Osmán o Útman II

(Constantinopla, 1603 - 1622) Sultán otomano (1618-1622). Fue un activo líder, ansioso de restaurar el poder del sultanato, para lo que desarrolló planes que lo situaron a la cabeza de los reformadores otomanos del siglo XVII. Hijo primogénito de Ahmed I, recibió de su madre enseñanzas de latín, griego e italiano. Completó su educación con enseñanzas de árabe, turco otomano y persa, asistido por un gran número de consejeros.


Osmán II

Con sólo trece años sucedió a su tío, el sultán Mustafá I, depuesto el 26 de febrero de 1618. Su primer acto político fue eliminar a los seguidores del anterior sultán e incluso a aquellos que habían asegurado su ascensión, que pensaban dominar el gobierno gracias a la extrema juventud del nuevo soberano.

Aquel mismo año se enfrascó en una guerra contra Persia, poniendo al frente del ejército al gran visir, Khalil Bajá, que logró una honrosa paz para la Sublime Puerta, pese a lo cual fue destituido por el sultán apenas regresó a Constantinopla. Osmán II nombró en su lugar a Eukuz Muhammad Bajá, aunque permitió a Khalil Bajá mantener la dignidad de segundo visir.

Los comienzos del reinado de Osmán II conocieron una gran actividad diplomática. En 1618 el sultán ratificó con el embajador austríaco, barón de Mollard, el tratado de Sitvatork, revisado en Kormorn. Un año después nombró príncipe de Moldavia a Gratiani, duque de Naxos, y recibió la promesa de sumisión de Bohemia a cambio de ayuda militar. Los húngaros reclamaron contra la opresión que ejercían los gobernadores otomanos y el embajador turco logró que el dux veneciano confirmase el tratado de comercio existente entre la Serenísima y la Puerta.

El sultán concentró sus esfuerzos militares contra Polonia, que seguía apoyando a los Habsburgo en la Guerra de los Treinta Años y había intervenido en los principados en perjuicio de Turquía, coadyuvando, por ejemplo, a la caída de Gratiani del trono de Valaquia. Osmán II puso un ejército bajo el mando del gobernador de Oczakov, Iskender Bajá, que venció a los polacos en Pruth, al tiempo que los jinetes tártaros asolaban el sur de Polonia, como venganza a las anteriores cabalgadas de los cosacos. Aunque los polacos pudieron preparar un nuevo ejército, la guerra que ya mantenían contra Suiza desde 1617 les llevó a firmar la paz (6 de octubre de 1621) y Osmán quedó con las manos libres para acometer una serie de reformas internas.

La descentralización se había apoderado del Imperio y el nepotismo y la corrupción estaban ampliamente extendidas. El sultán sólo vio como modo de solucionarlo el "turquificar" tanto la corte como el ejército. Osmán desarrolló un plan para sustituir el cuerpo de jenízaros, que él consideraba demasiado heterogéneo, por una especie de milicia nacional compuesta exclusivamente por musulmanes y por campesinos de Anatolia y Siria.

También parece que pensó en trasladar la corte desde Constantinopla hacia algún lugar de Anatolia (quizás Bursa o Ankara), donde los valores otomanos eran predominantes, anticipándose así tres siglos a las reformas que más tarde emprendería Mustafá Kemal Atatürk. Por último, quiso aumentar el poder legislativo del sultán en perjuicio de los miembros de la Ulema.

Estas reformas le pusieron en conflicto con los dirigentes de la Ulema y del ejército. El sultán había levantado la ira de los jenízaros al criticar sus esfuerzos en la campaña de Polonia, y éstos se sintieron humillados ante las inspecciones ordenadas por el soberano; el propio Osmán llegó a ir de incógnito por las tabernas y burdeles de Estambul, castigando con la pena de galeras a aquellos soldados que encontraba en los "nidos de iniquidad".

Surgió una conspiración y los jenízaros estallaron cuando el sultán anunció su próxima peregrinación hacia Anatolia, alegando los primeros que la marcha del sultán privaría al Imperio de su liderazgo en un momento en que su presencia era absolutamente necesaria. Los insurgentes atacaron al sultán a través de sus consejeros, que fueron asaltados en sus hogares bajo el pretexto de esquilmar el tesoro y ser los culpables de los desórdenes.

Cuando el sultán dio marcha atrás y renunció a la peregrinación era demasiado tarde: los jenízaros exigieron la cabeza de los ministros del sultán, y cuando éste se negó a firmar las ejecuciones, los jenízaros entraron violentamente en el palacio real (18 de mayo de 1622). Para intentar salvar el trono, Osmán II accedió a firmar la ejecución del gran visir, Dilaver Bajá, pero ello resultó contraproducente porque los rebeldes se crecieron, pidiendo nuevas ejecuciones.

Osmán II fue depuesto y después asesinado en el mismo castillo donde era mantenido preso, por orden del nuevo visir, Daúd Bajá. Mustafá I fue repuesto en el trono y el reinado de Osmán II terminó sin que ninguna de las reformas proyectadas fuese llevada a la práctica. Sin embargo, el asesinato de un sultán reinante sentó un precedente que fue muy seguido durante los años siguientes.

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