Guillermo Sucre

(Guillermo Sucre Figarella; Tumuremo, 1933) Poeta y crítico literario venezolano. Profesor de literatura hispanoamericana en diversas universidades, es autor de ensayos literarios y poemarios y traductor de autores como André Breton, Saint-John Perse, William Carlos Williams y Wallace Stevens. Hija de la lucidez y del rigor, su poesía evita sin embargo los extremos del formalismo al hallarse animada por una inmediata calidad sensual y la búsqueda de una forma entrañable y vital de sabiduría. Sus libros más importantes son Mientras suceden los días (1961), La mirada (1970), En el verano cada palabra respira en el verano (1976), Serpiente breve (1977) La vastedad (1988) y La segunda versión (1994). De su obra ensayística sobresale La máscara, la transparencia (1975), estudio ambicioso y cabal acerca de la aventura de la poesía hispanoamericana del siglo XX que tuvo amplia resonancia internacional y que constituye una referencia imprescindible, prescindiendo de la postura que se adopte frente a sus planteamientos. Borges, el poeta (1967) es otro buen ejemplo de la calidad y complejidad de sus estudios literarios.


Guillermo Sucre en una imagen de 1979

Hombre secreto y discreto, enemigo de las entrevistas e inmune al halago y al denuesto de sus pares, Guillermo Sucre es uno de los más grandes críticos literarios de Hispanoamérica y un poeta riguroso y dotado de algo que escasea entre los poetas de su país y cualquier otro: una ética del lenguaje. Que ello sea así no es fruto del azar. María Fernanda Palacios, también magnífica poetisa y crítica, comenta una de las frases de Entretextos, que Sucre publicó en 1974 como parte de su poemario En el verano cada palabra respira en el verano. En ese comentario vemos descorrerse una esquina del telón que mantiene oculto para muchos la singularidad y el raro temple de este poeta del desencanto y la lucidez, el humor irónico y la asunción de contrarios sin alardes.

La frase de Guillermo Sucre reza: "Para empezar: no moriremos de poesía", y el comentario de Palacios: "Con esta afirmación ya podemos sentir la nota desencantada de su canto. Nos desencanta de tanta gravedad, de tanto patetismo, de tanta impostura. Y nos desencanta no tanto por lo que dice como por el tono (el humor) con que lo dice. Su autenticidad tendrá que ver con esta aguda pero risueña (irónica) conciencia de los límites de la poesía y del lugar que el poeta (des)ocupa, no sólo en el mundo sino también dentro del poema". La poesía de Sucre no ha recibido aún la atención crítica que reclama y merece en Venezuela, pero constituye ya un corpus de obras singular en el contexto más amplio de la poesía en lengua española.

Guillermo Sucre Figarella pertenece a una de esas familias de las que se dice que tienen próceres y prohombres prendidos en las ramas de su árbol genealógico. Llegados a este punto, habría que alinear uno tras otro, y preferiblemente en orden cronológico, los datos, fechas, estaciones, momentos cruciales de la vida familiar, profesional y aun íntima del autor. Pero, como apunta María Fernanda Palacios en otro lugar de su importante ensayo Guillermo Sucre: la palabra, la pasión, el esplendor (1987), "si en algún caso la inclusión de consideraciones biográficas o autoriales estaría completamente fuera de lugar es en una poesía como [la de Sucre], consagrada a borrar el personaje biográfico y a desterrar la figura del autor. [...] La poesía de Guillermo Sucre no está hecha de contingencias anecdóticas sino con los ritmos más subterráneos del vivir; no refleja su vida tanto como la refracta". Por otra parte, Sucre es un hombre que nunca habla de sí mismo o de su familia o de sus afectos en público; más bien tiende a resguardar celosamente su intimidad.

Nacido en Tumeremo (no lejos de El Dorado, en el estado Bolívar), pasó su infancia en Ciudad Bolívar y cursó el bachillerato en Caracas. Siendo todavía un joven estudiante se opuso a la dictadura perezjimenista, y hubo de exiliarse a Santiago de Chile, donde estudió la carrera de filosofía y letras, que concluiría en la Universidad Central de Venezuela. Perteneció al grupo Sardio, cuya revista fundó y dirigió, y estuvo casado con Julieta Fombona, gran traductora y ensayista venezolana, con la que tuvo tres hijos. Profesor de la Universidad de Stanford, se dedicó en Estados Unidos a estudiar a fondo la poesía hispanoamericana y a escribir La máscara, la transparencia.

Desde su regreso a Venezuela a mediados de la década de 1970, impartió clases de literatura en las universidades Simón Bolívar y Central de Venezuela y formó parte del círculo de amigos de Octavio Paz, quien le abrió las puertas de su revista, Vuelta, y publicó uno de sus libros de poesía, La vastedad. En 1970 había recibido la beca Guggenheim, y en 1998 fue profesor titular de la Cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Agudo lector y exégeta de Albert Camus, de su vida personal ha trascendido que padece de insomnio.

Como ensayista, la obra de Sucre cumple una valiosa función de salubridad intelectual. Ha independizado el estudio de la poesía en el ámbito hispanoamericano de la doble tara que lastraba este género: el fetichismo de la historia, con su rimero de generaciones poéticas y pulcros pero falsos ordenamientos cronológicos, y la manía del telurismo, que convierte las obras poéticas en poco menos que encarnaciones del espíritu de las naciones. No hay poesía argentina ni mexicana ni nicaragüense ni venezolana, dice Sucre; lo que hay es un conjunto de obras que, más allá de determinaciones locales y pintorescas, reinterpretan, modifican y subvierten tradiciones poéticas, y, al hacerlo, dan forma a ese universo complejo y diverso conocido como "poesía hispanoamericana".

A su gran ensayo sobre la lírica hispanoamericana hay que sumar un libro anterior, también seminal y no superado hasta la fecha: Borges, el poeta (1967). En suma, Sucre se inscribe en la mejor tradición del ensayo literario en lengua española del siglo XX, en la línea de autores como Alfonso Reyes y Mariano Picón Salas. El poeta mexicano Octavio Paz afirmó a propósito de esta faceta de Sucre: "Sus ensayos, artículos y antologías son modelos en su género y han sido y siguen siendo contribuciones fundamentales en el dominio de la crítica literaria contemporánea en nuestra lengua. En esos textos y estudios encuentro una rara alianza entre la penetración intelectual y la erudición, la sensibilidad y la elegancia del estilo. Sucre es, sin duda, uno de nuestros mejores ensayistas".

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