antecesor una EPO consolidada, desde que fuera creada en 1973, mediante un convenio intergubernamental entre Alemania y la Unión Europea. El crecimiento de la EPO y la promoción y expansión geográfica del sistema de patentes europeo fueron los logros apuntados por Paul Braendli que Kober se encontró al sustituirlo.

La misión de Ingo Kober al frente de la EPO ha consistido en adaptarla y conducirla en el difícil tránsito hacia el siglo XXI, con un panorama abierto a los retos de los nuevos tiempos y a las necesidades surgidas de la globalización y la llamada «era de la información» con la irrupción de las nuevas tecnologías, además de prepararla para la incorporación de los nuevos países que pasarían a formar parte de la Unión Europea.

Según sus palabras, «las patentes han desempeñado un papel significativo en el fenómeno de la globalización, al suscitar un renovado interés por los derechos de propiedad industrial y, por tanto, un aumento espectacular del número de solicitudes presentadas en todo el mundo». Esta explosión de demandas, en su opinión, ha sido favorable para el crecimiento económico, dado que «el objetivo económico de las patentes consiste en fomentar la innovación y facilitar el comercio».

Durante su gestión, Kober ha debido preparar a la administración europea para adoptar una etiqueta de protección única, dando por finalizada la concesión de patentes nacionales. Hasta la toma de posesión de su cargo, la entidad comunitaria ocupaba el segundo lugar en el escalafón mundial para conceder este tipo de licencias. Por delante se encontraba la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, con el mayor número de registros. Por detrás las oficinas nacionales de cada país, que quedarían invalidadas en el área continental por el modo único de la EPO.

En reconocimiento a su labor, en febrero de 1999 la Universidad Robert Schumann de Estrasburgo, Francia, le otorgó un doctorado honoris causa. Kober está casado, y su único hijo nació en 1971. Entre sus aficiones ha demostrado un especial interés por la literatura y la música españolas, de las que asegura ser un buen conocedor gracias a su dominio del castellano. Pero, además de conocer el idioma, Kober siempre ha mantenido una especial vinculación con España gracias a los viajes que frecuentemente ha realizado para fomentar los lazos con la Oficina de Armonización del Mercado Interior (OAMI) -relativa a marcas, dibujos y modelos-, que se estableció en Alicante a fines del siglo XX.

Ese continuo acercamiento y su interés por España le impulsaron a seguir la costumbre de otros muchos de sus compatriotas que, fascinados por el entorno natural y la belleza de la isla de Mallorca, compraron numerosas propiedades allí a partir de la década de los noventa. Kober también adquirió una casa en este tranquilo lugar del Mediterráneo, a la que escapa cuando se lo permite su apretadísima agenda.

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