Edwin Arlington Robinson

(Head Tide, 1869 - Nueva York, 1935) Poeta norteamericano. Oriundo de la fortaleza "yankee" del Maine, y descendiente, por parte de su madre, de los más antiguos colonizadores puritanos, mantuvo a lo largo de toda su existencia la reserva personal, la constricción moral y la rigidez de espíritu propias de un provinciano de Nueva Inglaterra; de los puritanos de tal región conservó asimismo una notable desconfianza respecto del "mundo" y la predisposición a las violentas, desoladas y silenciosas tragedias donde hay poco espacio para el heroísmo y, en cambio, mucho para el fracaso, la aridez, la frustración y la derrota.

La amarga melancolía típica de lo mejor de su producción parece haber sido congénita en él. A ella contribuyeron, sin embargo, el "enigma del universo" y los "pequeños embrollos satánicos" del destino humano; sin embargo, ninguno de tales factores, ni tampoco las dificultades materiales que persiguieron a Robinson desde la juventud hasta la vejez, puede ser considerado en justicia como una "causa". La carrera poética de nuestro autor se inició ya en sus años juveniles, y la poesía fue juzgada por él hasta el fin de sus días como su única profesión.

Consumidos los escasos bienes de la familia a la muerte del padre, hubo de interrumpir sus estudios, luego de haber frecuentado un par de años el Harvard College. En adelante, la miseria no había ya de abandonarle. Tras el fallecimiento de su madre, en 1896, salió de Maine y marchó a Nueva York. Este mismo año apareció su primer tomo de poesías, El torrente y la noche antes (The Torrent and the Night Before), pronto, como todos sus libros iniciales, relegado al olvido.

Obstinado en el cultivo de su arte, y ajeno, por su actitud puritana, a la participación en la vida literaria de la gran ciudad y a la venta del propio talento para la satisfacción de sus necesidades económicas, se avino a ganar solamente lo que precisaba para vivir un hombre solitario. Y así, aceptó cualesquier ocupaciones humildes que le fueran ofrecidas, y vivió una existencia casi de eremita, perturbada frecuentemente por el alcoholismo.

Sus composiciones líricas aparecieron al principio (fenómeno nuevo en la historia de la poesía norteamericana) impresas privadamente por el mismo autor, quien las dio a la luz en 1897 bajo el título Los hijos de la noche. Estos lacónicos, elípticos y tímidos cuadros de tonos moderados y destinos diversos y casi siempre trágicos anunciaron los temas que habrían de quedar como los fundamentales del autor: oscuros laberintos del espíritu, ironías y tragedias de la condición humana. En El capitán Craig (Captain Craig, 1902), Robinson consideró con mayor extensión y menor economía de lenguaje sus temas.

Lentamente, algunos lectores adquirieron un justo conocimiento del poeta; entre ellos se contaba el presidente Theodore Roosevelt, quien durante varios años le aseguró un empleo en la aduana de Nueva York. Los volúmenes siguientes llegaron a un público progresivamente vasto, y El hombre contra el cielo dio, en 1916, cierta fama al autor. Éste, a medida que iba robusteciendo la confianza en sí mismo, volvió cada vez más al estilo reflexivo y discursivo propio del siglo XIX, y así, en la trilogía de las leyendas del Rey Artús reconstituidas -Merlín (1917), Lancelot (1920) y Tristram (Tristán, 1927)- el taciturno inquisidor de almas se transformó en un prolijo y analítico narrador de situaciones humanas, con ocasionales elevaciones líricas que no redimían, no obstante, su verbosidad.

En muchos otros y extensos poemas de la misma época -Las tres tabernas (The Three Taverns, 1920), La cosecha de Avon (Avon's Harvest, 1921), Roman Bartholomew (1923), Dionisio en duda (Dionysus in Doubt, 1925), etc.-, meditó en voz alta acerca de toda una gama de difíciles problemas humanos. Paulatinamente Robinson fue alcanzando reputación hasta ser considerado como uno de los dos poetas norteamericanos contemporáneos más ilustres (el otro era Robert Frost). Durante los últimos años de su vida halló una especie de casa de solteros en la Mac Dowell Colony, destinada a los artistas de New Hampshire; residió en ella, y fue su genio tutelar. A su muerte, en Nueva York y a consecuencia de un cáncer, era ya una figura de leyenda.

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