Ricardo Samper

(Ricardo Samper e Ibáñez; Valencia, 1881 - Leysin, 1938) Político español. Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia, en el año 1905 comenzó a ejercer como abogado en su propio bufete sin interrupción hasta que fue nombrado ministro de Trabajo. Al año siguiente de licenciarse ganó una plaza por oposición (tras una reñida disputa), en la Diputación provincial de Valencia, cargo que desempeñó sin abandonar el ejercicio de su profesión hasta el año 1911, fecha en la que abandonó el cargo una vez que su bufete había obtenido el prestigio suficiente y cierta prosperidad.

Sus primero pasos dentro de la política los llevó a cabo en el Partido de la Unión Republicana Autonomista de Valencia, liderado por el escritor Vicente Blasco Ibáñez. En esta época colaboró con cierta asiduidad en el rotativo El Pueblo. Tras su cese voluntario de la Diputación, Samper fue elegido por su partido concejal del Ayuntamiento de Valencia, cargo en el que estuvo desde el año 1911 hasta 1920. Gracias a su enconada oposición contra la mayoría monárquica, Samper Ibáñez fue nombrado, dentro del Ayuntamiento de Valencia, jefe de la minoría republicana.

Unos años antes de ser elegido alcalde de Valencia, Samper Ibáñez fue elegido diputado provincial, cargo en el que destacó por su encomiable empeño en acabar con las corrientes prácticas caciquiles que venía utilizando la Comisión provincial. Finalmente, en el año 1920 volvió a ser nuevamente elegido como concejal. Al constituirse el nuevo Ayuntamiento el 1 de abril, la mayoría republicana utilizó el derecho que tenían las Corporaciones para elegir a sus propios alcaldes, nombramiento que recayó en Samper Ibáñez. Durante los dos años en los que estuvo como edil, es decir, hasta el término legal de su mandato, Samper Ibáñez dio numerosas conferencias, intervino en casi todos los mítines republicanos celebrados en la provincia de Valencia, y continuó colaborando periódicamente en el rotativo El Pueblo.

Con el advenimiento de la Dictadura del general Primo de Rivera el 13 de septiembre del año 1923, Samper Ibáñez, al igual que todos los políticos contrarios al nuevo régimen totalitario, fue defenestrado de su actividad política, tiempo en el que se dedicó por entero a su carrera de abogado, logrando elevar su bufete a la categoría de los mejores de Valencia. También desempeñó el cargo de presidente de la Casa de la Democracia y, más tarde, el de presidente del Ateneo Mercantil.

Tras la caída del general Primo de Rivera y la posterior llegada de la Segunda República, Samper fue elegido diputado a Cortes por el Partido Radical y representante en Valencia de su partido de siempre, la Unión Republicana Autonomista. Formó parte de la Comisión encargada de formular el proyecto de la nueva Constitución y, especialmente, en los debates sobre la tan protestada reforma agraria, la ley de los delegados de trabajo y sobre los trágicos sucesos de Casas Viejas.

En septiembre del año 1933, tras la caída del Gobierno de Azaña, Alejandro Lerroux fue encargado por Niceto Alcalá Zamora de formar un nuevo gabinete, en el que nombró a Samper Ibáñez ministro de Trabajo, cargo que ejerció tan sólo veinticinco días. No obstante, en esa corta etapa ministerial Samper tuvo la oportunidad de participar activamente en diversos debates parlamentarios de especial relevancia como, por ejemplo, el enfrentamiento enconado que sostuvo con el grupo socialista con motivo de las medidas encaminadas a corregir las irregularidades de los Jurados Mixtos y a mitigar los efectos de la Ley de Términos Municipales, aprobada anteriormente por el gobierno de Manuel Azaña.

En las elecciones inmediatas que se celebraron en noviembre del mismo año, Samper Ibáñez volvió a ser elegido diputado por Valencia. Alejandro Lerroux formó otro nuevo gobierno en el que volvió a contar con Samper Ibáñez para la cartera de Industria y Comercio, cargo en el que estuvo hasta el mes de abril del año 1934. En el nuevo ministerio, Samper se preocupó por reactivar la celebración de nuevos tratados favorables a la exportación de los productos industriales españoles, a desarrollar una política de contingentes, como medio defensivo contra las restricciones que venían aplicando la mayoría de los países europeos más desarrollados, y a reorganizar el Consejo Ordenador de la Economía Nacional, atendiendo a una coordinación entre los empresarios y los elementos productores, los trabajadores.

Al sobrevenir la crisis del asunto del estraperlo, que acabó con la caída del Gobierno de Lerroux, Samper Ibáñez fue encargado, gracias a su talante conciliador, por Niceto Alcalá Zamora de formar un nuevo gobierno capaz de salvar la crisis, el cual fue formado en tan sólo veinticuatro horas, el 28 de abril del año 1934, en el que contó con el apoyo de las minorías radicales del país, de la Liga Regionalista, de Acción Popular y de la CEDA.

Samper Ibáñez tuvo que hacer frente a dos espinosos asuntos que salpicaron su breve periplo como jefe del Gobierno: la conflictiva Ley de los Cultivos de Cataluña y la propuesta vasca, por parte de una comisión de sus provincias, para establecer el Estatuto de Autonomía. Aparte de estos dos temas, paralelamente introdujo varios proyectos de ley al parlamento para su posterior discusión, tales como el de la reforma de la enseñanza, la ordenación ferroviaria, las nuevas leyes electorales para los municipios y provincias, y la ordenación de los nuevos presupuestos. Pero debido a su enfrentamiento, tanto con la izquierda como con la derecha, Samper hubo de dimitir de su cargo al retirarle el apoyo parlamentario la CEDA de Gil Robles, el 4 de octubre del mismo año.

Dando pruebas de su lealtad al partido, Samper entró a formar parte, por tercera vez, en el nuevo Gobierno de coalición derechista presidido por Alejandro Lerroux, como ministro de Estado. El 16 de noviembre, junto con el ministro de la Guerra, Diego Hidalgo, dimitió de su cargo como consecuencia de los terribles sucesos revolucionarios surgidos en Asturias, que el gobierno reprimió de manera brutal. Por último, el año 1936, nada más estallar la Guerra Civil, Samper Ibáñez se marchó a Suiza, huyendo de los desastres de la contienda, donde murió.

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