Conde Oliba

(Hacia 923 - Montecasino, 990) Conde de Cerdaña (967-988) y de Besalú (984-988). También fue señor de Berga, Conflent y Vallespir. Gobernó en colaboración con sus tres hermanos: Sunifredo, conde de Cerdaña; Wifredo, que fue conde de Besalú; y Miró, llamado Bonfill, que ejerció la carrera eclesiástica. Los cuatro hermanos desarrollaron una política solidaria donde se conjugaban sus respectivas esferas de poder. Durante aquella época fue la familia más importante de Cataluña, junto a los condes de Barcelona, con cuyo linaje compartían parentesco.

Fue el tercer varón del conde Miró II el Joven y de la condesa Ava. Su padre había previsto una modalidad de sucesión en la que gobernaran los cuatro hijos, pero a su muerte, en 927, eran todos menores de edad, y doña Ava se hizo cargo de su tutela y de la administración de los condados. La primera vez que Oliba aparece mencionado en los documentos es en 936, con motivo de la compra, junto a su madre, de unos terrenos en Vallespir.

Cumplió su mayoría de edad hacia 938 y comenzó a colaborar con su hermano Sunifredo en el gobierno de la Cerdaña. En 952 recibió solidariamente con sus hermanos un precepto de Luis IV de Francia, por el que pasaban a su poder los bienes expropiados al vizconde Sunifredo, acusado de traición; aquel mismo año los cuatro participaron en la fundación del monasterio de Sant Pere de Camprodon. Un año después asistió junto al conde de Cerdaña a la consagración de la iglesia de Sant Germán de Cuixá. En 957 Oliba y Sunifredo tomaron el control de Besalú tras el asesinato de Wifredo II. Juntos hicieron en 959 unas donaciones al vizconde Isarn de Conflent y, junto con Miró permutaron bienes con la abadesa Fredeburga de Sant Joan de les Abadesses.

En 965 Oliba quedó al frente del linaje tras la muerte de Sunifredo de Cerdaña, al haber muerto su madre Ava en 961. Encargó a Miró el gobierno de Besalú, aunque en algunos documentos siguió firmando como conde de Besalú, si bien Miró, que desde 965 era obispo de Girona, gobernó bajo la autoridad de su hermano. En 984 Oliba viajó a Roma junto con el abad Garí de Cuixá para solicitar del papa Juan XIII dos bulas, una para el monasterio de Arlés y otra para el de Cuixá.

En 974 presidió junto al obispo de Girona y otros magnates la consagración de la iglesia de Sant Miquel de Cuixá, comenzada a construir por Sunifredo II. Oliba y Miró hicieron donaciones al monasterio de Ripoll en 957. En 977 fundaron el monasterio de Sant Pere de Besalú y aquel mismo año acudieron, junto con Borrell II de Barcelona y otros nobles, a la consagración de la nueva basílica de Ripoll. También en 977 fundaron el convento de Santa María i Sant Urbici de Serrateix. Cuatro años después hicieron una nueva donación a Ripoll.

En 979 Oliba devastó y saqueó las tierras de Carcassona, sin que haya podido ser documentada la razón que alegó el conde de Cerdaña para hacerlo. El resultado de la superioridad militar del conde Oliba fue la entrega por parte de Roger I de Carcassona de la comarca del Capcir junto con las tierras de Sault, Fenolleda, Donzan y Parapetusa, que desde entonces quedaron adheridas al patrimonio de la casa condal de Cerdaña. Sobre aquellas fechas Oliba se vio obligado a sofocar un levantamiento contra él de los señores de los castillos de Viver y Estela, en la zona cercana a la marca de Solsona.

Oliba, que fue llamado Cabreta por una dificultad física que le impedía expresarse, gobernó la totalidad de los condados desde la muerte de Miró II Bonfil en 984 y hasta 988. De su matrimonio con Ermengarda, que tuvo lugar hacia 966, tuvo cinco hijos: Oliba, después conocido como el Abad Oliba, que tomó la carrera eclesiástica; Bernat, que heredó el condado de Besalú; Wifredo II, conde de Cerdaña; Berenguer y Adelaida. También tuvo una hija ilegítima de Ingilberga, esposa de Emenir, veguer de Besora, que recibió el mismo nombre que su madre y fue la última abadesa de Sant Joan de les Abadesses.

El conde Oliba llevó una azarosa vida, cargada de crímenes. Al final de sus días buscó la confesión de Romualdo, un eremita con fama de santo, al no encontrar otro camino de salvación que abandonar el mundo y tomar los hábitos monásticos. En febrero de 988, con una recua de quince mulas cargadas de riquezas, tomó el camino de Italia para ingresar en el monasterio de Montecasino, donde se ordenó monje y residió hasta su muerte. Tras su marcha a Italia se ocupó de todos los condados su esposa Ermengarda durante la minoría de edad de sus hijos. Incluso en sus primeros años de viudedad, permitió a éstos participar en el gobierno de sus estados.