Alberto Orrego Luco

(Valparaíso, 1854 - Santiago, 1931) Pintor chileno de estilo muy personal que supo mantenerse al margen de las tendencias imperantes en su época. Encontró en los paisajes naturales el tema predilecto para desarrollar su pintura, aunque al mismo tiempo influyó en la renovación de la disciplina en su país y se convirtió en una referencia obligada para posteriores paisajistas chilenos.

Perteneciente a una ilustre familia chilena, Alberto Orrego cultivó su vocación artística desde muy joven, de forma que con tan sólo 18 años recibió la Mención de Honor de la Exposición del Mercado Central de Santiago, donde expuso algunas de sus primeras pinturas. En 1873 se trasladó a Francia con la pretensión de iniciar estudios de medicina, pero, cautivado por el ambiente artístico parisino, decidió dedicarse por entero a la pintura.


Laguna del Parque Cousiño, de Alberto Orrego

En la capital francesa fue alumno de Alexandre Cabanel y acudió a la prestigiosa Academia Julien. Participó habitualmente en los concursos del Salón Oficial, obteniendo en 1877 una meritoria Segunda Medalla con la obra San Francisco, e incluso llegó a exhibir junto a algunos de los pintores impresionistas, pese a su diferente estilo.

A principios de la década de 1880 se trasladó a Italia, fijando su residencia en Venecia. La larga estancia en la ciudad de los canales, prolongada hasta 1890 debido a la obtención del cargo de cónsul chileno, influyó notablamente en su manera de pintar y en su vida personal, ya que allí conoció y contrajo matrimonio con una italiana, Carlina Rossi.

Su carrera diplomática le llevó posteriormente hasta Sevilla (1892), para regresar nuevamente a tierras italianas como cónsul de su país en Génova, hasta 1914, y en Roma, durante los cruciales años de la Primera Guerra Mundial. Pese a desarrollar la mayor parte de su trayectoria vital y artística en Europa, visitó con frecuencia Chile, participó en exposiciones y recibió algunos premios. A raíz del fallecimiento de su esposa vivió alejado de toda actividad pública en Santiago, donde residía desde 1919.

La principal aportación artística de Orrego Luco radicó en el tratamiento de los paisajes rurales y las marinas, que constituyeron una fuente de inspiración a lo largo de su vida; pintó especialmente estampas provenientes de su tierra natal chilena y del paisaje veneciano. Calificado a veces de expresionista debido a lo personal e íntimo de su estilo, Orrego representó la tendencia que, una vez superada la etapa del impresionismo, retomó el gusto por el dibujo y el equilibrio formal, así como una utilización más convencional del color que se traduce en cuadros serenos, elegantes, que sobre todo intentan captar los sutiles efectos cromáticos que los cambios de luz crean en el paisaje.


Nocturno veneciano

Buenos ejemplos de ello son Atardecer en Venecia y Puesta del sol en el mar, obras en las que también se manifiesta la profunda huella que sobre él ejerció la escuela veneciana. Un concienzudo estudio del color, que alcanza su máxima cota en la gama de los grises, crea en ocasiones una atmósfera artificial y una sensación de intemporalidad que será nota distintiva en posteriores maestros chilenos (Roser Bru o Isaías Cabezón). Nocturno veneciano y Laguna del Parque Cousiño son, además de las ya citadas, otras de sus obras más representativas.