Michel Simon

(Ginebra, 1895 - Bry-sur-Marne, 1975) Actor francés de origen suizo. En su juventud practicó diversos deportes -fue boxeador- además de trabajar como vendedor ambulante y fotógrafo. Sus habilidad física le permitió entrar en el mundo del espectáculo como bailarín, para en poco tiempo, y a través de la compañía ginebrina Pitoëff llegar a París para consolidar su carrera teatral como actor, no sin antes haber probado en los escenarios del music-hall.

Cercano a los treinta años comenzó su carrera cinematográfica con la interpretación de papeles de diversa entidad en películas como La barraca de los monstruos (1924), de Jacque Catelain -producida por Marcel L'Herbier-, El difunto Matías Pascal (1925), de L'Herbier, o La pasión de Juana de Arco (1928), de Carl Th. Dreyer.

Su trayectoria artística comenzó a consolidarse tras la implantación del cine sonoro. En un primer momento destacó su estrecha colaboración con el director Jean Renoir -ya había contado con el en Tire au Flanc (1928)-, que le rescata para su primer film sonoro y para La golfa (1931), en donde interpreta a un excelente Maurice Legrand, un personaje que vive todo un cúmulo de situaciones que le transforman día a día, circunstancias que con otra dimensión planteó de nuevo en el personaje de Boudu (Boudu salvado de las aguas, 1932), a través del cual diseccionó algunos aspectos de la sociedad.

Destacó también, especialmente, en L'Atalante (1934), de Jean Vigo, una de las obras más interesantes, aunque con un evidente desequilibrio en la historia, que ha dado el cine de vanguardia francés. Marc Allégret (El lago de las damas, 1934; Inquietud en Occidente, 1936), Marcel Carné (Drôle de drama, 1936; El muelle de las brumas, 1938), Julien Duvivier (Fin de jornada, 1939) y André Berthomieu, entre otros, le proporcionaron las oportunidades estelares que dieron origen a una carrera de éxitos.

Michel Simon dio fuerza a un variopinto universo de personajes. En sus interpretaciones remarcó los gestos que daban paso a la contradicción, la reflexión, a la vaguedad enfrentada a la esencia de las cosas. Su universo cultural le permitió abordar sólidamente contrastes culturales, retratando con realismo y vitalidad a los personajes (traficante de objetos robados, inspector, médico, conde, profesor) que asumió en cada película. Demostró siempre una especial predilección por los desheredados.

A lo largo de los años cuarenta trabajó en una desigual La Tosca (1940), coproducción dirigida por Carl Koch. L'Herbier contó también con él para el Jourdain de La comedia de la felicidad (1942) y Alessandro Blasetti para Fabiola (1949). En los años siguientes fue Mefistófeles en La belleza del diablo (1950), de René Clair, Shylock en El mercader de Venecia (1952), de Pierre Billón, trabajó en El cebo (1958), de Ladislado Vajda, y colaboró en las dos últimas películas de Abel Gance, Austerlitz (1960) y Cyrano y D'Artagnan (1963). Todavía resultaron de interés sus peculiares papeles para El tren (1965), de John Frankenheimer, y Blanche (1971), de Walerian Borowczyz.

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