Emilio Sagi Barba

(Mataró, 1876 - Polop de la Marina, 1949) Cantante de zarzuela español. Fue la figura más importante del género lírico español en el primer tercio del siglo XX, y contribuyó al enriquecimiento de dicho género no sólo como intérprete, sino también como empresario y entusiasta difusor, además de ser cabeza visible de una saga familiar dedicada al canto. Estuvo considerado el mejor vocalista de zarzuela en su cuerda de barítono, gracias a unas excepcionales cualidades: volumen, timbre hermoso, técnica perfecta, virtuosismo (fueron famosos sus largos calderones) y sentido teatral.

Comenzó a cantar cuando era muy niño, durante las funciones religiosas de su colegio, para más tarde emprender estudios de música y canto en el Conservatorio municipal de Barcelona. Con diecinueve años decidió trasladarse a Argentina, donde debutó con La Dolores de Bretón como integrante de una pequeña compañía, al mismo tiempo que cantaba misas en la catedral buonarense.

En 1901 inició en Montevideo una serie de exitosas actuaciones por Sudamérica que le valieron para darse a conocer en aquellos países y entre los empresarios españoles. Entre las obras interpretadas en esta época destacaron Marina -que después cantó en versión catalana en el Teatro Tívoli-, La tempestad y El anillo de hierro. En 1904 actuó junto a la joven soprano Luisa Vela, con la que más tarde contrajo matrimonio; ambos cónyuges cantaron juntos en innumerables ocasiones y formaron su propia compañía lírica.

Sagi Barba realizó algunas incursiones en la ópera, como el estreno en castellano de Cavalleria rusticana, en el Teatro Victoria de Buenos Aires, y el de La bohème, en el Teatro Odeón de la misma ciudad. Contribuyó con su mujer a difundir por España y América el género de la opereta, con las obras más significativas: La viuda alegre, La princesa del dólar y El conde de Luxemburgo.

En 1910 estrenó Molinos de viento, de Millán y Luna, y el 5 de febrero de 1914 logró en el Teatro-Circo Price de Madrid uno de sus mayores triunfos con el estreno de Las golondrinas, de Usandizaga, en cuyo reparto también participaron Luisa Vela, Eva López y Francisco Meana. En noviembre de ese mismo año participó en el estreno de La vida breve, de Falla, con la dirección del maestro Luna; de este autor también estrenó en 1918 Los calabreses en el Teatro Apolo, con Charo Leonís.

En la década de 1920 continuó acrecentando su prestigio con inolvidables títulos del género lírico español, tanto del repertorio grande como del chico: La dogaresa, La del soto del parral, El pájaro azul, La verbena de la Paloma, El barberillo de Lavapiés. En marzo de 1930, en la etapa final de su carrera como cantante, estrenó en el Teatro Calderón La rosa del azafrán, de Guerrero, y consiguió su triunfo más clamoroso en 1932 con el de Luisa Fernanda, de Moreno Torroba, obra con la que frecuentemente se le identifica y que supone su retirada de la escena.

Por esos años dirigió las orquestas en las presentaciones de sus hijos Enrique y Luis, cantó en alguna función benéfica y, más tarde, se dedicó a componer en su finca alicantina de Polop. Una partitura de su autoría, Las palomas, llegó a estrenarse en 1946 en el Teatro Victoria de Barcelona.

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