Mateo José Buenaventura Orfila

(Mahón, 1787 - París, 1853) Químico y médico español, figura fundamental en el campo de la toxicología. Fue hijo de un comerciante propietario de una pequeña flota de barcos mercantes.

Su familia lo orientó a la marina, pero dominado por una gran afición a las ciencias médicas, abandonó la carrera naval, y se fue a Valencia, donde empezó sus estudios de medicina. El ambiente científico de Valencia decepcionó por completo al joven Orfila, que había empezado a leer con avidez los trabajos de Antoine Lavoisier, Claude Louis Berthollet y Antoine François de Fourcroy.

En busca de mejor ambiente llegó al año siguiente a Barcelona, donde trabó relación con el grupo de químicos que trabajaba en aquella ciudad y muy especialmente con Francisco Carbonell y Bravo. La Junta de Comercio de Barcelona concedió a Orfila una beca para ampliar sus conocimientos de química durante dos años en Madrid al lado de Luis José Proust, y dos años más en Francia. Cuando llegó a la capital de España, Proust se había ya marchado, por lo que partió a París en el verano de 1806. En París permanecería el resto de su vida y desarrollaría su actividad científica y docente.

La guerra de la independencia le dejó sin pensión, así que, para asegurarse el porvenir económico, tuvo que entrar en los Laboratorios Vauquelin y dar clases de Química, Botánica, Anatomía y Medicina legal. Se doctoró en medicina en 1811 con una tesis titulada Nouvelles recherches sur les urines des ictèriques. Ese mismo año se nacionalizó francés y se dedicó intensamente a la investigación de la toxicología y las sustancias venenosas, mientras continuaba dando clases particulares para poder vivir.

Durante este tiempo publicó Découvert du pricomel dans les calculs biliaires de l'homme (París, 1812) y Traité des poisons tirés des trois regnes ou toxicologie génèrale (id., 1814-1815), libro que fue traducido a muchos idiomas y que tuvo varias ediciones a lo largo del siglo. Tras rechazar, en 1815, una oferta para enseñar química en Madrid, fue nombrado médico de cámara de Luis XVIII en 1816; poco después dio a la imprenta una nueva obra, Eléments de chimie médicale (París, 1817), traducida por él mismo al español y publicada en Madrid en 1818.

En 1819 ganó la cátedra de medicina legal de la Facultad de París con Leçons faisant partie du Cours de médicine légale (París, 1821). En colaboración con Octave Lesueur publicó Traité des exhumations juridiques (París, 1831), y con Lehieu Análisis de algunas aguas minerales de las islas Canarias (Gran Canaria, 1844). Se le debe también Lettre sur l'état de l'instruction publique en Espagne, et notamment les sciences medicales (París, 1846). En 1823 pasó a ocupar la cátedra de química y en 1831 fue nombrado decano de su facultad, cargo en el que permaneció hasta que la revolución de 1848 le destituyó del decanato.

Aunque de ideología eminentemente conservadora, la gestión como decano de Orfila fue muy eficaz, y pudo conseguir el establecimiento de una clínica obstétrica, la erección del museo anatomopatológico de Dupuytren, la reconstrucción de los pabellones de disección, la fundación del jardín botánico del Luxemburgo y la creación del museo anatómico que llevó su nombre. Fruto de su labor fueron también las importantes mejoras realizadas en los gabinetes de materia médica, física y química.

Orfila llegó a ocupar los más altos cargos dentro de la medicina francesa. Vivió dentro de los ambientes más aristocráticos y su nombre fue famoso debido fundamentalmente a sus decisivas intervenciones en juicios criminales, entre los cuales, sin duda, el más sonado fue el de madame Lafarge. La labor propiamente científica de Orfila se desarrolló en tres campos: la química, la medicina legal y la toxicología. Aunque de los dos primeros fue un cultivador digno e incluso realizó alguna contribución original, donde el genio de Orfila lució más fue en el de la toxicología, pudiéndose afirmar que con él nace una nueva era en esta ciencia.

Su formación de médico educado dentro de la más estricta mentalidad anatomoclínica y sus grandes conocimientos de la nueva química permitieron a Orfila convertir la toxicología en una ciencia positiva sujeta a un riguroso método científico. Consideró, desde el primer momento, totalmente insatisfactorio el reconocimiento de los venenos en las evacuaciones, donde pueden no existir o hallarse alterados, e intentó objetivarlos en los tejidos.

Los análisis de las sustancias de la excreta fueron sustituidos por el examen anatomopatológico y químico de las piezas anatómicas; puso en primer plano la autopsia, pasando la historia clínica a un segundo nivel. Aclaró de manera definitiva que la difusión de los tóxicos se realizaba por vía hemática y no por vía nerviosa, como antes se suponía. Por fin, Orfila formuló el concepto de antitóxico, sustancia que actúa directamente contra el tóxico y no contra la enfermedad. Los antitóxicos actúan fundamentalmente por dos mecanismos: eliminación, como los vomitivos, y neutralización, como la albúmina para el mercurio y el sulfato de sosa para el plomo.

Los resultados de las investigaciones de Orfila fueron publicados por primera vez en 1814-1815 en el Traité des poisons ou toxicoligie générale, libro que alcanzó un notable éxito y que sería pronto traducido al inglés, alemán, castellano e italiano. Tres años más tarde, Orfila publicaría una nueva obra de toxicología, dirigida esta vez a un público más amplio y, por tanto, escrita con un estilo mucho más sencillo, con el título de Secours à donner aux personnes empoisonnées et asphyxiées. El primero de estos libros lo haría famoso dentro del mundo médico; el segundo, en toda la sociedad francesa.