José María Ruiz-Mateos

(José María Ruiz-Mateos Jiménez de Tejada; Rota, Cádiz, 1931 - El Puerto de Santa María, id., 2015) Empresario español. Tercer hijo en una familia de seis hermanos, pasó su niñez en su ciudad natal hasta que su padre, dedicado al comercio de vinos, trasladó el negocio a Jerez de la Frontera. Ruiz-Mateos estudió el Bachillerato en el Colegio de los Salesianos de Ronda (Málaga) y más tarde se graduó como profesor mercantil en la Escuela de Comercio de Jerez.


José María Ruiz-Mateos

En 1961 reunió en torno a sí a un grupo de empresas con las que constituyó Rumasa (Ruiz-Mateos Sociedad Anónima). La sociedad adoptó como logotipo una abeja en el interior de un hexágono. En 1967 trasladó la sede central de Rumasa a Madrid y el grupo comenzó su expansión. A los diez años de su creación tenía ya ocho bancos, cincuenta y nueve empresas filiales y asociadas y quince mil empleados. En los diez años siguientes (1971-1982) el crecimiento de Rumasa fue vertiginoso. En pocos años, Ruiz-Mateos logró una inmensa fortuna y el control de numerosas empresas, entre las que destacaba un fuerte y consolidado grupo bancario, aunque también hay que señalar las empresas vinícolas, una cadena hotelera de más de treinta y dos hoteles y los grandes almacenes comerciales, entre ellos Galerías Preciados. Según fuentes del grupo, la facturación había alcanzado en 1982 los 350.000 millones de pesetas.

A principios de los años 80 empezaron a circular rumores sobre supuestas irregularidades del grupo. Los enfrentamientos entre el propietario de Rumasa y el ministro de Economía del Gobierno socialista, Miguel Boyer, se producían desde hacía tiempo y se recrudecieron en los meses anteriores a su embargo. El Gobierno socialista decidió su expropiación el 23 de febrero de 1983. Se estimó que el "agujero" de Rumasa era de unos 200.000 millones. El sábado anterior a la expropiación, Boyer amenazó a Ruiz-Mateos con enviar a los inspectores de Hacienda a los bancos de Rumasa si no se remitían las auditorías solicitadas por el Fondo de Garantías de Depósitos, a lo que Ruiz-Mateos respondió que el ministro generaba intranquilidad entre los clientes de su grupo bancario, que habían retirado en pocos días más de 2.000 millones de pesetas. Ruiz-Mateos afirmó que, con todo, ello carecía de importancia, teniendo en cuenta los enormes recursos del grupo bancario.

El Gobierno socialista declaró que únicamente intentaba, con la expropiación de Rumasa, impedir mayores problemas económicos, debidos por un lado a la fragilidad del grupo bancario, y por otro a iniciativas económicas heterodoxas que Rumasa había desarrollado en los últimos años, como el hecho de que las empresas del holding viviesen de los préstamos otorgados por los bancos del mismo grupo. Sin embargo, la expropiación tuvo especial significado más allá de lo estrictamente económico, sobre todo si se tiene en cuenta que la medida fue adoptada por un Gobierno socialista al poco tiempo de llegar al poder, y afectó a un empresario conservador enriquecido durante el franquismo.

El hecho de que varias instancias económicas coincidiesen con el Gobierno en la calificación de las actitudes de riesgo que asumía el grupo y fuesen favorables a la confiscación tranquilizó a los inversores y a los clientes de Rumasa. Desde la expropiación, José María Ruiz-Mateos fue un hombre a la defensiva. Negó siempre las razones aducidas por el Gobierno; huyó de España, vivió autoexiliado en Londres durante un año, no compareció a juicio, fue declarado en rebeldía e hizo numerosas declaraciones, cada vez más agresivas y desesperadas, atacando a personas e instituciones, y se convirtió en un perseguido de la justicia española.

El 10 de febrero de 1997, catorce años después de la expropiación y tras un duro periplo por los tribunales y una frenética carrera política en la que su partido llegó a obtener dos escaños en el Parlamento Europeo, la Audiencia Nacional de Madrid celebró el juicio en el que el empresario jerezano fue juzgado por delitos de falsedad en documento mercantil y por los que el fiscal pidió doce años de cárcel. Sin embargo, el tribunal absolvió finalmente al empresario y a los otros acusados y directivos del holding.

Mientras se sucedían los larguísimos procesos y las sentencias, unas veces favorables y otras contrarias, Ruiz-Mateos logró reconstruir una parte de su imperio, al que llamó Nueva Rumasa; según fuentes de la misma empresa, el grupo llegó a emplear a cerca de dieciséis mil trabajadores. Pero el nuevo holding demostró tener también los pies de barro: en 2011, Nueva Rumasa tuvo que acogerse a un concurso de acreedores para evitar la suspensión de pagos, y fue adquirida por Back in Business, un grupo inversor especializado en liquidaciones. En 2012, Ruiz-Mateos y sus familiares hubieron otra vez de dar cuenta ante los tribunales de las irregularidades de su gestión. El patriarca falleció tres años después, a consecuencia de las complicaciones surgidas tras ser sometido a una operación de cadera.

Al navegar por este sitio, aceptas el uso de cookies y los anuncios personalizados Entendido Más información