Jan Neruda

(Praga, 1834-1891) Escritor checo. A Jan Neruda y a otros de sus compañeros de generación se debe que la lengua checa fuera restituida como idioma nacional y literario. Su narrativa, la más conocida fuera de su país, tiene como protagonistas principales a los marginados y a las víctimas, y se caracteriza por la concisión y la crudeza. Según sus propias palabras: "Evitaré lo excesivamente pulido. El punto de vista europeo será el mío. Mi manera de escribir será moderna, es decir, verdadera: escogeré mis personajes dentro de la vida misma, describiré la vida en toda su desnudez y diré abiertamente lo que pienso".


Jan Neruda

De pobre familia proletaria, Jan Neruda pasó la infancia en el pintoresco y misterioso barrio de Malá Strana, donde su padre tenía una tienda de reventa de tabaco; en la infancia y la adolescencia sufrió la marginación de su lengua y nacionalidad en la Bohemia del imperio austrohúngaro. Estudió filosofía en el Colegio Académico, donde comenzó a escribir poesía, y sin acabar la carrera se inició en la actividad periodística, que condicionaría su talante literario. Fue redactor y crítico teatral y literario de varios periódicos y revistas (Tagesbote aus Böhmen, Obrazy zivota, Cas, Hlas, Narodni listy); sus más de dos mil crónicas, por su concisión y viveza, son un modelo de estilo moderno y realista.

Jan Neruda repartió su actividad entre la literatura y la participación en el movimiento de restauración nacional. Formó parte de diversas agrupaciones patrióticas (el Círculo Mayista, entre otras) y colaboró con diversas revistas y periódicos progresistas. Sus poemas y relatos le granjearon gran popularidad y ascendencia entre los checos, en plena efervescencia nacionalista. Su vida escéptica y solitaria fue consolada por el afecto que sintió por su madre, por amores románticos con algunas mujeres y por muchos viajes a tierras extranjeras que le inspiraron bellas y agudas páginas de impresiones. Una grave enfermedad lo confinó después en su modesta casa de Praga, donde se extinguió.

El nombre de Jan Neruda está vinculado, sobre todo, a seis libros de poesías. En Flores de cementerio (1857), la lírica sepulcral, inspirada por la muerte de su amigo Antonin Tollmann, se mezcla con una áspera ironía de incrédulo. Le siguieron Libros de versos (1867), Cantos cósmicos (1878), Baladas y romanzas (1883), Simples motivos (1883) y Cantos de Viernes Santo (1896); en este último poemario los motivos patrióticos aparecen proyectados sobre un fondo religioso en versos que tienen una entonación coral.

Como prosista, Jan Neruda se ejercitó en relatos, cuadritos de género, anécdotas y bocetos humorísticos. La mayor parte de su obra en prosa describe tipos y ambientes de Malá Strana: recordemos la recopilación Arabescos (1864), Cuadros de Praga (1872) y especialmente los Cuentos de la Malá Strana (1878), en los que presenta una serie de personajes de la vieja Praga con un estilo que oscila entre el humor sonriente y el recuerdo elegíaco. Algunos cuentos de este libro representan lo mejor que ha creado en este género la literatura checa.

No hay que olvidar los folletines, en los que Neruda unió el interés político a la ironía y a la estampa grotesca (según el ejemplo de Jean Paul y de otros escritores germánicos), pasando ágilmente de los hechos de la vida cotidiana de Praga a las fechas del calendario, de la cocina a las ceremonias oficiales, de la botánica a los acontecimientos de la cultura checa, de la danza (que figuró entre sus principales aficiones) al desarrollo del teatro, en el que siempre vio el espejo del renacimiento de su pueblo.