Friedrich Wilhelm Murnau

(Friedrich Wilhelm Pumple; Bielefeld, Alemania, 1888 - Santa Barbara, Estados Unidos, 1931) Director de cine alemán. El gran público le conoce sobre todo por un único título, Nosferatu (1922), libre adaptación de la novela Drácula, de Bram Stoker. La filmografía de Friedrich Wilhelm Murnau cuenta, sin embargo, con otras películas tanto o más estimables: El último (1924), Tartufo o el hipócrita (1926), Fausto (1926), Amanecer (1927) y Tabú (1931), estas dos últimas rodadas en Estados Unidos.


F. W. Murnau

Tras estudiar arte e historia de la literatura en Heidelberg, Friedrich Wilhelm Murnau trabajó en la compañía teatral de Max Reinhardt, director dramático de quien recibiría notables influencias. Durante la Primera Guerra Mundial, Murnau realizó documentales propagandísticos; sólo tras la contienda comenzaría a dirigir creaciones personales en las que ya aparecían incipientes muestras de la estética cinematográfica que lo haría célebre.

Su carrera como director comenzó en 1919 en Berlín. Iniciado en los secretos de la puesta en escena al lado de Max Reinhardt, la concepción cinematográfica de Friedrich W. Murnau se vio influida desde sus primeros trabajos (Der Knabe in blau, 1919) por la pintura alemana del siglo XIX, cuyos paisajes y atmósferas supo trasladar a sus imágenes. Por este motivo, más que en la corriente expresionista, cabe situar a Murnau como un continuador de la estética romántica: sus películas, tanto las de tema fantástico como aquellas más realistas, se caracterizan por la belleza y el refinamiento de la puesta en escena, por una gran sensibilidad expresiva y por su especial sentimiento de lo trágico.

F. W. Murnau causó sensación por vez primera con Nosferatu, el vampiro (1922), una adaptación de la novela Drácula (1897), de Bram Stoker. Buena parte de los problemas futuros con los que tropezaría Nosferatu, relativos a la desaparición de negativos y otros males que aquejan a las obras del cine mudo, radican precisamente en su propio planteamiento como adaptación libre: la productora no compró los derechos de la novela, esperando que con los cambios de nombres, de localizaciones y de algunas situaciones pasaría inadvertida la fuente original. Sin embargo, la viuda de Stoker puso un pleito a la Prana-Film y la sentencia, emitida en julio de 1925, condenó a la productora a destruir todas las copias y negativos. Afortunadamente, la sentencia no se ejecutó a rajatabla, por lo que aún hoy podemos disfrutar de la que está considerada como una de las películas más importantes del cine fantástico de todos los tiempos.


Fotograma de Nosferatu, el vampiro (1922), de F. W. Murnau

Hay que destacar la colaboración en el filme de dos de las figuras clave del expresionismo cinematográfico alemán, el guionista Henrik Galeen y el operador jefe Fritz Arno Wagner. Pero pese a haberse rodado en la época de esplendor del expresionismo, Nosferatu se desmarca de esta corriente. En lugar del estudio, utilizado casi permanentemente por los cineastas expresionistas, F. W. Murnau prefirió rodar la mayor parte de las escenas al aire libre. Y a diferencia de sus compañeros de generación, no consideró que decorados y arquitectura fuesen esenciales, sino que puso el acento en la iluminación, especialmente en el contraste entre espacios en sombra y espacios con luz; todo el horror y el misterio deriva de una historia siniestra ambientada en un marco familiar y entre personas corrientes.

Murnau huyó también de la lentitud y lo estático, tan apreciados por los cineastas de la época, y optó por el dinamismo en el relato: para conseguir que ningún plano fuese gratuito y, por el contrario, todos tuvieran su sentido dentro del conjunto, planificó exhaustivamente la película ayudándose de unos dibujos al estilo de los actuales story boards. La aceleración de algunas imágenes y la utilización de fragmentos de película en negativo convirtieron al director en precursor en el uso de ciertas técnicas de vanguardia y, en cierta medida, en renovador del lenguaje cinematográfico; no menos destacables son, en el conjunto de su filmografía, el uso de la cámara subjetiva y la originalidad de los encuadres.

Su siguiente obra maestra fue El último (1924), que cimentó su reputación como uno de los más destacados cineastas de ámbito mundial. El último fue una producción excepcional del cine mudo, tan expresiva en el aspecto visual que prescindió completamente de los subtítulos, sin que ello restara claridad a la trama o al sentido de la acción. Por su trabajo en este filme, a principios de 1927 la Fox le ofreció trabajo en Hollywood. Antes de partir rodó Fausto (1926), donde ofreció su particular visión de la leyenda basada en el personaje real del doctor Fausto, astrólogo y mago de la Alemania del siglo XVI.

Su primera película estadounidense, Amanecer (1927), ha sido considerada "la cumbre más alta del cine mudo alemán" y aclamada como "el mejor filme de todos los tiempos". Amanecer refleja una preocupación por la integridad espacial y dramática, con una perspectiva pesimista y la sensación de fatalidad característica de sus películas alemanas. F. W. Murnau rodó todavía otras dos películas para la Fox antes de asociarse con el director de documentales Robert Flaherty. Su único trabajo conjunto fue Tabú (1931), película rodada en los mares del sur; Murnau falleció a los 42 años de edad, una semana antes del estreno, a causa de un accidente de automóvil.

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