John Reed

(Portland, 1887 - Moscú, 1920) Periodista estadounidense. Renovador del reportaje histórico y político, es recordado especialmente por su obra Diez días que estremecieron al mundo (1919), acaso la más célebre crónica de la revolución rusa. A pesar de su temprana desaparición, su obra ejerció una enorme influencia en el periodismo político.


John Reed

Se graduó en la Universidad de Harvard en 1910 y, tres años más tarde, comenzó a trabajar para el diario de tendencia socialista The Masses. John Reed alternó su labor como periodista con una intensa actividad política que lo convirtió en afamado líder radical y en uno de los fundadores del Partido Comunista en los Estados Unidos.

Alcanzó su primer éxito con las crónicas sobre la revolución mexicana y especialmente sobre Pancho Villa, publicadas en 1914 bajo el título de Insurgent Mexico (México insurgente). Participó en la Primera Guerra Mundial como corresponsal de la revista Metropolitan y describió sus experiencias en The War in Eastern Europe (La guerra en Europa oriental, 1916).

En 1917, John Reed se trasladó a Rusia, donde fue testigo de la revolución bolchevique de octubre, que recogería en su trabajo más famoso, Ten Days That Shook the World (Diez días que conmovieron al mundo), publicado en 1919. Tras regresar a su país fue perseguido y acusado de espionaje por su afiliación al Partido Comunista y sus simpatías hacia el bolchevismo. En 1919, Reed se vio obligado a huir a la Unión Soviética, donde murió en la ciudad de Moscú el 19 de octubre de 1920.

Diez días que conmovieron al mundo está considerado un clásico del reportaje y el testimonio más directo de los días turbulentos de la toma del poder por el proletariado ruso. A las crónicas de Reed se les ha reconocido una amalgama de virtudes: el vigor, la vitalidad, la energía y rapidez con que se relacionan en ellas los acontecimientos y descripciones, como si el lector asistiera a los hechos históricos, dotándolos de humanidad. Innovó en el criterio del reportaje de la época e influyó en sus corrientes posteriores, pues más allá de lo que se esperaba de un cronista, Reed se involucró en los peligros derivados de los acontecimientos, inaugurando un periodismo tan arriesgado como verosímil.