Gustavo Pittaluga Fattorini

(Florencia, 1876 - La Habana, 1956) Médico español. Estudioso de reconocido prestigio internacional, se dedicó a la investigación de las enfermedades endémicas del África ecuatorial y fue catedrático de Parasitología de la Universidad de Madrid.


Gustavo Pittaluga Fattorini

Estudió medicina en la Universidad de Roma, donde se doctoró con una tesis sobre la acromegalia. Fue durante varios años ayudante de Battista Grassi, junto a quien se dedicó a investigar los insectos transmisores del paludismo. En 1903 llegó a Madrid como ponente del Congreso Internacional de Medicina, al que presentó una comunicación sobre etiología y epidemiología del paludismo. A partir de este momento se estableció en España y, junto a un grupo de médicos que se unieron en torno suyo, continuó aquí su labor como parasitólogo.

En colaboración con Francisco Huertas, entre otros, publicó, Investigaciones y estudios sobre el paludismo en España (1903), excelente trabajo en que aparece el primer mapa de la distribución del paludismo en nuestro país, así como un ensayo de bibliografía histórica. En 1905 ingresó como jefe del servicio de desinfección del Instituto Nacional de Higiene que dirigía Santiago Ramón y Cajal, y dos años después pasó a la sección de parasitología del mismo instituto.

Organizó y dirigió la comisión que, en 1909, estudió las enfermedades endémicas en Fernando Póo y otras colonias españolas del golfo de Guinea. El informe publicado como resultado de estas investigaciones fue un excelente estudio de la "enfermedad del sueño". También puso de relieve la existencia de Kala-azar infantil en el litoral mediterráneo español.

En 1913 obtuvo la Cátedra de Parasitología y Patología tropical de la Universidad de Madrid, en cuyos laboratorios realizó interesantes indagaciones sobre morfología y fisiología sanguínea, que expuso en varios artículos publicados en Archivos de Cardiología y Hematología, revista que dirigió junto a Luis Calandre. En todos ellos destaca su preocupación por el tema genético y su conocimiento de las teorías mendelianas. Esto supuso el inicio de una importante escuela hematológica española.

Pittaluga fue asimismo el impulsor del Servicio Técnico del Paludismo y más tarde del servicio de Sanidad de la Mancomunidad de Cataluña. Tan interesante como su producción científica fue su labor como director de la escuela y luego del Instituto Nacional de Sanidad. Sus actividades en dichos cargos contribuyeron a ampliar el concepto de sanidad, que pasó a convertirse cada vez más en medicina preventiva e higiene social, dando gran importancia a la higiene de la alimentación y a la ingeniería y arquitectura sanitarias.

Pittaluga mantuvo un vivo interés en la filosofía de la ciencia, llegando a ocupar la cátedra de filosofía científica en la Escuela de Estudios Superiores del Ateneo de Madrid. Aplicó las teorías del conocimiento de Ernst Mach, Herbert Spencer y otros a la biología. Aludiendo al antagonismo entre el proceso intuitivo y el lógico, concluyó Pittaluga que en la biología "existe una posibilidad de interpretación subjetiva de los fenómenos de límites muchos más amplios que en las ciencias exactas". Por consiguiente, el biólogo tiene que afinar su capacidad de percepción exacta de la realidad, ya que los fenómenos biológicos ofrecen una individualidad que no poseen los fenómenos físicos, con sus expresiones matemáticas. Sin esta preparación, "no puede haber en biología intuición alguna de la verdad".

Durante la Segunda República fue diputado en las Cortes constituyentes. Al final de la guerra civil, Pittaluga se exilió a Cuba, donde fue nombrado jefe del Departamento de Climatología e Hidrología Experimental del Ministerio de Salubridad y fundó una nueva revista científica, los Archivos del Instituto Nacional de Hidrología y Climatología Médicas.

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