Vladímir Salnikov

(San Petersburgo, 1960) Nadador ruso considerado una de las figuras destacadas de la natación del siglo XX y gran dominador histórico de la prueba de los 1.500 metros libres, la más larga de la natación olímpica.

Hijo de un capitán de barco, en un principio se sintió llamado a seguir los los pasos de su padre, pero cuando su madre le inscribió en un curso de natación en la escuela municipal encontró su verdadero destino. Fue entrenado por Igor Koshin, quien en un principio no vio más que problemas en aquel joven, propenso a sufrir infecciones de oído; aún así, no cejó en su empeño de convertirlo en un campeón, para lo cual le hizo seguir un régimen de entrenamiento durísimo que incluía, además de las sesiones de series en la piscina, varias horas de levantamiento de pesas diarias.

Tanto trabajo, tenacidad y perseverancia dieron pronto sus frutos, de tal forma que, en 1974, el joven Salnikov se adjudicaba las mejores marcas de la Unión Soviética en las distancias de 400 y 1.500 metros, lo que le permitió incorporarse al equipo soviético que competiría en Montreal 76. En su primera cita olímpica, terminó los 1.500 en quinta posición y, ya de vuelta en Rusia, siguió entrenándose para mejorar sus marcas, trabajo que simultaneaba con estudios de anatomía, fisiología y educación física. Estableció nuevos records de Europa en las distancias de 800 y 1.500 metros y, en 1979, se proclamó campeón de esta última disciplina.

El boicot americano a los Juegos de Moscú significó un duro golpe para él, ya que al poder medir sus fuerzas con los campones norteamericanos su victoria no sería considerada meritoria. Con todo, en una brillantísima actuación que le mereció dos medallas de oro, batió los records mundiales en las modalidades de 400 y 1.500 metros, prueba esta última en la que el cronómetro se paró en 14 minutos, 58 segundos y 27 centésimas, lo que le convertía en el primer hombre que superaba la barrera de los quince minutos.

Además, añadió otra medalla de bronce (4x200 estilo libre) a los dos oros cosechados. Tuvo que esperar dos años para tomarse la revancha con los americanos, con los que se enfrentó en los Juegos de la Amistad celebrados en Moscú en los que, ya en la noche de apertura batió el récord en los 800 metros estilo libre.

Los años 1986 y 1987 fueron críticos; marcaron un período de decadencia -ni siquiera se clasificó para los Campeonatos Europeos- en su trayectoria deportiva, que hizo pensar a todo el mundo que el atleta soviético había tocado fondo. Sin embargo, Vladimir estaba dispuesto a demostrar que seguía siendo el hombre más rápido del mundo. En los Juegos de Seúl 88, cuando ya era un veterano de veintiocho años, respondió al desafío lanzado por los críticos y se adjudicó su cuarta medalla de oro, con un nuevo récord olímpico, ante un público atónito que al término de la prueba le dedicó una clamorosa ovación.

Se convirtó así en uno de los cuatro nadadores (junto con Dawn Fraser, Duke Kahanemoku y Pablo Morales) que consiguieron la victoria dos veces con una diferencia de ocho años. Un año más tarde se retiró del deporte activo y fue designado entrenador del equipo olímpico soviético, cargo del que dimitió en 1990.