Alejandro San Martín

(Alejandro San Martín y Satrústegui; Larraínzar, 1847 - Madrid, 1908) Médico español. Hijo de un médico rural, cursó los tres primeros años de bachillerato en Pamplona. En 1860 se trasladó a Madrid, y a partir de entonces estuvo bajo la tutela de su tío, Basilio San Martín, prestigioso cirujano que, entre otras cosas, había sido uno de los introductores en España de la anestesia por inhalación. Tuvo, gracias a él, una cuidada formación. Tras terminar el bachillerato, estudió medicina con excepcional brillantez en la Facultad de Madrid, donde obtuvo el título de licenciado en 1869 y el de doctor el año siguiente.

Durante casi cuatro años, San Martín ejerció como médico en un pueblo navarro. En 1874 ganó por oposición la cátedra de terapéutica de la Facultad de Medicina de Cádiz. Aunque tenía gran inclinación por el trabajo experimental, se consagró a la cirugía, en parte por influencia de su tío. La culminación de su carrera fue conseguir, en 1882, la cátedra de patología quirúrgica de la Facultad de Madrid, que ocupó hasta su muerte.

San Martín participó activamente en aspectos muy variados de la vida médica y también de la política. Fue miembro de numerosas comisiones oficiales, entre ellas, las que el Gobierno nombró en 1885 para dictaminar acerca de la vacunación anticolérica de Jaime Ferrán. Asistió a numerosos congresos nacionales y extranjeros, y perteneció a la Real Academia de Medicina y a otras instituciones. A partir de 1898 fue senador y, desde junio a diciembre de 1906, ocupó el cargo de ministro de Instrucción Pública.

Como cirujano, fue un típico seguidor de la mentalidad fisiopatológica. No sólo pensaba que la cirugía tenía una finalidad restauradora y funcional y no meramente exerética, sino que consideraba que su principal fundamento era la investigación de laboratorio. En consecuencia, realizó trabajos experimentales para solucionar problemas quirúrgicos.

Su importante contribución a la cirugía vascular es la que mejor refleja dicha mentalidad. El punto de partida de sus estudios sobre el tema fue, en 1898, la posibilidad de evitar la propagación de la gangrena de un miembro por endarteritis obliterante, mediante una anastomosis arteriovenosa que trasladase a la vena principal la sangre arterial que no podía llegar por la arteria obstruida. Teniendo en cuenta las especiales condiciones anatómicas y fisiológicas del árbol venoso, examinó su adaptación a la sangre arterial en los casos clínicos de aneurisma arteriovenoso, entre otros, los producidos en la flexura del codo por la picadura de la lanceta de los sangradores.

Por otra parte, trabajó más de dos años en amplias series de experimentos en animales, investigando el comportamiento de anastomosis por invaginación de la arteria en la vena y de anastomosis laterolaterales. Las dos primeras aplicaciones al hombre de esta última técnica -que pareció la preferible- no consiguieron evitar la amputación, pero quedó abierto un camino que desarrollaría brillantemente José Goyanes Capdevila, su más destacado discípulo.

En su Cirugía del aparato circulatorio (1902), San Martín concluyó que «la anastomosis arteriovenosa es una verdadera autotransfusión sanguínea o hemoplástica y se propone por ahora prevenir la muerte local inminente... en el porvenir, si el método prospera, habrá de ser aplicada, no tan sólo a los casos de asfixia, sino a los de pobreza hemática de regiones u órganos determinados».

Otro terreno en el que San Martín realizó notables aportaciones originales fue el tratamiento quirúrgico de las neuralgias faciales. Comenzó por efectuar resecciones del trigémino y de los nervios maxilares superior e inferior, e ideó más tarde una técnica de «excisión esfenoidal de dentro afuera en la extirpación del ganglio de Gasser». La presentó primero en una comunicación al XIV Congreso Médico Internacional, celebrado en Madrid en 1903, y la describió luego en detalle en un artículo de 1905.

Durante los últimos meses de su vida estuvo ocupado en fundamentar con investigaciones anatómicas y fisiológicas otro procedimiento original de «neurectomía de la segunda rama del trigémino con orificación del agujero redondo mayor». Solamente llegó a publicar una comunicación preliminar, y los datos anatómicos procedentes de su estudio aparecieron como trabajo póstumo (1909).

Menor relieve tuvieron las demás novedades quirúrgicas debidas a San Martín. Recordar únicamente sus métodos de resección de los maxilares superiores (1890), de amputación osteoplástica de las extremidades inferiores (1899) y de colostomía subespinosa (1903). Propuso también mejoras en la anestesia, ideó modelos de pinzas para facilitar las ligaduras y fue un temprano difusor de la asepsia, así como de la utilización de los rayos X. Dejó inacabado un Curso de Patología quirúrgica (1884), de orientación fisiopatológica, en el que cabe destacar la exposición dedicada al shock traumático.