Gustav Meyrink

(Gustav Meyer; Viena, 1868 - Starnberg, 1932) Escritor austríaco. Eximio cultivador de la literatura fantástica, Gustav Meyrink se reveló como un digno heredero de E. T. A. Hoffmann y de Edgar Allan Poe. Su obra maestra es la novela El Golem (1915), adaptada tempranamente al cine por Paul Wegener (1920).


Gustav Meyrink

Hijo natural de un barón, ministro de Estado de Württemberg, y de una actriz bávara, Gustav Meyrink creció entre Múnich y Praga, donde asistió a la Escuela Superior de Comercio. Los reveses económicos y personales acentuaron su tendencia a la misantropía y a la fantasía.

Maestro de lo grotesco y de lo extraño, sus novelas y cuentos reflejan un tipo de romanticismo negro en el que confluye una visión pesimista de la civilización de las máquinas junto con algunos acentos fuertemente satíricos sobre la burguesía. Es significativo de su gusto por la parodia grotesca el título de la antología, en tres volúmenes, de sus cuentos: El cuerno del filisteo alemán (1913).

Su primera novela, El Golem (1915), tuvo un gran éxito, recuperando, en un estilo visionario y angustioso, la leyenda de la Praga medieval del Golem, el gigante de arcilla construido y animado por un rabino, que regresa periódicamente para sembrar el horror. Esta leyenda tuvo una gran popularidad, sobre todo gracias a las dos famosas versiones cinematográficas, una de 1914 y la otra, en clave expresionista, de 1920, dirigida e interpretada por Paul Wegener.

Menos logradas son sus novelas El rostro verde (1916) y La noche de Walpurgis (1917), en las cuales, según los gustos del público de su tiempo, recupera en visiones apocalípticas la catástrofe de la guerra. En la frontera del más allá (1923) es un escrito autobiográfico en el que Meyrink, convertido en víctima del mundo que había recreado, se presentaba como profeta y profesor de ciencias ocultas. El tema del ocultismo volvió a aparecer en El ángel de la ventana occidental (1927), donde se narra la historia de un mago que vivió entre los siglos XVI y XVII. Kafka, que conoció su obra, no le dedicó ningún interés particular, según Max Brod.