Iwao Oyama

(Kagoshima, Satsuma, 1842 - Tokio, 1916) General japonés que destacó por sus victorias en las guerras Chino-Japonesa (1894-1895) y Ruso-Japonesa (1904-1905), y entre cuyos méritos suele subrayarse su decisivo papel en la modernización del ejército japonés a finales del siglo XIX.


Iwao Oyama

Descendiente de una familia de samuráis, vivió los años de su niñez y adolescencia en el régimen feudal del Japón que cerraba sus puertas a todo lo extranjero; tenía once años cuando la escuadra norteamericana al mando del comodoro Perry pedía, amenazadoramente, que el Japón se abriese al comercio mundial. Era ya soldado cuando, en 1863, el almirante Jaurés bombardeó Shimonoseki como respuesta a la agresión de las tropas del daimio Mori Motonori, quien había abierto fuego contra los buques americanos, holandeses y franceses que atravesaban el estrecho de Shimonoseki.

En la guerra de la Restauración de 1868 se distinguió peleando al lado de los imperiales, y poco después fue enviado a Europa, donde siguió, como agregado militar en el ejército prusiano, toda la guerra de 1870-71. En 1872 regresó a su país, contribuyendo a la organización del nuevo ejército japonés.

Su lealtad a las nuevas ideas se puso a dura prueba en 1877, al sublevarse en Satsuma, donde había nacido, los partidarios del antiguo Japón. Al frente de los insurrectos estaba Saigo Takamori, tío de Oyama y ligado a él, además, por lazos de íntima amistad. Al frente de su brigada, Oyama cumplió con su deber atacando Kagoshima, su ciudad natal, donde se habían hecho fuertes los últimos líderes del Japón medieval, que preferían la muerte a ver implantadas en el país las reformas del extranjero.

El valor y la lealtad de Oyama fueron premiados con el ascenso a teniente general y el cargo de viceministro del Interior y jefe de la policía superior urbana de Tokio, que le fue concedido en 1879. En 1880 ocupó el puesto de ministro de la Guerra, y en 1884 emprendió un viaje a Europa para estudiar la organización militar de las diversas potencias. El resultado de este viaje fue la transformación del ejército japonés, que pasó del modelo francés al alemán.

En la Guerra Chino-Japonesa (1894-1895) estuvo al mando del segundo ejército, el cual, tras brillantes victorias, ocupó Port-Arthur y Wei-hai-wei; por todo ello recibió el título de marqués, ascendió a mariscal y fue nombrado jefe del Estado Mayor Central, cargo que cedió poco después al general Kawakanis, organizador del ejército expedicionario. En 1901, al constituirse de nuevo el antiguo Consejo de los Cinco, Oyama figuró entre sus miembros, aunque no llegó a participar activamente en la política.

A la muerte de Kawakanis ocupó de nuevo la jefatura del Estado Mayor, y al iniciarse en 1904 las hostilidades con Rusia salió de Tokio como generalísimo del ejército japonés. En la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905), Oyama dirigió las tropas japonesas en la conquista de Manchuria, lograda completamente tras la decisiva victoria de Mukden, desarrollada entre los meses de febrero y marzo de 1905 y en la que intervinieron seiscientos mil soldados.

Los defectos de que adolecía el nuevo ejército fueron corregidos por Oyama con la rapidez propia de un gran caudillo, y la escasez de ametralladoras y la debilidad de la caballería fueron remediadas del mejor modo posible. Los defectos de Oyama como generalísimo radicaban en que, a pesar de su barniz de modernismo, seguía siendo en el fondo un samurái: muchas veces su tajante orden de nunca realizar nada fuera del plan previsto hizo que sus subordinados no pudiesen aprovecharse de circunstancias favorables que impensadamente se presentaban ante ellos; por desprecio del peligro sacrificó a menudo a sus soldados de un modo desproporcionado al resultado conseguido.

Acabada la guerra, Oyama hizo su entrada triunfal en Tokio el 8 de diciembre de 1905, y al año de firmarse la paz abandonó su puesto de jefe del Estado Mayor, después de recibir por sus victorias sobre los rusos el título de príncipe, la condecoración de primera clase del Milano de Oro y la más alta condecoración japonesa, el collar de la orden del Crisantemo. En 1914 fue nombrado guardasellos (custodio de los sellos oficiales), y al morir vivía en su quinta de las cercanías de Tokio, retirado de la milicia y de la política.

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