Hjalmar Söderberg

(Estocolmo, 1869 - Copenhague, 1941) Narrador sueco, autor de novelas psicológicas en las que destaca la descripción del Estocolmo finisecular, trasfondo de temas pasionales que reflejan un depurado racionalismo y que fueron motivo de escándalo entre los sectores puritanos. Hijo de un notario, estudió en Upsala y, tras una breve experiencia periodística y un empleo en la aduana por espacio de dos años, se dedicó exclusivamente a la literatura. A partir de 1917 residió en Copenhague.


Hjalmar Söderberg

Su obra se caracteriza por el pesimismo, la fina ironía y la resignación. La imposibilidad del amor y "la incurable soledad del alma" son sus temas principales. Fue un polemista agudo y un observador exacto y sin ilusiones; pero la visión desapasionada y la distancia analítica nunca excluyen en él la comprensión y la simpatía profunda. Su estilo, parco y preciso, está cuidadosamente trabajado; su tono firme y frío (y por ello ajeno al fasto y a la opulencia fantástica y verbal de la literatura neorromántica del último decenio del siglo pasado) reflejó la Estocolmo de los primeros años de la actual centuria, capital idílica y tranquila que se iba transformando en gran ciudad moderna. Las descripciones de Estocolmo son destacables por la recreación de ambientes y la riqueza léxica. Fue considerado el mejor estilista de su época y un maestro del género corto.

De entre sus novelas merece destacarse una obra eminentemente autobiográfica, La juventud de Martín Birck (1901). Su protagonista, Martín Birck, hijo único, vive aislado en la paz tranquila de su casa, y los primeros contactos con el mundo exterior, efectuados en la "vieja calle", le abruman con su brutalidad. En aquel ambiente, apartado de la verdadera vida, crece el niño, y su áspera soledad le acompaña en su infancia y en su juventud, y le aísla del mundo cada vez más. Su soledad se acentúa después, cuando, embebido en las ideas naturalistas de su época, pierde poco a poco sus creencias religiosas y se aleja de su familia. Solo y retraído, vive al margen de la vida, incapaz de procurarse los medios necesarios para casarse con la mujer que ama; y su amor se marchita, pierde sueños y esperanzas. Así pasa y termina la juventud de Martín Birck; poesía, ideas e ilusiones, todo queda encerrado y sellado en una opaca indiferencia, y Martín se convierte en un pobre empleado que, a la luz de la lámpara verde, trabaja apático, resignado y vencido.

En la novela, que tiene páginas de verdadera poesía, como aquellas en que la noche invernal absorbe y encierra a los dos amantes desolados y solos, hechas más expresivas por lo apagado de la narración, hallamos fascinantes descripciones de la ciudad natal del autor. Es este uno de los innumerables puntos de contacto de este libro con la obra de August Strindberg, quien, con su Sala roja y El hijo de una criada parece haber inspirado y guiado la obra. Otras novelas destacables de su producción son Extravíos (1895), El doctor Glas (1905), Corazón inquieto (1909) y Viaje a Roma (1929).

De su faceta como dramaturgo sobresale Gertrudis (1907). Como en La señorita Julia de Strindberg, la acción de la obra surge de una exaltación de los sentidos que termina en una triste soledad del alma. Pero mientras Strindberg intenta dar a su comedia una solución moral, llevando a la protagonista al suicidio, Söderberg no tiene otro fin que el de retratar fielmente uno de tantos aspectos de la vida. Como Julia, Gertrudis, casada con un hombre rico que la rodea de comodidades y cuidados, acaba por ser la amante de un músico, muy inferior a ella en clase y cultura. Pero cuando, después de haber luchado con su marido para obtener la libertad, anuncia a su amante que ha obtenido la separación, éste desaprueba su conducta y le declara que está a punto de casarse con otra mujer. El vacío más absoluto y frío se apodera entonces del alma de Gertrudis, y en esta desesperada desilusión termina la obra, cuyo éxito se debe, sobre todo, a la habilidad técnica del autor, revelada en la densidad del diálogo y en la distribución de las escenas.

Igual sensación de desesperanza produce uno de sus dramas más representativos, La estrella de la tarde (1912). Una joven sirvienta de un pequeño café, después de haber luchado tenazmente contra las solicitaciones de un viejo y adinerado parroquiano, decide al fin sacrificarse para salvar del suicidio a su prometido, joven inventor sin fortuna. Pero el viejo descubre cínicamente el juego y la rechaza, diciendo que no dará nunca su dinero a mujeres que se venden. Por la densidad y la maestría del diálogo, por el profundo sentimiento velado de un amargo cinismo, este pequeño drama es la obra teatral más lograda y que mejor caracteriza el arte y el espíritu del autor. Hjalmar Söderberg escribió también varios volúmenes de ensayos: El fuego de Yahvé (1918), Jesús Barrabás (1928), El Mesías transformado (1932) y El último libro (1942). En 1934-44 apareció una colección completa de sus obras, en diez tornos.

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