Maurice Ohana

(Casablanca, 1914 - París, 1992) Pianista y compositor francés de origen español. Inició su formación musical en Barcelona (1927-1931) y posteriormente se trasladó a París, donde trabajó el piano con Lazare Lévy, y el contrapunto y la armonía con Daniel Lesur.

Su madre le introdujo en el "cante jondo" español. En 1944 se mudó a Roma, y allí se unió con el compositor Alfredo Casella. Fue en ese período cuando Ohana compuso sus primeras obras, como los tres Caprichos (1944-1948) para piano y Sonatina monódica (1945).

En 1946 regresó a París y participó en la creación del grupo Zodiaque, que defendía la libertad del lenguaje frente a lo que ellos llamaban "tiranías artísticas". En este contexto de espíritu de independencia creó una de sus obras más destacadas, Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1950), claramente influida por Manuel de Falla y por el "cante jondo" español.

El autor elaboró un lenguaje personal, marcado por un rechazo a todo intelectualismo y una fidelidad a la tradición española y a los ritmos africanos, que se expresa particularmente en Cantigas (1953-1954) y en Estudios coreográficos (1955), para percusión. Ohana nunca adoptó el método serial, por considerarlo excesivamente intelectual. La tumba de Claude Debussy, de 1962 (orquesta con soprano, cítara y piano) acoge los tercios de tono confiados a una cítara especialmente afinada.

Cifras, de 1965, es un amplio fresco en seis partes, que estuvo fuertemente influido por el clima sonoro posweberiano, así como también Synaxis (1965-1966), que merece una mención especial, no sólo porque esta pieza para dos pianos, percusión y orquesta vio cómo desaparecía la noción tonal-modal, sino sobre todo porque con ella manifestó un sentimiento muy original de la forma. La idea de la simetría no desempeñó ningún papel destacado sobre los elementos temáticos, pero sí sobre los aspectos evidentes del material sonoro: tesitura (sobreagudos, medianos, graves), aspectos determinados por el tempo y el carácter rítmico. Los timbres, las densidades y las agrupaciones armónicas constituyeron los modelos necesarios para la variación en el interior de estos aspectos primordiales.

Con Gritos (1968), para doce voces "a capella", estableció una nueva etapa de su actividad creativa. Esta partitura evoca, en su parte final, el recuerdo doloroso de los campos de la muerte en un estilo que no es superficialmente realista, tal y como había sucedido con otros compositores, sino funcionalmente musical. En 1973 compuso los 24 preludios, para piano, como homenaje a Chopin. A esta obra le siguieron otras como Diván del Tamarit, de 1976, para violonchelo y orquesta, inspirado por el poeta Federico García Lorca; Lys de madrigaux (1976) y Misa, de 1977, para soprano, mezzo-soprano y coro, que busca una reconciliación con la liturgia de los primeros tiempos cristianos.

A lo largo de su evolución musical se hacen patentes en su estilo ciertas constantes como una estructura reiterativa de las melodías, cierta inclinación hacia la modalidad y una amplia utilización de la percusión. La música de Maurice Ohana, de gran relieve sonoro, estuvo inspirada en la tradición ibérica y norteafricana, a la vez que fue combinada con ciertos elementos contemporáneos. Todo ello contribuyó a que fuera una música de una extraordinaria originalidad y profundidad.