Augusto Pi y Suñer

(Barcelona, 1879 - México, 1965) Medico fisiólogo español. Hijo de Jaume Pi i Sunyer, catedrático de patología general de la Facultad de Medicina de Barcelona, estudió medicina, licenciándose en 1899. Se doctoró en Madrid, en 1900, con una tesis sobre la vida anaerobia. Desde sus años de estudiante frecuentó el Laboratorio Municipal de Barcelona y allí siguió trabajando una vez finalizados sus estudios. Durante estos años estuvo muy influido por Ramón Turró, que le dirigió sus primeros trabajos de investigación.

En 1904 obtuvo la cátedra de fisiología de la Facultad de Sevilla. Pudo, sin embargo, permanecer en Barcelona, unas veces en calidad de agregado en comisión y otras como director del curso de fisiología general organizado por el Laboratorio Municipal. En 1916 obtuvo la cátedra de fisiología de Barcelona, sucediendo a Ramón Coll i Pujol. En 1920 se creó el Instituto de Fisiología y Augusto Pi i Sunyer fue nombrado director del mismo. Con estos medios pudo crear una sólida escuela y un eficaz equipo de investigación.

La guerra civil frustró esta labor y deshizo el equipo. Pi i Sunyer se exilió, y después de una corta estancia en París, fue nombrado profesor de fisiología en la Facultad de Medicina de Caracas. En tierras venezolanas fundó y dirigió el Instituto de Medicina Experimental, fue profesor de bioquímica de la Facultad a partir de 1946 y, desde 1942, profesor, asimismo, de biología y bioquímica del Instituto Pedagógico Nacional de Caracas. La labor de Pi i Sunyer en Caracas fue también extraordinariamente fructífera. El panorama de la fisiología venezolana cambió radicalmente a partir de su llegada, pudiéndose afirmar, sin temor a la exageración, que toda la actual escuela de fisiología de Venezuela tiene sus raíces en la obra de Pi i Sunyer.

Su labor investigadora se inicia con su tesis doctoral sobre la vida anaerobia. Fue ese un trabajo más rico en erudición que en aportaciones de materiales. En él, tras unos capítulos destinados a demoler la exclusividad de la oxidación, se pasa revista a las transformaciones químicas existentes en los seres vivos que se realizan sin intervención del aire: hidrataciones, hidrólisis y transposiciones moleculares.

Acabada su tesis doctoral, emprendió una nueva etapa en su investigación, sumándose al programa de Ramón Turró sobre los mecanismos de la inmunidad natural. Como es sabido, Turró buscaba una tercera teoría, distinta a la de Elie Metchnikoff y a la de Paul Ehrlich, para la explicación de estos fenómenos. La hipótesis central de dicha teoría era una supuesta identidad entre los mecanismos inmunitarios y los digestivos a nivel celular. Aunque no puede decirse que los resultados en este campo fuesen brillantes, sí sirvieron, al menos, para que Pi i Sunyer se interesase por el problema de la sensibilidad trófica, camino que le llevaría, con el tiempo, a estudiar los reflejos nerviosos de adaptación, una de sus principales aportaciones a la fisiología.

Uno de estos mecanismos reflejo que estudió fue el regulador de los movimientos respiratorios. Cuando, en 1918, inició su estudio experimental de la participación de la sensibilidad química periférica en la regulación respiratoria, eran ya conocidos muchos reflejos capaces de modificar el ritmo y la profundidad de los movimientos respiratorios, pero todos ellos provocados por estímulos físicos; como mecanismo químico de regulación respiratoria se conocía y admitía exclusivamente la actuación directa de estímulos de esta clase sobre los centros de la respiración.

Los trabajos de Pi i Sunyer pudieron demostrar que la respuesta hiperventilatoria de los perros, con neumogástricos intactos, que respiraban aire con una concentración de CO2 anormalmente alta, era debida en buena parte a reflejos que quimioreceptores periféricos con aferencia vagal. Pensó que estos quimioreceptores estarían situados en los pulmones. Cuando, más tarde, Comeille Heymans pudo demostrar que los quimiorreceptores se encuentran en diversos lugares de la trama vascular, las contribuciones de Pi i Sunyer quedaron algo apagadas, pero últimamente, al haberse podido demostrar la existencia de quimioreceptores en los vasos pulmonares los trabajos de Pi i Sunyer han vuelto a ser valorados.

De forma paralela se interesó por los reflejos reguladores de la glucemia, pudiendo demostrar que las condiciones nerviosas vegetativas intervienen en la regulación glicémica, tanto en el sentido descendente como en el ascendente. La capacidad de trabajo de Pi i Sunyer le permitió abordar muchos otros aspectos de la fisiología (bioquímica de los hidratos de carbono, acción transformadora y fijadora en el metabolismo hepático, electrocardiografía, etc) en los que, aparte de demostrar estar perfectamente informado, hizo algunas contribuciones de un cierto relieve. La fisiología renas fue igualmente objeto de su trabajo, contribuyendo a demostrar que la sangre urémica tenía una acción inhibidora sobre la secreción urinaria.

El interés por campos tan diversos le restó, tal vez, profundidad en sus investigaciones, pero le permitió, en cambio, la redacción de trabajos de síntesis muy bien documentados, e incluso, la confección de los manuales que obtuvieron un extraordinario éxito. La figura de Pi i Sunyer queda, sin embargo, incompleta si se limita únicamente a su actividad científica. Fue, sin duda, uno de los personajes claves del resurgir de la medicina catalana en el primer tercio del siglo XX. Su capacidad de organización, aglutinación y hasta de entusiasmo la puso al servicio de dos ideales: que su país pudiera incorporar los hábitos europeos de investigación de laboratorio y que el idioma catalán se convirtiera en un medio normal de comunicación científica. Participó muy activamente en casi todas las empresas médicas colectivas que se organizaron en Cataluña entre 1900 y 1936.

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