Michael O'Leary

(Cork, 1961) Empresario irlandés, presidente y consejero delegado de la compañía irlandesa de vuelos de bajo coste Ryanair desde 1994. Michael O’Leary nació en la ciudad irlandesa de Cork en 1961, en el seno de una acomodada familia de agricultores. Estudió en el Conglowes Wood College y el Trinity College de Dublín, aunque no llegó a graduarse.

Entre 1984 y 1986 trabajó como contable en la empresa KPMG, dedicada a la auditoría y el asesoramiento financiero, fiscal y legal. Posteriormente fue promotor inmobiliario en Dublín y asesor financiero de Tony Ryan, el fundador de la empresa Ryanair. En 1988 asumió la dirección de la compañía aérea. Ocupó este cargo hasta 1991, cuando fue nombrado vicepresidente, y en enero de 1994 se hizo cargo de la presidencia.


Michael O’Leary

Fundada en 1985 por Tony Ryan, Ryanair comenzó con un pequeño avión de hélice de 15 plazas que volaba entre Waterford y Londres (Gatwick). Un año después añadió la ruta Dublín-Londres (Luton) y transportó a 82.000 pasajeros.

El número de pasajeros y rutas continuó incrementándose, pero la compañía entró en números rojos y en 1991 O’Leary fue el encargado de hacerla rentable de nuevo y reestructurarla para salir de la crisis. Viajó entonces a Estados Unidos, donde estudió el modelo empleado por Southwest Airlines, la compañía aérea de bajo coste de referencia en ese país, y posteriormente aplicó el modelo en Ryanair, que en 1995 logró transportar a 2,5 millones de pasajeros y salir de la crisis.

En 1997 la compañía se expandió hacia el continente europeo. Ryanair y otras compañías de bajo coste revolucionaron el transporte aéreo de pasajeros sobre la base de un nuevo concepto: volar a aeropuertos secundarios a precios muy bajos y proporcionando un servicio básico. El billete sólo daba derecho al viaje, y cualquier otro servicio, desde las tasas del aeropuerto hasta la bebida y la comida a bordo, se pagaba aparte. Crearon una demanda y consiguieron hacerse con una parte de la cuota de mercado de las grandes compañías tradicionales, que vieron amenazado parte de su negocio.

Aunque algunas de estas compañías efectuaban vuelos a aeropuertos principales, pero en general preferían los secundarios. Además, no conectaban unos vuelos con otros sino que iban de un determinado aeropuerto a otro, no ofrecían servicio de catering, vendían casi la totalidad de sus billetes a través de Internet, y cualquier cambio que se efectuara tenía recargo. Pese a estos inconvenientes, su éxito fue enorme, y se calculaba que en 2010 se habrían hecho con el 30 % del mercado. Ryanair creció desorbitadamente y se convirtió en la primera compañía europea de bajo coste.

La filosofía de Ryanair

Las claves del éxito de la compañía fueron las tarifas muy baratas, la seguridad y la puntualidad, según el propio O’Leary, cuya actitud frente a las grandes compañías tradicionales ha sido siempre muy crítica e incluso agresiva. O’Leary explicaba que hace tiempo solamente podía volar la gente rica a consecuencia de los desorbitados precios de los billetes de avión, y que su compañía había demostrado que por 20 o 30 euros se podía viajar a cualquier parte de Europa.

En consecuencia, calificaba los precios de las compañías tradicionales como una estafa. También lanzó sus quejas contra la Asociación de Transportes Aéreos Internacionales (IATA, International Air Transport Association), a la que su compañía no se afilió porque O’Leary consideraba que este organismo era totalmente inoperante.

Uno de los puntos más sorprendentes de la filosofía de O’Leary era la idea de que en el futuro los vuelos serían gratis. En su opinión, el precio del billete es lo de menos a la hora de financiar una aerolínea, y apuntaba que a la larga éstas se financiarían a través del incremento de los ingresos de los hoteles, las tiendas de los aeropuertos, los alquileres de coches, etc. Además, consideraba que las instituciones públicas de determinadas ciudades estaban dispuestas a subvencionar la llegada de visitantes por la cantidad de ingresos que éstos generaban.

A mediados de 2005, O’Leary vendió 6 millones de sus acciones en la compañía por 39 millones de euros. Anteriormente ya había anunciado que reduciría su participación, que antes de la venta era de 41 millones de acciones, el 5,4 % de la compañía.

O’Leary derrochaba esfuerzos para que Ryanair dominara el mercado de la aviación en el sector de cortos recorridos, inaugurando nuevas rutas y anunciando nuevas bases. Así, a finales de 2005 la compañía contaba con una flota de 83 aviones B 737-800 y 9 B 737-200, y tenía firmados contratos en firme para incrementar la flota hasta los 225 aparatos en 2010. El volumen total de pasajeros era de alrededor de 27 millones, y las previsiones sobre su futuro indicaban que podría alcanzar los 70 millones en 2012, lo que la convertiría en la compañía líder del transporte de pasajeros en Europa.

Pero no todo sería un camino fácil para Ryanair. A principios de 2005 la Comisión Europea exigió la devolución de parte de las ayudas que la compañía había recibido de la región belga de Valonia para establecerse en el aeropuerto de Charleroi. La Comisión consideraba que estas ayudas eran incompatibles con el funcionamiento adecuado del mercado interior y que, por lo tanto, debían ser devueltas.

La respuesta de Ryanair fue apelar ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, y O’Leary afirmó que tal medida era “un desastre para los consumidores, para los vuelos de precios baratos en Europa y para los aeropuertos regionales que, sobre la base de esta decisión, no podrán competir con los aeropuertos privados”.

En 2005, otras decisiones de la Comisión Europea también generaron polémica: el aumento de las compensaciones a los pasajeros que sufrieran cancelaciones de vuelo por overbooking hasta 600 euros, y la decisión de limitar la concesión de ayudas estatales a los aeropuertos regionales con un tráfico anual inferior a 5 millones de pasajeros. Tras estas acciones, O’Leary veía la mano de sus principales enemigos, las empresas aéreas tradicionales, para las que su manera de actuar era una auténtica pesadilla.

Michael O’Leary está casado y es aficionado a la agricultura, la equitación y el rugby. Es una de las personas más ricas de Irlanda. En 2005 la revista Business Week lo incluyó entre los mejores hombres de negocios del mundo. Personaje polémico y directo, la filosofía con que dirigía la compañía ha contribuido a revolucionar el sector del transporte aéreo y ha abierto las puertas a los desplazamientos por aire a millones de europeos.